El Ginkgo biloba posee genes extraordinarios que mantienen intactas sus defensas y casi les impiden morir de viejos.

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Un ejemplar de Ginkgo biloba – Adobe Stock

El secreto del Ginkgo biloba para vivir 3.000 años

El Ginkgo biloba es un árbol extraordiario, un fósil viviente que apenas ha cambiado desde su aparición hace 270 millones de años. Este campeón de resistencia ha sobrevivido a algunas de las peores catástrofes en el planeta, desde el meteorito que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años hasta el bombardeo atómico de Hiroshima. Cada ejemplar puede superar los mil años de antigüedad y algunos incluso llegan a los 3.000, una longevidad envidiable cuyas causas los científicos se han propuesto desentrañar.

Hojas de Ginkgo biloba – Adobe Stock

Un equipo internacional de investigadores analizó una treintena de ginkgos en China con edades comprendidas entre los 15 y los 1.300 años, en el que es el estudio más completo hasta la fecha del envejecimiento de las plantas. Al examinar sus anillos de crecimiento, los biólogos se dieron cuenta de que el crecimiento de estos árboles no se había descelerado después de cientos de años, sino todo lo contrario. En algunos momentos, incluso era mayor. El tamaño de la hoja, la capacidad fotosintética y la calidad de la semillas, todos indicadores de salud, tampoco disminuían con la edad, según recoge la web de ‘Science‘».

Para entender qué estaba sucediendo, Richard Dixon, biólogo de la Universidad del Norte de Texas, y sus colegas en China y EE.UU. compararon la expresión genética en las hojas y el cambium, una capa delgada de células madre entre la madera interna y la corteza externa. Como era de esperar, la expresión de genes relacionada con la senescencia, la etapa final de la vida, aumentaba en las hojas moribundas. Sin embargo, en los genes del cambium no encontraron diferentecias entre los árboles viejos y jóvenes.

Sin senescencia

Según explican en un artículo en la revista PNAS, eso ocurre porque los genes del cambium no poseen ningún programa para la senescencia o la muerte. Por el contrario, su programa para hacer defensas continúa funcionando incluso después de cientos de años. «A medida que envejecemos, nuestra máquina inmunológica comienza a funcionar peor», explica Dixon al New York Times. Sin embargo, en estos árboles, «la máquina inmune, independientemente de que tengan una antigüedad de 1.000 años, parece ser la de un individuo de 20».

El cambium permanece intacto y lleno de vida. La división celular tiende a disminuir después de los 200 años, pero las células generan defensas y elevan el agua y los nutrientes para que el árbol crezca y se mantenga saludable. Por este motivo, según los autores del estudio, es poco probable que los árboles mueran de viejos, sino que otros factores como las plagas o las sequías los matan primero.

Aunque aún no ha sido examinado, los investigadores imaginan que otro viejo árbol, una variedad de pino de 4.800 años identificada como Matusalén en el este de California, posiblemente posea el mismo patrón de programación genética. Una maravilla no tener que preocuparse por hacerse viejo a pesar del paso del tiempo y tener energía para lidiar con la vida de otra manera.

Zacarias Perdomo

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