La comida, un escape emocional durante el confinamiento

Las emociones no solo se sienten, también se comen. En un contexto tan inusual como el que estamos viviendo, la alimentación es una de las áreas que más pueden verse afectadas, hasta el punto de servir en muchos casos como un auténtico escape emocional. El confinamiento está actuando como un detonante de la ansiedad y esto altera de diversas maneras nuestros patrones alimenticios.

Comer es algo más que saciarnos. Es mucho más incluso que pensar en obtener nutrientes y dar energía a nuestro organismo. De hecho, cuando hacemos la lista de la compra o cocinamos, no siempre tenemos en mente dar a nuestro cuerpo aquellas vitaminas, proteínas y minerales que necesitamos. Lo que buscamos es disfrutar de un buen plato, obtener placer y dar algo sabroso a los nuestros.

La comida es un disfrute y en esos instantes en que la ansiedad y el estrés domina nuestra vida actúa como una auténtica válvula de escape. Es una realidad evidente.

Habrá quien durante el confinamiento no pierda de vista la necesidad de mantener una dieta saludable y equilibrada. Sin embargo, no podemos dejar de lado a quienes ya sufrían con anterioridad algún trastorno de la alimentación.

Por otro lado, es un hecho que durante estas semanas de encierro se ha elevado el consumo de esos alimentos menos saludables que por contra tienen un gran poder para canalizar nuestras emociones. Los clásicos productos de «picoteo», los refrescos y el alcohol son esos indispensables que muchos buscan cuando acuden al supermercado.

Ahora bien, también está dándose otro fenómeno curioso: el de la compra masiva de levadura. Lo analizamos a continuación.

Bols de picoteo como escape emocional

Los alimentos como escape emocional: y tú, ¿qué incluyes en tu lista de la compra?

Algo que sabemos desde el ámbito de la psicología emocional y la nutrición es que cuando las personas sufrimos estrés o ansiedad nuestros hábitos alimenticios varían.

Por tanto, en un escenario como el actual todos, de algún modo, habremos hecho algún que otro cambio en nuestra dieta, tanto para mejorarla como para empeorarla. Conozcamos qué tipos de comportamientos son los que se están viendo en las últimas semanas.

Me concedo licencias en mi alimentación para no pensar en lo que está ocurriendo

Comer para no pensar. Seleccionar determinados alimentos que me generan bienestar para silenciar determinadas emociones. Este tipo de esquemas comportamentales son los que determinan ahora mismo lo que incluímos en la cesta de la compra.

Pasamos todo nuestro tiempo en casa y un modo de hacer más llevaderas las horas es mediante el dulce, el salado, el vino, la cerveza, los carbohidratos…

La mente llega a un extraño acuerdo con nuestras emociones: come, disfruta y no te preocupes. No obstante, cuando la comida actúa como escape emocional hay un problema.

Por término medio esos alimentos que nos ofrecen serotonina y dopamina tienen un efecto muy corto en nuestro cerebro. Hay una subida y una bajada. No son saciantes sino adictivos, con lo cual, nos vemos abocados a comer con mayor frecuencia productos poco nutritivos y nada saludables.

Estresores únicos, efecto contagio y conductas alimentarias desordenadas

La actual pandemia está orquestando un tipo de estresores únicos en las personas. Ante nosotros se abre un corolario de situaciones imprevistas cargadas de angustia y de inusitada presión.

Es además, un hecho que todos estamos viviendo por igual, una misma situación en la que están dándose comportamientos semejantes. El efecto contagio es casi inevitable en un mundo hiperconectado a través de la tecnología.

Si al inicio de la crisis vimos la compra compulsiva de papel higiénico, en las últimas semanas ha aumentado el consumo de vino, de snacks y toda esa gama de productos de picoteo que acompañan nuestras horas de teletrabajo o de visionado de series.

Las viejas recetas de la familia, otro escape emocional

Las emociones también se comen, lo sabemos, en especial cuando sufrimos ansiedad. Ahora bien, cabe señalar otro comportamiento interesante.

En vista del tiempo libre del que disponemos, muchas personas han decidido pasar más tiempo en la cocina. En este caso, lo que se busca también es hacer esas recetas que nuestra madre, padre o abuelos nos hacían de niños.

Es un modo de rescatar emociones y recuerdos, una forma de hacer más llevadero el tiempo a través de una actividad relajante como es cocinar.

Persona haciendo magdalenas

Hacer pan (o cualquier otro producto) y subir la foto a las redes sociales

El confinamiento también está dando forma a otra conducta interesante: la hiperactividad. Hay gente que hace deporte de las formas más curiosas e inusitadas, quien realiza manualidades, estudia y por supuesto, quien cocina para más tarde subir el producto final a sus redes sociales y obtener un like. Más allá de lo que podamos pensar, todo ello también es un escape emocional.

En los últimos días otro de los productos más demandados en los supermercados es la levadura. Hay un interés repentino por hacer pan, postres y demás florituras en el mundo de la repostería.

Se obtiene un claro placer en la elaboración de estas recetas. En primer lugar, porque resulta relajante y también motivador.Trabajar con las manos siempre es catártico para el cerebro.

En segundo lugar, porque podemos subir más tarde esa receta a Instagram y obtener un «me gusta».  Obtenemos refuerzos y recompensas por todos los lados: personales, por parte de quienes tenemos en casa y también de quienes están lejos.

Para concluir, comprar comida, consumirla e incluso hacerla nosotros mismos, actúa como un gran escape emocional durante estos días. Evitemos ante todo, no caer en comportamientos nocivos para nuestra salud, como es el consumo excesivo de productos como el alcohol y por supuesto, aquellos que solo suponen una carga calórica y no nutritiva. Cuidémonos ahora más que nunca.

Valeria Sabater

Valeria Sabater

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Certificado de coaching en bienestar y salud (2019) y Técnico especialista en Psiquiatría  (UEMC). Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

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