La comorbilidad de la depresión

La comorbilidad de la depresión nos dice cuál es la probabilidad de que este trastorno aparezca junto a otras condiciones físicas y psicológicas. Un ejemplo: según nos señalan los expertos entre el 60 y el 70% de las personas que padecen una depresión también sufren ansiedad. Asimismo, en esta condición suele cursar también desde hipertensión, diabetes, problemas cardiovasculares, etc.

Cuando nos referimos al término comorbilidad hacemos referencia a que una persona sufre dos o más enfermedades o trastornos psicológicos. Por llamativo que nos parezca es un hecho común, especialmente cuando hablamos de una depresión mayor.

Para muchos médicos, psicólogos y psiquiatras, es sin duda todo un desafío y en ocasiones un problema de mayor calado que la propia depresión. Sabemos, por ejemplo, que determinadas enfermedades pueden aumentar el riesgo del desarrollo de un trastorno del ánimo. Así, pacientes con cáncer, con fibromialgia o dolor crónico son más susceptibles a la hora de derivar en este tipo de situaciones.

También las personas que han padecido un accidente cerebrovascular, por ejemplo, que padecen diabetes, enfermedad de Crohn o tuberculosis son más propensas a padecer un problema psicológico en algún momento. El trastorno depresivo y más específicamente, la depresión mayor configura una realidad recurrente a tener en cuenta.

“De nuestras vulnerabilidades vienen nuestras fortalezas”.

-Sigmund Freud-

dos hojas rojas simbolizando la comorbilidad de la depresión

La comorbilidad de la depresión, una realidad muy común

En primer lugar, vale la pena recordar que la depresión tiene un impacto muy adverso en la vida de la persona. Reduce su motivación, sus iniciativas, cambia la neuroquímica cerebral, la vuelve más lenta, hace que se alimente peor, que se sienta agotada e incluso que su sistema inmunitario empiece a debilitarse.

Todo ello la hará más vulnerable a otras enfermedades. Es más, diferentes estudios -como el llevado a cabo en la Universidad Nacional de Chonnam (Corea)- nos señalan que hay una serie de variables que aumentan esa comorbilidad en la depresión.

Son los siguientes:

  • Padecer un trastorno físico: cáncer, enfermedades coronarias y cerebrovasculares, digestivas, dermatológicas, alguna discapacidad…
  • Toda enfermedad crónica como la diabetes, la artritis, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad de Crohn, epilepsia, fibromialgia e incluso la apnea del sueño, elevan el riesgo de sufrir depresión.
  • Haber sufrido un trauma en el pasado o un suceso vital muy estresante.
Hombre preocupado mirando hacia abajo que sufre comorbilidad de la depresión

Asimismo, en un estudio de la OMS (Organización Mundial de la Salud) llevado a cabo por José Manoel Bertolote y Lorenzo Tarsitani nos señalan que entre los 500 millones de trastornos mentales diagnosticados en la actualidad, en buena parte de ellos está presente la depresión.

Ahora bien, cuando estos pacientes van a atención primaria, no siempre reciben un diagnóstico acertado. Es más se estima que solo entre el 25 y el 50%  le es identificado este trastorno depresivo. Dicho error, el no apreciar esa realidad psicológica, puede tener graves consecuencias para la persona.

Si fuéramos capaces de diagnosticar con total precisión a de cada paciente, podríamos ofrecerle estrategias adecuadas para mejorar al máximo su calidad de vida y prevenir a su vez, otros problemas. Atender, por ejemplo, a un paciente que padece fibromialgia o enfermedad de Crohn, pero ignorar la depresión, hará que su día a día sea mucho peor, por muy buena que sea la intervención directa sobre la propia enfermedad.

Comorbilidad de la depresión con la ansiedad

A la hora de hablar de la comobilidad de la depresión, expertos como David Barlow, director del Centro para la Ansiedad y Trastornos Relacionados en la Universidad de Boston, nos señala lo siguiente. La ansiedad y la depresión no son solo dos trastornos que suelen coexistir en casi el 70% de los casos. Se estima que en realidad, son dos caras de un mismo desorden psicológico.

Más allá de lo que nos pueda parecer, estamos ante un problema de salud pública muy serio. Hay que tener en cuenta que esta comorbilidad supone un lastre para la recuperación, además de hacer que el rendimiento laboral del paciente se resienta y que la calidad de sus relaciones se vea también perjudicada.

  • No solo hay un riesgo elevado de que surjan otras enfermedades debido al deterioro de la calidad de vida. Además, aumenta de manera sustancial el riesgo de suicidio.
  • Asimismo, algo que nos señalan los expertos es que hay personas con mayor vulnerabilidad biológica hacia este tipo de realidades. Es más, ha podido verse también que existe un componente genético.
  • Esto hace, por ejemplo, que se reaccione de manera más intensa ante los estresores del día a día, que su estilo de pensamiento sea más ansioso, su enfoque caracterizado por la indefensión y que poco a poco, construyan la cárcel psicológica de una depresión.
Mujer triste en la cama que sufre comorbilidad de la depresión

Mecanismos de prevención y actuación

¿Qué necesitamos por tanto en estos casos? ¿De qué manera podemos prevenir y tratar mejor la comorbilidad en la depresión? La OMS señala que deberíamos trabajar en los siguientes aspectos:

  • Mejorar los mecanismos de evaluación y tratamiento de las personas con comorbilidad depresiva.
  • Formar a los profesionales de atención primaria para que dispongan de mejores mecanismos para detectar los trastornos depresivos en los pacientes (como ya sabemos, es muy común que tras un trastorno físico existan también trastornos psicológicos).
  • Añadir la figura de los psicólogos en los centros de atención primaria.
  • Tomar conciencia de que toda persona con una enfermedad crónica corre el riesgo de padecer una depresión.
  • Educar a la población sobre qué es y cómo aparece la comorbilidad de la depresión. 

Para concluir cabe incidir además en la necesidad de recibir siempre diagnósticos correctos, de contar con tratamiento adecuados y un plan de prevención de recaídas. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, cuenta con una tasa de éxito muy elevada. Asimismo, y para prevenir la nueva aparición de la depresión y la ansiedad, se ha podido ver que el mindfulness puede ser una gran ayuda.

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