Fisting: ¿Hasta qué punto se dilatan la vagina y el ano?

Quien haya entrado alguna vez en una tienda erótica quizás se habrá sorprendido viendo dildos que simulan penes excesivamente grandes o incluso algunos que simulan ser una mano o un puño cerrado. Quizá también habrá tenido que escuchar eso de: «¿Y esto para dónde es?».

Seguramente, quien esté acostumbrado a navegar entre diversos vídeos porno tenga muy claro que se trata de juguetes pensados para fisting, una práctica sexual que se basa en meter una mano entera en la vagina o ano de la pareja, o incluso a veces objetos de gran tamaño.

El fisting «surge como una variante del sadomasoquismo», aunque su fama procede, sobre todo, de las películas porno. Aunque está claro que no es una práctica para todos los gustos, cautivó a «personas que buscan un sexo más fuerte, tanto en relaciones de hombres que tienen sexo con hombres, como relaciones heterosexuales», explica el sexblogger Ubal Araque.

En su opinión, «solemos asociar el tamaño con dolor» sin tener en cuenta la importancia de la dilatación y, sobre todo, de una buena preparación y lubricación. Porque no siempre depende de lo que se introduce, sino de cómo se encuentra de preparado el «agujero» por el que entra.

«Es muy frecuente encontrar personas que sientan miedo al pensar en esta práctica sexual, pero, más que ser un tabú, creo que el problema es que hay mucha desinformación, porque en realidad se ha vuelto una práctica muy común».

La vagina: cuanta mayor excitación, mayor dilatación

El fisting varía mucho si se trata de una práctica de penetración anal o de una penetración vaginal. Incluso de si se realiza con una pareja o consigo mismo.

Quizás el fisting vaginal se ha visibilizado más precisamente por la mayor elasticidad de la vagina. La sexóloga Emma Placer expone que todo el mundo tiende a pensar que la vagina es muy elástica, puesto que al fin y al cabo está diseñada para que pueda salir por allí un bebé, «pero la gran diferencia es que esa dilatación es provocada por un cóctel hormonal natural que favorece la elasticidad vaginal».

Según un estudio realizado por el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Arnau de Vilanova de Valencia entre más de 2.500 mujeres, «la longitud vaginal media fue de 10,04 cm», variando entre los 5 y 16 cm, según edad, virginidad, haber pasado por un parto, menopausia, etc. Es decir, por debajo de la media de longitud del pene de los españoles, que está en torno a los 13,5 cm.

Entonces ¿cómo es que cabe un pene más grande? Como recuerdan en ese estudio, la vagina tiene sus particularidades. Se trata de «una víscera hueca plegable; las paredes anterior y posterior están en contacto entre sí y, en reposo, están unidas». La cuestión es que, aunque se puede hacer una media estadística, «las dimensiones varían de una mujer a otra, y en el curso de la vida sexual.

Pero, por su elasticidad, aun con desproporción respecto al tamaño del pene, hay adaptación vaginal. Con la excitación sexual hay alargamiento y ensanchamiento de los dos tercios superiores».

Es por ello que «la vagina se ajusta al tamaño del pene que la penetra», matizando que «con vagina grande y pene pequeño hay acomodación, pero con vagina pequeña y pene grande hay dolor». Pero ¿se puede adaptar también al tamaño de un puño?

Las estadísticas marcan que «la vagina no estimulada mide 2 cm de media en el plano transcervical (por delante del cérvix en un útero en anteversión), y con la tensión sexual llega a 5,75-6,25 cm». Asimismo, los expertos de este estudio insistían en que «la vagina es más dilatable a mayor dilatación previa».

Fisting sí, pero con preparación

Emma Placer recuerda que se trata de calentar bien el horno antes de meter el bollo y a ser posible, a una alta temperatura.

Es decir, que pese a lo que se ve en las películas, no se trata de introducir el puño sin más: «Como en el cine tradicional siempre hay trucos, las imágenes se cortan y manipulan; nunca nos enseñan la preparación».

¿Y cuál es esa preparación? Además de juegos de excitación previa, una lubricación extra se hace esencial. Y no vale un lubricante cualquiera. «Existen marcas que directamente le ponen el nombre fisting. Son lubricantes con base de silicona, mucho más duraderos que los de base agua clásicos recomendados para todo tipo de prácticas».

Estos lubricantes específicos «incluyen en algunos casos relajantes como benzocaína o lidocaína, aunque son más recomendables otras sustancias menos agresivas que favorecen la dilatación. Además, algunas marcas también incluyen en sus compuestos aloe vera y similares para ayudar a la regeneración de los tejido», aporta la sexóloga.

Hace falta, también, tener en cuenta otros detalles como usar guantes de látex, igual que cuando se pone un preservativo, o de otros materiales si se tiene algún tipo de alergia. En cuanto a la técnica, lo ideal es «introducir primero los dedos con movimientos siempre circulares e ir aumentado el número de dedos muy poco a poco. La paciencia y el tiempo son imprescindibles para esta práctica», insiste Placer.

Cabe preguntarse hasta qué punto se obtiene placer con esta técnica. «En el caso de hacerlo sola, la asociación placentera está en nuestros límites y la estimulación, en la parte interna del clítoris». Si es con pareja, «está claro que visualmente impacta y a muchas personas les excita comprobar hasta qué punto es elástica la vagina».

¿Y qué pasa con el ano?

Vale, la vagina puede prepararse y puede dilatar hasta cierto punto, pero ¿y el ano? Si hay quien, ante la cantidad de terminaciones nerviosas de la zona, es igual de sensible al placer que al dolor ante una penetración más habitual, ¿qué pasa si lo que penetra es un puño cerrado?

Ubal Araque, que como diseñador de estimuladores prostáticos es experto en esta región anatómica, expone que «la capacidad elástica de la vagina para abrirse es mayor que la del ano, que posee dos esfínteres que ofrecen resistencia a la penetración. Pero recordemos que es un músculo, que también tiene la capacidad de entrenamiento y gran dilatación».

Así pues, la idea de «entrenamiento» es fundamental, por lo que antes de pasar a una práctica extrema, lo ideal es ir practicando e ir aumentado el nivel. Lo mismo que ir subiendo los kilos de nuestras pesas. «Los juguetes varían, hay plugs en formas de cono, o incluso manos, antebrazos y pies».

La preparación del ano tiene puntos en común con la preparación de la vagina, pero Ubal Araque añade que también se debe hacer una preparación mental, y que se debe tratar de una práctica sobre la que la pareja haya dialogado y consensuado. Pese a ello, «si la persona o festee, que es quien recibe la inserción, siente dolor o se da cuenta de que no es placentero hacerlo, lo recomendable es que cambie a otra variante sexual».

Asimismo, el sexblogger señala otros riesgos, como «la congestión de la mucosa, lo cual lleva a microfisuras que aumentan las probabilidades de transmisión de infecciones de transmisión genital». Por eso, si hay penetración posterior es imprescindible el uso del preservativo, además de extremar la higiene tanto del propio puño como del propio ano.

En cuanto a otros puntos a señalar, recuerda que, sobre todo en el caso de hombres que practican sexo con hombres, esta práctica se asocia al consumo de sustancias como el Popper, una serie de compuestos químicos como el nitrito de amilo y otros alquilnitritos que suelen inhalarse con objeto de aumentar el placer sexual.

«Lo más recomendable es siempre mantener el control de tu cuerpo y no perder el conocimiento, ya que de alguna manera u otra estás perdiendo potestad sobre ti mismo», reflexiona Arque.

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