Estados Unidos vive una enorme crisis por adicciones a medicinas que contienen derivados de opio. Los opiáceos son las drogas -legales e ilegales- más letales en el mercado. La sociedad moderna considera que la analgesia es un derecho humano de primera importancia y hace fácilmente accesible estas sustancias. Y aunque eliminar el dolor es algo que difícilmente se puede negar como un derecho, indudablemente la popularidad de estas sustancias obedece también a un importante esfuerzo de marketing farmacéutico, que en ocasiones puede ser irresponsable.

Una investigación del diario The Guardian sugiere que India podría estar viviendo una nueva epidemia de opiáceos. El mercado indio es gigantesco y la pobreza de millones de personas y los precarios servicios de salud hacen a los indios consumidores perfectos. Algunos incluso ven en la  creciente apertura a sustancias como el Tramadol una forma de compasión universal, a la que ahora acceden los pobres. Pero como documenta el diario británico, esta no es toda la historia. Y como ocurre en otros mercados, existe una importante connivencia entre los doctores o los boticarios y las farmacéuticas occidentales que están promoviendo sus fármacos analgésicos en esta inmensa ventana de oportunidad. El precio de quitar el dolor con opiáceos, todos los saben, es que el opio genera fácilmente dependencia y puede llevar a la muerte. Esa famosa muerte indolente.

Según cuenta Vijay Bhatia, farmacéuticas como GlaxoSmithKline o Ranbaxy Laboratories suelen ofrecer dinero o regalos a los doctores para que prescriban sus fármacos, algo que ocurre en numerosos países en todo el mundo. Representantes de ventas se acercan a doctores influyentes y les ofrecen sus productos; luego estos doctores dan conferencias en simposios a los que son invitados, con todo pagado, donde presentan trabajos «científicos» que legitiman las sustancias. De esta manera se abona el terreno para el consumo de analgésicos como el Tramadol.

Las farmacéuticas sostiene que los opiáceos son esenciales para combatir el dolor y ponen en duda los estudios que afirman que son adictivos. Algunos médicos hablan de la opiofobia. Se trata sin duda de un terreno pantanosos en el que existen numerosos intereses creados, pero lo que la historia ha demostrado es que inundar a la población de medicamentos opiáceos suele tener efectos devastadores.

Como suele suceder los pobres son los más afectados y parece que los habitantes de los llamado «slums» o zonas marginales de las ciudades, y particularmente la mujeres, son los más afectados.

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