EL VIAJE ASTRAL DE UN LAMA TIBETANO racontado por Blavatsky

Blavatsky en su obra Isis Desvelada mencionó la siguiente historia:
« Al regresar del Tíbet, el abate Huc le refirió en París a un caballero ruso llamado Arsenieff varios sucesos extraordinarios que él presenció y que no fueron del dominio público, entre los cuales cito el siguiente que sucedió durante su estancia en la lamasería de Kunbum.
El abate Huc estaba conversando cierto día con un lama con quien se había liado de amistad, cuando de pronto el lama cesó de hablar y quedó en una actitud de estar escuchando algo que el abate no lograba oír.
Al poco tiempo el lama exclamó como si le respondiese a un invisible interlocutor:
      “En ese caso debo ir.”
A lo que el abate Huc asombrado preguntó:
      “¿Ir a dónde? ¿Con quién habláis?”
Y el lama le contestó:
      “A la lamasería de ___, el Shaberon me necesita y me ha llamado.”
Entonces el lama se despidió y se levantó.
El abate Huc quedó muy sorprendido debido a que esa lamasería se encuentra ubicada a muchas jornadas de la lamasería de Kunbum en donde ellos se encontraban, pero lo que más le sorprendió al abate Huc fue que el lama en vez de tomar el camino hacia esa lamasería, él se dirigió a una especie de cúpula situada en la azotea del edificio principal, en donde después de una breve conversación con otro lama, éste lo encerró en ella bajo llave.
Y entonces el otro lama dirigiéndose hacia el abate quien había seguido atentamente toda aquella operación, sonriente le informó que su amigo ya había partido hacia la otra lamasería.
A lo que el abate respondió:
      “¿Pero cómo es posible, si lo habéis encerrado en esa cúpula y no hay salida alguna?”
A lo que el lama le respondió:
      “¿Y qué obstáculo es para él una puerta? Él ha partido con su espíritu, y cómo no necesita de su cuerpo físico en el viaje, él lo dejó a mi cuidado.”
Y a pesar de los muchos prodigios que en su arriesgado viaje el abate Huc había sido presenciado, el abate estaba recelando de que ambos lamas lo estuvieran engañando.
Al cabo de tres días como no veía por allí a su amigo, preguntó por él y le respondieron que aquella misma tarde regresaría. Y a la puesta de sol, en el momento en que los lamas se preparaban para retirarse a sus aposentos, el abate Huc oyó la voz de su amigo quien parecía como si desde las nubes llamase al otro lama para que le abriese la puerta de la cúpula, y tras cuya celosía se dibujaba la silueta del lama ausente.
Y apenas le franquearon la salida de la cúpula que el lama que había estado ausente fue a ver al lama superior de Kunbum y le enteró de ciertos mensajes y comunicaciones que había recibido en el lugar adonde había ido.
El abate Huc nada más pudo saber eso acerca de aquel misterioso viaje, pero él conjeturó que todo eso había sido en realidad una “farsa” premeditada que los lamas le habían jugado a él y a su compañero de misión, antes de que partieran de ese lugar y prosiguieran con su viaje.
Pero si el abate Huc hubiera sido más versado en la filosofía esotérica oriental, él no habría encontrado dificultad en comprender que el viaje hacia aquella lejana lamasería, el lama lo había efectuado por medio de su cuerpo astral (mientras que su cuerpo físico permanecía resguardado en esa cúpula), y que la conversación que el lama tuvo con el Shaberon también fue a travez de facultades ocultas y es por eso que el abate no la pudo escuchar»
(Vol. II, Cap. 12, pág. 604-605)

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