Extraterrestres de metano en el sistema solar

La única vida que conocemos en el universo –aquella que se desarrolla en la Tierra– está basada en el carbono. Este es el elemento fundamental en torno al cual se construyen y operan todas las estructuras biológicas dentro de nuestro planeta. El carbono presenta una serie de características extraordinarias que le permiten formar variadísimos y sofisticados compuestos químicos muy estables. Unas prestaciones que están fuera del alcance de otros muchos átomos y moléculas que pueblan el universo. Sin embargo, los científicos llevan décadas especulando con la idea de que existan formas de vida alternativas al carbono. Estas bioquímicas hipotéticas plantean, por ejemplo, mundos vivos generados alrededor del silicio o el metano, aunque todavía no hemos detectado ninguna evidencia de su presencia en el sistema solar o fuera del mismo. 

Ahora bien, esta situación podría cambiar a la luz de las palabras pronunciadas por Amanda Hendrix, científica de la NASA y encargada del grupo Roadmaps to Oceans World, dedicado a la exploración de océanos subterráneos en planetas y satélites de nuestro vecindario cósmico. Hendrix ha declarado públicamente que Titán, la luna más grande de Saturno, «puede representar la mejor posibilidad, en nuestro sistema solar, de encontrar vida». Más en concreto, «una extraña vida alienígena basada en el metano». En Titán hay mares, lagos y océanos, pero no de agua, sino de metano y etano. El agua resulta un complemento perfecto para el carbono a la hora de generar vida. Actúa como un buen disolvente de moléculas polares y iones, ladrillos fundamentales para crear biología tal y como la conocemos. Esa es precisamente la razón de que los seres vivos contengamos en nuestra mayor parte ese preciado líquido. El metano, en cambio, es un hidrocarburo que no ofrece las mismas posibilidades que el agua a la hora de favorecer la vida, pero sí otras de menor entidad que, a pesar de todo, resultarían suficientes para obrar el «milagro». En palabras de Amanda Hendrix, «podría haber alguna forma loca de vida basada en metano en la superficie de Titán». 

Este satélite de Saturno alberga grandes mares, lagos y océanos estables, principalmente detectados en los polos y acompañados de actividad meteorológica con nubes y evaporización. La sonda Cassini confirmó en 2012 todos estos extremos y un dinamismo líquido capaz de actuar como laboratorio natural para fabricar ciertas estructuras bioquímicas básicas. «No habrá alienígenas con cabezas verdes nadando por allí –advierte Hendrix–, pero es posible que pueda haber ciertas formas de vida simples en algunos de estos mundos oceánicos». Sin duda, la detección de estas formas simples de vida basadas en un hidrocarburo resultarían un hallazgo absolutamente revolucionario.

Para que la vida tenga lugar en su más mínima expresión requiere de la creación de una membrana que separe el medio interno del externo. Esto es lo que ocurre con las células. En nuestro planeta dicho requisito se soluciona mediante lípidos que utilizan oxígeno y fósforo en su composición. Sin embargo, tales elementos se suponen a día de hoy muy escasos en Titán. Además, las bajas temperaturas que reinan en Titán –en torno a los -180 oC–, ralentizan los procesos de combinación química, por lo que implican una dificultad añadida para la vida. Pero no todas las esperanzas están perdidas. Sobre el papel cabe la opción de los azotosomas, unas estructuras químicas alternativas para conformar dichas membranas celulares. Los azotosomas estarían compuestos de moléculas de acrilonitrilo y, precisamente, estas moléculas han sido detectadas en grandes cantidades en la mencionada luna de  Saturno. Hendrix también ha anunciado que la NASA ha apostado por la Misión Dragonfly, que aterrizará en la superficie de Titán y volará en su atmósfera utilizando un dron dotado de diferentes sensores, el cual «nos dirá mucho sobre la habitabilidad de la superficie de  Titán», ha asegurado la científica. 

CÉLULAS VIVAS DE CARBONO CON SILICIO

El carbono presenta la capacidad de enlazar hasta cuatro átomos a la vez. Esto permite que pueda construir las cadenas moleculares de gran tamaño tan necesarias para fabricar vida compleja. El silicio también ofrece esta capacidad,  ero en la Tierra no se han encontrado células naturales que integren este elemento químico en su constitución. Sin embargo, en 2017, el Instituto Tecnológico de California logró crearlas en laboratorio por primera vez. Una forma de vida única que necesitó tres rondas de mutaciones.

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