ILUSIONISMO AL CUBO: PUIGDEMONT DECLARA LA INDEPENDENCIA Y SIMULTÁNEMENTE LA SUSPENDE

Esto ya no es un circo: es una tomadura de pelo en toda regla. El President de la Generalitat ha comparecido con un -revelador- retraso ante el Parlament para escenificar una ceremonia de la confusión de la que ni el más inspirado Arrabal hubiera podido escribir un guión tan cercano al estado mental de un Puigdemont al que solo le ha faltado ponerse a cantar lo de “No estamos locos, que sabemos lo que queremos…” en plan Antonio Carmona (y lo primero lo ha declarado explícitamente en plan “excusatio non petita”). 

Ciertamente, sabe lo que quiere: ni independencia ni someterse, sino forzar al estado a conceder un estatus aún más ventajoso del que la Comunidad catalana ya disfruta, en el que las consecuencias negativas de la secesión (expulsión de la UE, esa fuga de empresas que Mas juraba y perjuraba que nunca se iba a producir, …) sean conjuradas y el chantaje mor(t)al contra el orden jurídico, amenaza de guerra civil incluída, acabe por conducir a un régimen fiscal a medida, presencia en las instituciones internacionales por medio de la ex-metrópoli rendida y toda una secuela de inéditas concesiones que acaben no por consolidar la autonomía de la nación catalana, sino una irreversible renuncia a la soberanía de la nación española. El impresentable Puigdemont no está jugando la baza de la secesión, sino la de la consolidación de un parasitismo inédito en Occidente. El juego ahora es “El que se apresure, pierde”. Y con un galápago como Rajoy enfrente esto amenaza con eternizarse.

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Carles Puigdemont ha cruzado la línea roja. El presidente de la Generalitat ha declarado de forma unilateral la independencia de Cataluña: “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república; eso es lo que hacemos hoy con toda solemnidad”.

Acto seguido, Puigdemont ha pedido que el Parlament suspenda dicha “declaración de independencia para emprender un diálogo para llegar a una solución acordada”.

Antes de anunciar su declaración de independencia en diferido, Puigdemont ha aludido a los más de 2,2 millones de catalanes que, según el Govern, votaron en el referéndum ilegal del primero de octubre, asegurando que “lo que voy a exponer no es una decisión personal, sino el resultado del 1-O”.

El presidente de la Generalitat ha aludido a los recursos y modificaciones en el Estatut como las causas que han llevado a “millones de ciudadanos” a decidir que “la única forma de mantener el autogobierno es que Cataluña se constituya en un Estado. Las últimas elecciones al Parlament (en las que los partidos independentistas obtuvieron menos del 50 % de los votos, nota del “blogger”) son prueba de ello”.

El adjetivo “esperpéntico” se queda corto para describir la situación que crea esta surrealista declaración del “sí, pero no”. Lo ha descrito perfectamente un portavoz de la montaraz -pero coherente- CUP al sentenciar “Estamos haciendo el ridículo”.

(Fuente: Scott.net)

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