Del mismo modo que cuando estamos dormidos creemos que lo que soñamos está pasando de verdad, en general estamos convencidos de que las interpretaciones subjetivas y distorsionadas que hacemos de la realidad son la realidad en sí mismas.

Al empezar a cuestionar y trascender el condicionamiento a partir del cual hemos construido nuestra moral, nuestro nivel de comprensión y de sabiduría va creciendo. Y como consecuencia, empezamos a regir nuestras decisiones y nuestro comportamiento según nuestra “conciencia ética”. Ya no etiquetamos las cosas como buenas o malas. Más que nada porque sabemos que las cosas son como son. Y que cualquier etiqueta que le pongamos será una proyección de nuestros pensamientos y creencias. Así es como comprendemos que las cosas no son blancas o negras, empezando a discernir los infinitos matices grises que existen entre uno y otro extremo.

En la medida en que trascendemos nuestra percepción moral de la realidad, podemos renunciar a que el mundo sea como nosotros hemos determinado que debe ser. Principalmente porque el mundo –y todo lo que en él existe y acontece– tiene derecho a ser tal como es, de la misma manera que nosotros tenemos derecho a ser tal como somos.

Y tú, ¿cómo ves el mundo en estos momentos?

Borja Vilaseca.
Escritor, periodista, 
inspirador para personas con necesidad de cambio.
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