La agresión genera nuevas neuronas en el cerebro

Células madre (en color verde) en la región granular de la circunvolución dentada del hipocampo (el núcleo de la neurona dentada es rojo). La foto ha recibido un premio en BioArt y se presenta en Scott Gilbert

Células madre (en color verde) en la región granular de la circunvolución dentada del hipocampo (el núcleo de la neurona dentada es rojo). La foto ha recibido un premio en BioArt y se presenta en Scott Gilbert “Developmental Biology”. Imagen cortesía de Grigori Enikolopov, uno de los autores de esta investigación. (MIPT)
Investigadores rusos han descubierto que la agresión genera nuevas neuronas en el cerebro, que a su vez aumentan los comportamientos agresivos. Lo han comprobado en un experimento con ratones macho cuyos resultados se publican en la revista Frontiers in Neuroscience .

Los científicos estudiaron los cambios que ocurrieron en los cerebros de los ratones que demostraron un comportamiento agresivo, atacando a otros ratones y ganando las peleas.

Después de una victoria, estos ratones se volvieron aún más agresivos y aparecieron nuevas neuronas en su hipocampo, una de las estructuras clave del cerebro para todo lo relacionado con la formación de nuevos recuerdos. Además, en los ratones a los que se les permitió continuar luchando, se observaron ciertos cambios en la actividad de sus neuronas reflejados en pautas de comportamiento.

En esta investigación, los científicos examinaron el hipocampo y la amígdala. A menudo se dice que la amígdala está asociada con las emociones y el hipocampo con la memoria, y esto es generalmente cierto, pero debe aclararse que a pesar de esto, la memoria no está localizada en el hipocampo, y que para experimentar emociones, incluso los ratones necesitan más que sólo la amígdala, aclaran los investigadores en un comunicado.

Los científicos esperan que la nueva información sobre las bases neurobiológicas de la agresión no solo ayude a comprender este importante fenómeno, sino que también fomente la investigación en otras áreas, e incluso ayude a encontrar las causas del autismo y de otros trastornos similares en los seres humanos.

Un experimento calculado

La investigación consistió en someter a distintos experimentos a diferentes grupos de ratones, todos ellos machos. En un primer momento, podían verse, oírse y olerse, pero sin contacto físico. En algún momento del día, se les reunía en el mismo espacio físico, y entonces las peleas entre ellos se iniciaban en poco tiempo. A continuación el macho ganador se separaba de su rival para evitar agresiones sorpresa.

En una segunda fase del experimento, los diferentes colectivos de ratones se entremezclaban. Intencionadamente, los científicos pusieron a los ratones derrotados en anteriores peleas junto a ratones que habían ganado. Después de tres días seguidos, a uno de los grupos se les permitió que continuaran peleando y a otro grupo se le impidió.

Los científicos también realizaron una serie de pruebas para demostrar el efecto de la agresión no en el cerebro, sino en el comportamiento. Así descubrieron que cuando se sentían inseguros, porque el espacio era oscuro y cerrado, evitaban riesgos. Sin embargo, cuanto más seguros se sentían los ratones, en un entorno iluminado, el nivel de agresión potencial aumenta: tienden a atacar a su vecino si surge la oportunidad.

Todas las pruebas mostraron que los machos con experiencia ganadora en varias peleas muestran una actitud más “descarada”: se acercan a su potencial rival con mayor frecuencia e inician un ataque contra sus oponentes más rápidamente. Y es más. Si se impide a los ratones luchar durante un tiempo antes del experimento, se vuelven aún más agresivos: se reduce el triple el tiempo para iniciar el ataque y luego la pelea dura más tiempo.

Otra constatación de esta investigación es que, al mismo tiempo que aumenta la agresividad, crece también el nivel de ansiedad: después de atacar a otro ratón, el macho ganador se refugia en zonas protegidas y evita los espacios abiertos.

Progresos científicos

El estudio de la agresión en el contexto de la función del cerebro a nivel de las células individuales fue posible gracias al progreso logrado en neurociencia en las últimas décadas.

Después de esta investigación, puede considerarse probado que nuestro comportamiento, y el comportamiento de los animales, influye en la función del cerebro y puede causar cambios a largo plazo.

También que, contrariamente a lo aceptado hasta ahora, se pueden generar nuevas neuronas en un cerebro maduro y que este proceso desempeña un papel clave en el aprendizaje. Y por último, que para iniciar cambios a largo plazo a nivel celular, las células necesitan activar ciertos genes y suprimir la actividad de otros.

Esta investigación de los científicos rusos, que data de 2015, ha tenido desarrollos posteriores con otros trabajos relacionados con el estudio del cerebro y su vinculación con los comportamientos agresivos.

Investigadores suecos establecieron el año pasado que la agresión está relacionada con un núcleo específico de neuronas del cerebro de ratones machos situadas en otra región del sistema límbico, el hipotálamo, y que se pueden manipular para reducir la agresividad.

Mucho antes, en 2007, otras investigaciones norteamericanas establecieron las bases neurológicas de la agresión humana, tal como informamos en otro artículo, si bien no pudieron explicar cómo se forman las anomalías cerebrales relacionadas con comportamientos agresivos, algo que los científicos rusos han contribuido a clarificar con su nueva investigación.

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