La Iluminación y la Sabiduría, parte 1 – por Fran Soto | Gran Hermandad Blanca

Quien esté preparado para iniciar el camino será llamado a ello. Dicha elección es verdaderamente íntima, esto es, meditada intelectualmente, pero decidida por nuestra faceta más profunda.

Ante todo hay que recalcar que iniciar este camino ascendente es un potencial inherente a todo ser humano por el mero hecho de serlo. Sin embargo, será la madurez de dicha persona la que más influirá para que finalmente así lo haga. Al mismo tiempo es importante destacar que efectivamente, es un camino para los elegidos, pero la cualidad de elegible (en la Biblia esta cualidad se refleja con el nombre de “Pueblo de Israel”) está íntimamente ligada a la madurez espiritual, es decir, al progreso íntimo que una persona en concreto lleva acumulado.

De esta forma, el desarrollo espiritual del candidato le ha dotado ya de unas actitudes y aptitudes idóneas para seguir el camino. La primera actitud es un acto de Fe: creencia en el Señor. No es necesario que dicha concepción de la deidad se corresponda con ninguna religión establecida, ni con ninguna idea preconcebida antropomórfica o no, basta con el reconocimiento íntimo de Su omnipotencia.

ExpansiónSomos más que el mero cuerpo físico

Con la mirada puesta en el Señor, el candidato se prepara para iniciar una nueva etapa de su vida, la más apasionante, misteriosa y entrañable. Y también una de las más duras, ya que el trabajo interior es el trabajo más serio que puede realizarse.

Pero, ¿candidato a qué? ¿camino hacia dónde? Candidato a la revelación de los misterios ocultos para él hasta ahora, y camino hacia la iluminación primero y hacia la eternidad siempre.

Los Antiguos Misterios aparecen en la literatura teosófica, ocultista y religiosa. Son famosos los misterios egipcios, los misterios gnósticos cristianos, muchos misterios de pueblos nativos, el misterio masónico… En realidad ese conjunto de misterios son el mismo misterio, revelado a diversos pueblos o personajes de la historia y adaptado a las numerosas culturas del planeta. La presencia de estos misterios es muy anterior al imperio egipcio y por responder a la ley divina, son inalterables.

¿De qué tratan estos misterios?

Sólo el iniciado en ellos podrá saberlo puesto que la percepción necesaria para conocerlos está necesariamente atada a la capacidad del aspirante. No obstante, hoy en día puede reconocerse que dichos misterios versan sobre todo en una asunción más profunda de la naturaleza humana, donde los límites establecidos hasta ahora desaparecen para proporcionar una visión más amplia del cosmos.

Por tanto, el misterio se revela gracias al conocimiento, una de cuyas ramas es la sabiduría. La sabiduría es ese potencial que todos tenemos de percibir, asimilar, procesar lógicamente y además establecer un esquema mental de relaciones en torno a un asunto determinado. Es una virtud teologal y una faceta divina. Con la sabiduría obtenemos iluminación. La iluminación es un estado en el que la sabiduría preside las acciones y por tanto éstas se ajustan a la mayor perfección.

La sabiduría nos lleva hacia la Luz. La Luz (o iluminación) es un estado de la persona en el que, reconociendo su unidad con su creador, el Señor, se erige como un humano completo, original y perfecto.

Es importante considerar un punto del ritual masónico de iniciación en el que el Venerable Maestro, representando a nuestro Señor Creador, determina que al candidato a la iniciación “se le restituya la Luz”. Es importante observar que no dice “que se le incluya en la luz” o que se le permita entrar en ella, sino “que se le restituya”. ¿A qué se debe dicha concreción? A que la Luz es un derecho innato del ser humano, entendido como legítima aspiración, y en algún momento dejó de “tenerla” y por eso debe ser restituida.

La historia del planeta es muy anterior a todo lo conocido documentalmente y se remonta a millones de años antes de Jesucristo. En algún momento antiguo los habitantes de este planeta sí eran conscientes de ese conocimiento ahora oculto y por algún motivo dejaron de serlo. Es el episodio bíblico del Diluvio, cuyo significado oculto trasciende la mera explicación tradicional.

MatrixNuestro cuerpo holográfico

¿Y qué es la Luz?

En materia de iluminación la Luz es lo contrario de la oscuridad, es la sabiduría pura, la inteligencia infinita. Estrictamente, la Luz es nuestro Señor Omnisciente.

En concreto, el aspirante a la iluminación cuando esté preparado recibirá su iniciación. Eso implicará su despertar a nuevos conocimientos, nuevas percepciones, nuevos sentimientos. Pero ante todo, crecerá su devoción. Lo que había entendido hasta el momento como “magia” cobrará una nueva realidad. Lo que había interiorizado como valores, será el eje donde girará una gran parte de su trabajo.

Porque para iniciarse en los misterios no vale con el simple deseo de hacerlo sino que deben seguirse estrictamente un conjunto de actitudes espirituales sobre las cuales el aspirante erigirá su propio templo metafórico consagrado al Señor.

Estas actitudes se reflejan bastante fielmente en las antiguas escrituras, en los evangelios cristianos y en la doctrina masónica. Se fundamentan básicamente en la realización del bien por el propio bien, en el amor universal indiscriminado, y ante todo en el amor a Dios.

El bien por el propio bien implica que cada cosa buena que hagamos no debe estar condicionada bajo ningún concepto. El amor universal indiscriminado se basa en considerar al prójimo como a ti mismo, sin odio, ni rencor, ni mentiras, con la máxima comprensión posible, perdonando siempre y tratando como nos gustaría que nos tratasen. Ello siempre sin menoscabo de nuestra dignidad personal, puesto que de producirse dicho menoscabo tampoco se estaría cumpliendo correctamente (la auto humillación sólo es admisible ante el Señor y detestable en cualquier otro caso). De la misma manera, una persona que busca la iniciación ya tiene una conciencia social con la que reconoce que es importante una correcta distribución de los recursos y por tanto, sabe dar a quien necesita cuando estima oportuno y de la manera más altruista, siempre sin perjuicio suyo o de su familia. Y delante de todo ello, el mandamiento fundamental: amarás a Dios sobre todas las cosas. No es necesario detallar esta convicción que es fundamento de todo.

¿Cómo avanzará el aspirante a los misterios por el sinuoso camino que se le presenta?

Gracias a la Sagrada Presencia. En un momento determinado el aspirante “siente” a la Sagrada Presencia. Es la presencia del Señor en todo. Al principio la sentirá especialmente siguiendo sus mejores impulsos, respondiendo a lo que de su corazón sale, y encauzando sus mejores anhelos. El aspirante y el iniciado viven para servir al Señor. Siguen Su camino de Luz, sabiduría y autoconocimiento, y saben que Él les sostiene. A medida que progresen irán desvelando (literalmente) nuevos conocimientos y nuevas concepciones del mundo que les rodea y de ellos mismos.

AUTOR: Fran Soto, redactor en la gran familia de hermandablanca.org

 

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