Entrevista a Daniel Gabarró

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Cómo comprender que la espiritualidad no distingue entre un gobierno, una empresa, un colegio o un grupo social? Es posible que primero debamos mirar si hemos hecho la tarea, si hemos colocado a la felicidad en el centro de nuestra vida, si hemos despertado. Sólo entonces cabría preguntarse si un cambio de paradigma en la sociedad sería viable. O si nos quedaremos siempre esperando que las cosas se resuelvan desde afuera hacia adentro.

Se llaman sherpas los miembros de algunas tribus de Nepal que viven en los Himalayas y que durante siglos han dedicado su esfuerzo y sus vidas a servir como guías de quien buscara un camino de ascensión a las montañas. A muchos de los que conocen a Daniel Gabarró les gusta llamarle con ese apelativo y a él no le disgusta, al punto de que se presenta a sí mismo como un “sherpa espiritual”, un guía cuya tarea es la de inspirar, acompañar y transformar, ya sea que se trate de una persona, una empresa o una organización social.

 

Mario Martínez: ¿Qué es la espiritualidad para ti?

Daniel Gabarró: Es la capacidad de darme cuenta de que formo parte de una unidad, y aportar a esa unidad, de forma consciente, mi felicidad y todas mis capacidades.

M.M.: ¿Y cómo la has desarrollado?

D.G.: Gracias a unos maestros que me han acompañado a lo largo de mi vida, y también gracias a muchos errores a los que estoy profundamente agradecido, y a un trabajo constante. La felicidad como la espiritualidad es una decisión, y por lo tanto haberla tomado forma parte del proceso.

M.M.: Es decir que la felicidad y la espiritualidad van juntas…

D.G.: Para mi van muy unidas, porque si Dios es amor, y Amor es una de las caras de la felicidad, significa que cuando estoy feliz, es porque SOY, porque me reconozco, porque florezco como lo que estoy llamado a ser, y en tanto que soy feliz puedo compartir mi felicidad.

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M.M.: ¿Qué ocurre con quienes están en un camino espiritual pero no se sienten felices?

D.G.: Las personas que no son felices en este momento y creen que están en un camino espiritual, lo primero que deberían preguntarse es si los errores que están viviendo ahora les están ayudando a ir hacia adelante, y por lo tanto no es algo negativo. Lo digo porque el dolor nos lleva a darnos cuenta de donde están los errores. ¿Estos errores me están ayudando? Y si la respuesta es que sí, pues adelante, es como aprender a multiplicar, me estoy equivocando pero cada vez multiplico mejor.
La segunda pregunta que uno debería hacerse es: ¿esta infelicidad es transitoria, es decir, forma parte de un aprendizaje? Porque hay algunas visiones de la espiritualidad, creo que bastante terroristas y erróneas, que nos dicen que este planeta, esta vida nuestra, es un valle de lágrimas. Y eso no es así, sino que es una oportunidad para descubrirnos.

La tarea de un sherpa

M.M.: ¿En qué consiste tu trabajo de inspirar, acompañar y transformar, tanto a personas como a organizaciones?

D.G.: Inspirar forma parte del trabajo para que la gente se dé cuenta de que la respuesta está siempre dentro y no fuera; acompañar, forma parte de la tarea para que las personas vivan este proceso de descubrirse, descubrir su verdad, su felicidad, como una cosa fácil, en la que no hay que tener miedo sino tener gozo, alegría, y el acompañamiento por alguien siempre ayuda mucho. Transformar significa tener la capacidad de ayudar a las personas a que den la vuelta a su vida como a un calcetín, a decir ¿cuál es el centro de mi vida? El centro de mi vida es la felicidad, el propósito de mi vida es que yo sea feliz, es el propósito de las personas, pero también de la economía, de las parejas, de la educación… ¿Cómo hemos podido olvidar eso? Para darme cuenta de que no es cierto que primero es la obligación y luego la devoción, sino que la devoción, la felicidad es nuestra obligación.

M.M.: ¿Y qué herramientas utilizas en ese trabajo?

D.G.: Básicamente las herramientas que utilizo son la auto-observación, la ternura y  el amor hacia uno mismo, y el darme cuenta de que igual que una bellota lleva dentro de ella un roble, también mi identidad, mi esencia lleva dentro de mí la persona completa que voy a llegar a ser, que estoy llamada a ser. Por lo tanto esas herramientas son la auto-observación, la conciencia, la presencia y sobre todo el Amor, que lo transforma todo. Pero aquí quiero llamar la atención porque, desde mi experiencia, el Amor no tiene que ver con los sentimientos sino con la decisión de querer el máximo bien para mí mismo.

M.M.: ¿A qué le llamas “estar consciente”?

D.G.: El tema de la conciencia para mí es básico. Porque ¿qué somos nosotros? Nosotros somos una conciencia, que se da cuenta de Ser, una conciencia que se da cuenta de ser capacidad de comprender, de ser capacidad de relacionarse, de sentir, de transformar el mundo. En ese sentido, solo desde el momento en que yo puedo darme cuenta de quién soy, es decir, a partir del momento en que puedo vivirme a mí mismo actuando de forma presente, en el aquí y el ahora, solo en esos momentos puedo decir que yo estoy vivo. Que yo estoy despierto. Que yo estoy presente. Mientras yo no estoy consciente, de hecho estoy “expulsado del paraíso”, estoy confundido con mi ego, con mi personaje, con mi programación, con el parásito, con el pecado original. Soy consciente cuando me doy cuenta de Ser y habito mi propia vida dándome el amor que necesito para despertar, sabiendo que soy perfecto puesto que soy creación a imagen y semejanza de la divinidad… Solo en ese momento aparece de nuevo el reino de Dios, yo vuelvo a estar en el paraíso, mi vida tiene sentido. ¿Por lo tanto la conciencia qué es? Es la llave, la que nos lleva de nuevo a nuestra esencia. Sin conciencia no puedo volver a nacer, no puedo volver otra vez al paraíso. Es darme cuenta de que soy Yo el que se da cuenta, ocupar mi atención, el estar aquí y ahora.

M.M.: Alguna vez has dicho que envejecer no necesariamente es madurar…

D.G.: Tiene que ver con el largo proceso del auto-conocimiento, que podría ser mucho más corto cuanto más intención pongamos. La felicidad es una decisión, el crecimiento es una decisión y la pregunta es si hemos decidido poner esta decisión en el centro de nuestra vida. A veces me doy cuenta de que hay mucha gente que no se ha puesto las pilas y que no ha puesto en el centro de su vida ni su felicidad ni su auto-conocimiento, que en realidad son dos cosas íntimamente relacionadas. Por lo tanto esas personas envejecen pero no aprenden. Es una pena, pero forma parte de la libertad humana y la respeto.

M.M.: ¿Cuál es la orientación para quienes aún no han tomado esa decisión?

D.G.: La orientación sería “deja de creer ciegamente”, no creas en nada, limítate a observar, limítate a comprobar, verifica lo que te cuentan. Encarna tú mismo todo lo que te dicen, de modo que no te quedes esperando ser salvado sino que tú te conviertas en aquello divino, en la experiencia de la divinidad misma expresándose en la vida. Es decir, si te encuentras a Buda por el camino, mátalo. No creas en Buda, no creas en Cristo, no creas en los demás, cree en lo que has verificado. Es la instrucción. Por eso el camino es la auto-observación, es el auto-conocimiento. Pero no hay que creer nada, creer nos aleja de la verdad. Ya hemos creído bastantes cosas, hay que empezar a experimentar en primera persona, y darse cuenta de que nuestra obligación es encarnar la divinidad en esta tierra y esto no es algo inalcanzable, sino algo posible aquí y ahora. La felicidad aquí y ahora es absolutamente posible, es más, es nuestro origen y por lo tanto es nuestro destino.

Espiritualidad, sociedad y política

M.M.: Cuando se habla de espiritualidad muchas veces se confunde con religión…

D.G.: Sí, es cierto. La religión es una forma determinada de intentar alcanzar lo trascendente. Pero en este momento histórico hay muchas personas que intentan alcanzar lo trascendente al margen de las religiones, y eso está bien. Yo creo que estamos en un momento en que podemos diferenciar los caminos históricos, que son excelentes, de los caminos personales que no necesariamente tienen que estar dentro de una religión, y también son excelentes. Yo animo a la gente a seguir religiones si la sienten dentro de su corazón, pero les animo a seguir a su propio corazón si eso es lo que sienten, siempre con una condición: que se comprometan, es decir, que lleguen hasta el fondo. Para llegar arriba de la montaña hay muchos caminos, la única obligación es coger uno y seguirlo hasta el final.

M.M.: ¿Y cómo se pueden diferenciar los buenos caminos espirituales, dentro la gran oferta espiritual con la que vivimos en esta época de New Age?

D.G.: Para mí hay una forma muy fácil de diferenciar: se trata de seguir las enseñanzas de personas que viven lo que explican, por un lado. Y personas que no te hagan dependiente de sus explicaciones, por otro. Yo con mis alumnos me niego a seguir enseñándoles más allá de un año. Una vez transcurrido, nos separamos; ellos ya tienen las herramientas y deben seguir buscando. Para mí esa es una demostración de respeto hacia la libertad, porque una de las cosas que más me preocupan son las personas que generan dependencia continuada a los demás porque no les dan herramientas. Y la segunda cosa terrible: personas que explican cosas que han leído pero que no viven. Huyamos de ambas.

M.M.: ¿En qué elemento confluye el trabajo que haces con una persona, una empresa o una organización?

D.G.: El punto de confluencia de personas, empresas y organizaciones es siempre la felicidad. ¿Qué está en el centro de las personas? La felicidad. En el de las empresas, la felicidad, es decir generar bienestar a través de la economía para que las personas seamos más felices. ¿Cuál es el objetivo central de las organizaciones?  La felicidad. Da igual que sea un ministerio: su objetivo es que las personas de un país sean felices. El objetivo de una empresa es que gracias a lo que produce, la gente sea feliz. Y el objetivo de las personas individuales es ser felices. No hay oposición entre empresas, personas y organizaciones, el centro es la felicidad. Yo me limito a esto, y hablo desde mi experiencia como sherpa espiritual, pero también como empresario, porque yo puedo explicar como tal cómo manejar organizaciones para que el objetivo sea la felicidad, y la consecuencia –que no el objetivo- sea la viabilidad económica.

M.M.: ¿O sea que es posible la espiritualidad en el mundo empresarial?

D.G.: Quiero decir que la espiritualidad es posible en todos y cada uno de los mundos. Y negar eso es no entender que la espiritualidad está siempre presente. Pensar que la divinidad va a estar sólo presente en un punto del mundo y no en el otro, es no entender que el mundo Es la divinidad.

M.M.: ¿Cómo se cambia entonces este paradigma social y empresarial donde lo que reina son los beneficios económicos “a pesar” de la felicidad de las personas?

D.G.: Yo creo que vamos muy bien, que estamos entendiendo que lo debemos cambiar. No reniego del dolor que estamos viviendo ahora. Es más, afirmo que sin este dolor no nos daríamos cuenta. Afirmo que ahora estamos mucho mejor que antes de la crisis. Que ahora nos damos cuenta de que es imprescindible poner en el centro la felicidad de las personas. Yo creo que estamos viviendo una crisis económica, una crisis política, una crisis de valores, porque en realidad lo que estamos haciendo es vivir un cambio del sistema. El dolor nos indica el camino, los errores nos ayudan. Tenemos que bendecirlos. ¿Y cómo se consigue ese cambio? Pues dándonos cuenta de que lo que estuvimos haciendo hasta ahora no nos lleva a ningún sitio de forma adecuada. Pero, por otra parte, al menos cuando yo hago cursos de “conciencia para empresas” hablamos de cómo el antiguo paradigma ya no funciona. Y a los que lo siguen, lo que les ocurre es que cada vez tienen resultados económicos peores. Por decirlo de alguna forma la economía está a favor de la nueva conciencia. Cuando cambias, la consecuencia es la riqueza, la abundancia. Si no cambias, la consecuencia es que sigues viviendo en la crisis.

M.M.: Se me hace difícil creer en un cambio de paradigma cuando veo cómo funcionan las grandes multinacionales y los gobiernos que ostentan el poder en el planeta

D.G.: Los cambios nunca van a ser colectivos. Los cambios siempre son individuales. Llegará un momento en que habrá suficientes cambios individuales y que el cambio se viva de forma colectiva. En este momento cuando hablamos de crisis, la crisis no existe. Hay algunas  personas que viven en crisis; hay algunas entidades que viven en crisis, pero hay muchas personas y muchas organizaciones que no viven en crisis. La pregunta es ¿por qué? Porque ya no viven en el mismo mundo que los demás. Aunque suene raro lo que estoy diciendo, en este mundo hay muchas realidades, no hay un mundo, hay muchos, pero todos están en este. En función de cómo tú estés viviendo, te corresponde una realidad o te corresponde otra, y esa ley de la correspondencia es infalible. Lo que ocurre es que mientras individualmente yo no haga el cambio me corresponde el otro mundo. Cuando individualmente hago el cambio, me uno a mucha gente que ya lo ha hecho, y ese cambio se convierte en colectivo. Pero tienes razón. El cambio es doloroso, y hay gente que se niega, hay gente que es clavo. ¿Y sabes lo que están pidiendo los clavos? Martillos.

M.M.: Se está produciendo en cambio a nivel social, traducido en nuevos emergentes políticos. Hay mucha bronca, se parece más a un cambio emocional que espiritual. ¿Cómo lo ves tú?

D.G.: Sí. Es cierto que tenemos en este momento unos cambios importantes a nivel social. Y creo que muchos de ellos van en la dirección adecuada. Sin embargo, para que fueran todavía en una dirección mucho más adecuada, más certeros, yo les daría un único consejo: que se basen en la ternura, en el Amor, en la no venganza, en querer apoyar en lugar de querer destruir. Es decir, no deberíamos mirar lo que no funciona sino empezar a decir lo que queremos que funcione. Debemos dejar de lado lo que es antiguo, para hacer crecer lo que es nuevo. A veces, en algunos grupos nuevos que están surgiendo ahora con mucha fuerza, hay un discurso de desprecio, de odio. Y yo creo que el desprecio y el odio forman parte de valores antiguos, y que para que estos grupos pudieran caminar con mucha más velocidad  deberían olvidar lo antiguo. Nada que se construya “en contra de algo” tendrá una vigencia larga en la historia. Lo que se construye a favor de las cosas, sí que lo tiene.

M.M.: ¿Algo más para terminar?

D.G.: Sí, una única cosa. No olvidemos nunca que la felicidad es posible aquí y ahora. Que el mensaje central de Buda era: “Ilumínate en esta vida”. Que el mensaje de Krishna era: “Alcanza en esta vida la liberación”. No olvidemos nunca que el mensaje de Cristo era: “el reino de los cielos ha llegado aquí y ahora. Convertíos”. Por lo tanto empecemos a mirar el trabajo interior como lo más fundamental de nuestra vida, sin esperar que suceda dentro de quinientos años o cuando nos muramos. Es ahora el momento de la iluminación.

Acerca de

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Dice Daniel Gabarró Berbegal (Barcelona, 1964) que su oficio es inspirar, acompañar y transformar conscientemente a personas, empresas y organizaciones, y también aclara que algunas personas “me definen como Sherpa, ya que les muestro el camino y las acompaño durante el trayecto. En cualquier caso, camino al lado de las personas y organizaciones a las que ayudo”.
Imparte cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello.
Profesionalmente, Daniel es empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y ex profesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida.
Colabora habitualmente en diversos medios de comunicación como “L’ofici de viure” de Catalunya Ràdio, que ofrece herramientas emocionales para la vida diaria.
Ha publicado un rico material sobre temas diversos, como espiritualidad y empresa, técnicas de estudio, didáctica, evolución moral, igualdad y masculinidad, fracaso escolar, entre otros.
Sus trabajos, cursos, vídeos y libros, pueden consultarse gratuitamente en cualquiera de estos sitios: www.danielgabarro.com, www.campusdanielgabarro.com, o en su página para empresas www.valoresempresariales.com.

Mario Martínez
Es Periodista y Redactor de VerdeMente
Teraperuta de Yoga Tailandés de el Centro Mandala de Madrid

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