En las cosmologías de la India que se derivan de los Vedas, el sonido es la potencia creativa. La forma en la que los devotos o adeptos sintonizan la energía divina del cosmos es fundamentalmente a través del mantra –un morfema que capta la esencia vibratoria de una deidad o de un principio cósmico. Guy Beck escribe en su Sonic Theology:

Se cree que los mantras crean su propio tipo de resonancia en el espacio, en la dimensión del sonido sutil o vibración, llamada Nada. Ya que se considera que todo en la creación es una compleja red de resonancia, el usuario del mantra está consciente del inmenso poder a su disposición. Y la cualidad femenina de la resonancia o sonido es correspondiente a las fibras más profundas del ser de una persona como Shakti.

Shakti es la diosa que encarna la energía como manifestación de la conciencia universal y en el divino juego del cosmos, uno encarna esa Shakti cuando libera energía o  entra en un estado extático. Nada es el sonido sagrado, comúnmente en el tantrismo referido como Nada-Brahman, el sonido del absoluto. El sonido se puede descomponer en dos aspectos bindu y bhija, Shiva y Shakti y Nada es lo que vincula lo masculino con lo femenino y se dice que es la vibración resultante de la cópula sexual de Shiva y Shakti.

Los bhija mantras tradicionalmente son los mantras raíz de una deidad, los mantras que encierran la esencia de una deidad, por así decirlo, y que resuenan con los principios arquetípicos de la creación. El bhija mantra de la deidad del deseo y el erotismo, Kamadeva, es klim ( la i es larga, se dice kliim; se encuentra también como kleem en la Web). Kamadeva es lo más cercano a Eros en el panteón hinduista, el cual  incluso supera en promiscuidad y metamorfosis al panteón griego. En una de los mitos Kamadeva es el hijo de Vishnu y Lakshimi, pero también está relacionado con Shiva, Krishna y Agni, entro otros. Kamadeva suele ser representado montando un perico y –como Cupido– disparando flechas. Klim es uno de los mantras más utilizados popularmente ya que se dice que permite atraer a una persona amada (algo que quizá sea un efecto colateral de incrementar la propia energía).

Más allá de la magia simpática del mantra, en la India se desarrolló una ciencia del mantra, la cual lidia con energía, si bien la fe puede ser útil como una forma de catalizar un efecto placebo. Según la tradición la repetición de ciertos sonidos operaría a nivel de los centros energéticos del cuerpo, además de colocar al adepto en un estado de conciencia sutil. Guy Beck escribe  «la forma en la que el adepto utiliza las fuerzas creativas del lenguajes es a través de la ciencia del mantra, la cual goza de un estatus único en el tantrismo.. un mantra tántrico en la forma de una sílaba es una forma compacta del dios o del poder  que «es» en esencia… La sílaba KLIM denota la energía de la unión sexual».

En cierta forma KLIM es una resonancia del acto creativo cósmico del cual el acto sexual es una versión microcósmica. «El tantra asume que el hombre y el universo corresponden entre sí como micrcosmos y macrocosmos y ambos están sujetos al misterioso poder de la palabra y las letras». 

No se tiene que ser un pandita tántrico para imaginar una buena aplicación para este mantra: repetirlo durante el acto sexual para generar un estado de concentración energética, retener el semen, subir la Shakti-Kundalini a través de los diferentes chakras y compaginarse en el ritmo de la cópula –la respiración y la penetración– con el proceso creativo primordial del cosmos. Om Kliim, kliim, kliim, kliim…

Aquí hay una versión en audio con imágenes del Kama-sutra algo graciosa y un tanto erótica de este mantra con el colofón devocional a Kamadeva 

 

 

 

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