Esta oscura familia tiene mucho más dinero que Bill Gates pero jamás aparece en una lista

Los índices de desigualdad continúan aumentando, algo que hemos podido constatar con el más reciente reporte de Oxfam. Sin embargo, existe además un espectro dentro del panorama de la riqueza mundial que se mantiene en la discreción pero que si lo consideráramos, entonces la desigualdad podría ser aún mucho más obscena. Nos referimos a aquella que se genera y guarda a la sombra, que no queda registrada oficialmente, que es difícil de rastrear y que obviamente no es considerada al momento de hacer lo híper aspiracionales rankings estilo Forbes.  

De acuerdo a esta descripción seguramente estarás pensando en las fortunas de legendarios narcotraficantes o misteriosos jeques árabes. Pero el epítome de este fenómeno es una familia alemana, de lejano origen judío, y cuyos numerosos miembros están distribuidos en los más altos círculos de Europa. Se trata de los Rothschild, familia que protagoniza decenas de teorías conspiracionales y que es considerada como una de las más poderosas del mundo –gracias a jugar un rol activo en el sistema bancario que permanece hasta nuestros días, así como en la industria del armamento y otras. 

La dinastía Rotshchild comenzó, al menos en su etapa “moderna”, de la mano del banquero alemán Mayer Amschel, quien fuera designado por la propia revista Forbes como “el padre de las finanzas internacionales”.

Evidentemente no es posible determinar la cantidad de riqueza que posee esta familia. Esto se debe en buena medida a que durante desde hace un par de siglos ha consolidado una inmensa y elusiva red de empresas, negocios, fondos de inversión y demás, que operan sus numerosos miembros y herederos. Pero si sumáramos las cuentas de toda esta tribu el resultado sería, según estimaciones modestas, la fortuna total podría rondar los 350 mil millones de dólares, aunque hay quien se aventura a calcularla en 2 millones de millones, con lo cual alrededor de 3/4 partes de la riqueza mundial estaría en sus manos.

Pero sin continuar especulando, lo que queda claro es que el escenario económico, la desigualdad, podría fácilmente ser mucho más ofensivo e indignante de lo que reflejan las cifras “oficiales”, incluso aquellas consideradas en reportes críticos como el de Oxfam.  

 

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