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ENCUENTRO DE WILLIAM EGLINTON CON EL MAESTRO KUTHUMI

William Eglinton fue un médium inglés que viajó a la India para investigar sobre la Teosofía, y después de un tiempo de permanecer allá, cuando estaba regresando a Inglaterra, el Maestro Kuthumi se le apareció y sobre este evento William Eglinton escribió lo siguiente:
« Poco después de salir de Colombo, alrededor de las 10:00 o 10:30 de la tarde, estaba en mi camarote que se encontraba en la cubierta hacia adelante, y me estaba preparándome para pasar la noche, cuando lo que pensé que era un sirviente hindú apareció en la puerta.
Hablándole en indostaní le dije que se fuera, pero para mi sorpresa él me respondió en un inglés perfecto y dando un paso adelante, me hizo el saludo de un Maestro Masón. Esto me asombró mucho y le pregunté su nombre, y él me respondió que era uno de los Hermanos del Himalaya y que había venido desde el Tíbet para demostrar que tales seres realmente existen. Luego entré en una larga conversación con él y de la cual muchas de las cosas que conversamos no puedo detallar por razones obvias.
Él era un ser humano bien formado, distinto, vivo, y me dio pruebas que me convencieron de que debía ser el Maestro Kuthumi, y que ya no había lugar para las dudas. Dos días después de esto escribí una carta a la Sra. Gordon detallando este acontecimiento, y esa misma noche llevaron esa carta a Bombay en presencia de varios testigos, y de allí a Howrah, en Bengala, a la residencia del Coronel Gordon»
(Revista Light, Londres, 24 de junio de 1882, p.301-302)
Y posteriormente el señor Eglinton dio más detalles sobre ese evento:
« El 22 de marzo de 1882, estaba en el mar a bordo del S. S. Vega, habiendo dejado la ciudad de Colombo en Ceilán alrededor de las 6 p.m. el mismo día.
Ocupé un camarote que se encontraba en la cubierta bajo el puente, y cerca de las diez de la noche me estaba desvistiendo preparándome para dormir y me encontraba de espaldas a la puerta abierta. Cuando al darme la vuelta vi una persona que a primera vista consideré que se trataba de un khitmaghur o un mayordomo nativo.
Pensando que me había traído algún telegrama, esperé a que hablara, pero como no lo hizo y consideré su actitud muy insolente por no haberme primero solicitado que lo dejara entrar y también por no haberme hecho el saludo referencial usual hacia los europeos, le dije airadamente que se fuera.
Después de lo cual él se acercó, me agarró de la mano derecha y me dio el agarre de un Maestro Masón.
Antes de que me hubiera recuperado lo suficiente del inmenso asombro que eso me provocó, le pedí que me dijera quién era y porque se encontraba en frente de mi.
A lo cual él me respondió hablando en un perfecto inglés que él era «Koot Hoomi Lal Singh», y en ese momento en que pude por fin verlo de más cerca, me quedé muy profundamente asombrado por su apariencia general, su conocimiento de la masonería y la afirmación de que realmente él era esa persona mística, ese Adepto de quien tanto había escuchado durante mi estancia en la India, por lo que sin dudarlo acepté su afirmación como tal.
Luego entablamos una conversación de cierta extensión, sin ninguna importancia particular para nadie más que para mí, pero en ella él me demostró que estaba íntimamente familiarizado con los movimientos espiritualistas y teosóficos, así como también con mis amigos de la India.
En todos los aspectos él era un hombre inteligente, perfectamente formado y en cualquier caso, diferente en apariencia de los miles de nativos que se ven en el Oriente. Y tampoco fue una alucinación porque yo me encontraba en plena posesión de todas mis facultades; y lo que me convenció que no se trataba de una visión subjetiva fue el agarre de su mano y la materialidad muy evidente de su figura.
Una pequeña cosa me distrajo por un momento y cuando volví a girar la cabeza, ¡se había ido!  Salí rápido fuera de la cabina donde tuve la ventaja de escanear tanto la cubierta delantera como la trasera, pero no pude observar a nadie y ningún ser vivo pudo haber escapado del alcance de mi visión.
Al día siguiente busqué en el barco, incluso bajé por el túnel del pozo para encontrar a una persona que se parecía al hombre que había visto la noche anterior, pero sin obtener la más mínima pista de su presencia, y aunque mi mente estaba pensando en el posibilidad de que un hombre haya sido comisionado para subir a bordo en Ceilán con el propósito de engañarme, pero cuanto más reflexionaba el asunto, más difícil me resultaba aceptar tal teoría.
Ese Adepto había prometido que si yo le escribía una carta la Sra. Gordon mientras que yo me encontraba a bordo del barco, él le llevaría esa carta a Howrah, que es un suburbio de Calcuta en la india donde ella estaba viviendo con su esposo. Por lo que decidí hacerlo y consideré que sería una buena oportunidad para transmitir las noticias de lo que habpia vivido, y por lo consiguiente escribí la carta, afirmando que consideraba que la persona que había visto no era otra más que el Gran Maestro»
(Revista Light, Londres, del 30 de enero de 1886, p.50-51)
TESTIMONIO DE ALICE GORDON
La señora Alice Gordon y su esposo el teniente coronel William Gordon eran miembros de la Sociedad Teosófica, y la manera como ella recibió la carta escrita por William Eglinton, ella lo narró en un artículo el cual a continuación se los transcribo:
« El coronel Olcott me dijo que él había tenido un encuentro en la noche con su maestro [el Mahatma Morya] informándole que Kuthumi había estado en el barco Vega y había conversado con el señor Eglinton. Y esto me lo mencionó alrededor de las ocho de la mañana del jueves 23 de marzo.
Unas horas más tarde recibimos un telegrama proveniente de Bombay, el cual me fue enviado por Madame Blavatsky quién lo posteó el miércoles del día anterior a las 8:51 de la noche, y en donde decía: «Kuthumi acaba de ir al Vega». Corroborando con ello el mensaje que me dio el coronel Olcott.
Entonces estábamos a la expectativa de recibir la carta del señor Eglinton que Kuthumi señaló que me la iba a enviar por métodos ocultos.

Luego ese mismo día nos llegó otro telegrama de Madame Blavatsky en donde nos pedpa que fijáramos una hora para efectuar una sesión, así es que decidimos el viernes 24 a las 9 en punto, hora de Madrás.

Y al día siguiente cuando llegó esa hora, nosotros tres, el coronel Olcott, mi esposo y yo, nos sentamos en la habitación que había sido ocupada por el señor Eglinton. La habitación estaba bien iluminada y nos sentamos con nuestras sillas colocadas de tal forma que hicieramos un triángulo y cuyo ápice estaba dirigido hacia el norte.
Y a cabo de unos pocos minutos, el coronel Olcott vio a los dos Maestros en frente de la ventana abierta y nos lo avisó; luego los vio pasar a la otra ventana cuyas puertas de vidrio estaban cerradas. Y vio a uno de ellos apuntar su mano hacia el aire sobre mi cabeza, y sentí que algo en el mismo momento caía directamente desde arriba hacia mi hombro y luego hacia mis pies.
Yo sabía que era la carta, pero en ese momento me encontraba tan ansiosa por ver a los «Hermanos» que no la quise recoger. El coronel Gordon y el coronel Olcott vieron y escucharon caer la carta. El coronel Olcott había girado su cabeza desde la ventana por un momento para ver hacia el lugar a donde señalaba el Maestro, y se dio cuenta de que la carta se materializaba y caía desde un punto situado a unos 60 cm del techo. Y cuando miró de nuevo hacia la ventana, los dos Maestros ya habían desaparecido.
Y hay que remarcar que no hay terraza exterior y la ventana está a varios pies del suelo.
Así es que viendo que ya se habían ido, entonces me di la vuelta y me agaché y encontré una carta con la letra del señor Eglinton en donde señalaba que la había escrito en el barco Vega y la fecha era del 24.
 Abrimos la carta con cuidado, cortando un lado, ya que vimos que alguien había puesto en la solapa tres cruces latinas escritas con lápiz, por lo que las mantuvimos intactas para su identificación. Y la carta decía siguiente:
“Mi querida señora Gordon: ¡Por fin ha llegado su hora de triunfo! Después de las muchas batallas que hemos tenido en la mesa del desayuno con respecto a la existencia de Kuthumi y mi obstinado escepticismo con respecto a los maravillosos poderes que poseen los Maestros, me he visto obligado a creer por completo que viven como personas distintas ya que tuve una conversación con él. Y no tengo permitido decirle todo lo que sé, pero K.H. Me apareció en persona hace dos días, y lo que me dijo me dejó estupefacto. »

(Artículo «Transmisión instantánea de otra carta» escrito por Alice Gordon en el Psychic News, Calcuta, India, el 30 de marzo de 1882, p.60-61.)

TESTIMONIO DEL CORONEL OLCOTT
Y sobre este evento el coronel Olcott en su diario del 24 de marzo de 1882 escribió lo siguiente:
« A las 9 horas, el señor y la señora Gordon y yo nos sentamos juntos. Morya y Kuthumi aparecieron en las ventanas. Y ellos con la ayuda de Blavatsky hicieron caer una carta del señor Eglinton (quien se encuentra a bordo del barco Vega) por el aire en el hombro de la señora Gordon. Fue un fenómeno estupendo en todos los aspectos. El señor Eglinton dice en su carta que se la mostró a una compañera en el barco, la señora Boughton, y que ella marcó el sobre con las cruces»

OBSERVACIÓN
Y este suceso impresionó tanto a los involucrados que la señora Gordon posteriormente se volvió la presidenta de la Sección Femenina de la Sociedad Teosófica, el señor Gordon fue un gran aliado de Blavatsky en la India, pero desafortunadamente William Eglinton fracasó en la comprensión del evento concluyendo que finalmente todo eso había sido un truco de los «espíritus« y regresó a sus actividades dentro del espiritismo.

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