EL GATO QUE VIO A UN FANTASMA por G. Llewellyn

« Antes de comenzar con mi historia debo precisar a los lectores que yo no soy una médium y que yo no sé nada de espiritismo. Sin embargo varias personas me han comentado que soy lo que se denomina un ser «sensible».
Nunca he asistido a una sesión ni a ninguna reunión de ese tipo, ni tampoco había leído ninguna literatura que tratara sobre temas como el espiritismo, el misticismo, el ocultismo o algo de naturaleza similar hasta hace poco, cuando un evento me llamó la atención sobre el esoterismo.
Como periodista siempre me encuentro muy ocupada, y por regla general estoy tan cansada cuando me acuesto que invariablemente me duermo casi inmediatamente y duermo de corrido sin despertarme. Pues bien, en una noche que nunca olvidaré, estaba en mi estado de salud habitual, no me encontraba preocupaba ni tampoco tenía ningún vestigio de estar alterada.
Yo había tenido mi cena habitual y me encontraba acostada en la cama en esa condición mental cuando uno solo se está quedando dormido. La habitación estaba en total oscuridad puesto que ya que había apagado la luz eléctrica y había colocado cortinas gruesas y pesadas sobre las persianas que cubrían las dos grandes ventanas de la habitación.
Mi gato mascota invariablemente duerme en mi cama, y estaba en su lugar habitual, acurrucado en el edredón y también durmiéndose rápidamente.
Y mientras yacía así, con los ojos medio cerrados, de repente apareció en la parte superior de la pared a la derecha, un largo rayo de luz del tono más hermoso de azul brillante que he visto, y ese rayo se movió y se estremeció en dirección hacia la ventana derecha, y lo observé con una mirada fascinada.
      “¡Qué extraordinario!” Pensé: “Nunca vi la luz de la luna entrar de esta manera, pero es un azul diferente al azul de la luna y también se mueve de forma muy extraña. ¿Qué puede ser?  Pero por supuesto, debe ser la luz de la luna, y tal vez hay nubes que pasan sobre la luna”
Esa luz, una especie de azul paradisiaco del cual nunca más he vuelto a ver algo parecido, ni antes ni después, todavía seguía deslizándose por la habitación en la misma parte, cerca del techo, y tontamente yo miré hacia la parte superior de la puerta (sobre la cual colgaba un pesado portière de felpa carmesí) ¡como si una luz hubiera podido ser proyectada a través de una pared de ladrillo sólido!
Por fin salté de la cama, aparté las cortinas y miré por la ventana, pero no había nada. Solo una oscuridad impenetrable percibí con asombro. ¡No había luna, ni estrellas, ni un solo rayo de luz para ser visto! Todo era una intensa oscuridad, nada más. No podía distinguir la carretera o los árboles de al lado, en definitiva, nada en absoluto. Las luces de la calle se apagaron temprano en el país, y la noche fue de un negro oscuro.
      «¿Podría haber sido alguien con una linterna o un reflector?»
Esa reflexión me hice, todavía maravillándome por lo ocurrido, cuando regresaba a la cama sin estar alarmada, y ni siquiera se me había ocurrido que hubiera algo sobrenatural en relación con el asunto.
Y mientras seguía desconcertada, o más bien tratando de descifrar lo sucedido, mi gato saltó de repente a la cama, con su pelaje todo erizado y sus ojos brillaban, y luego salto hacia la puerta y comenzó a desgarrar frenéticamente la lujosa portière, y emitió el maullido más espantoso que jamás haya escuchado de un animal (y de hecho no pensé que se pudiera haber emitido un sonido tan horrible y espeluznante).
Nada más de recordarlo mi cuerpo se estremece desde entonces, pero incluso después de eso no se me ocurrió que se tratara de nada sobrenatural. Mi idea era que el gato de repente se había vuelto loco.
Estaba tan preocupada al ver el estado de miedo en el que se encontraba mi pobre animal que lo tomé en mis brazos y traté de calmarlo, y él temblando por todas partes se encogió contra mí, escondió su cabeza y dio evidencia del estado más terrible de terror y angustia en el que se encontraba.
Lo calmé y lo acaricié, y poco a poco se fue tranquilizando, pero para mi asombro se asomó por un lado de la cama mirando con temor y sus ojos ardían como si estuvieran en llamas, y su pelaje se erizaba de nuevo como al principio. Yo no veía nada, pero el gato si veía algo, de eso estoy absolutamente convencida, y nada podría sacudirme esa convicción.
Sintiéndose seguro en mis brazos, y ahora que el primer impacto se le había pasado, el pobre Fluff estiró el cuello con avidez y miró la alfombra, observando los movimientos de esa entidad invisible que aparentemente se estaba desplazando en la habitación.
La «cosa» o lo que sea que haya sido, estaba en el suelo y no hizo ningún intento por subirse a la cama, porque estoy segura que si se nos hubiera acercado, entonces mi gato habría saltado de inmediato, pero sintiéndose protegido en mis brazos, Fluff observó al visitante nocturno, siguiéndolo con sus ojos a lo largo de la habitación, entre la cama y una enorme cómoda de caoba, y rodeando el extremo de la cama a la izquierda.
Parecía tan extraño ver a mi gato estirar la cabeza y seguir con su mirada algo invisible y desconocido, que decidí inclinarme al final de la cama y miré con ansiedad y atención en la dirección indicada por el gato.
¡Pero todo lo que vi fue la alfombra!
Pues bien, eso fue lo que me sucedió y todavía no he encontrado una respuesta que termine por satisfacerme.
Debe recordarse que vi la luz azul cuando mi gato estaba dormido, y se podría sugerir que tal vez mi miedo hacia esa luz la sintió también mi gato, pero en ese momento no sentí temor porque consideré que se trataba de un haz de luz de la luna (aunque quizás inusualmente hermoso) hasta que descubrí que no había luna y que la noche estaba completamente oscura.
Un amigo sugirió que tal vez todo fue un sueño. Bueno, tal vez, pero estoy dispuesta a jurar que no fue así porque si hubiera estado dormida, el simple hecho de levantarme de la cama, ir a la ventana, abrir las cortinas y encender la luz eléctrica hubiera sido suficiente para despertarme; y por otro lado yo nunca he estado sujeta a delirios de ningún tipo.
Como sabe el editor de la revista “The Occult Review”, yo formo parte del personal de un conocido semanario londinense de gran circulación, y mi nombre de pila es conocido en todo el mundo. Soy práctica, profesional y lógica, no soy una soñadora ni una visionaria. Y también puedo precisar que mi casa es nueva y nunc a más ha habido otras manifestaciones ni antes ni después.
Los estudios recientes sobre los efectos de la luz sobre los seres vivos han traído muchas teorías nuevas y sorprendentes al frente. Se dice que estamos bañados por la luz, visibles e invisibles, ya que existe una radiación que se ha denominado «luz negra» que nuestros ojos no pueden ver, pero que puede ser visible para los ojos organizados de forma diferente. Y el profesor Jerviss declara que es posible que algunos de nuestros animales, que poseen el poder de ver en la oscuridad, perciban estas vainas fantasmales.
Algún tiempo después de mi notable experiencia, un amigo (a quien le había relatado todo este asunto) atrajo mi atención hacia una experiencia casi idéntica relacionada entre el Sr. Maurice Hewlett y la Sra. Constance Smedley.
Ellos percibieron la misma luz azul y tenían un animal de compañía, un perro, no un gato en ese caso, el cual estaba durmiendo en la cama, y también cayó en un estado de profundo temor el animal, y finalmente vieron unas manos fantasmales que pasaban sobre el perro, como si lo acariciaran. Y al final los gemidos disminuyeron y poco después cesaron, pero cuando las personas se asomaron el perro estaba muerto…
Y en el caso de que alguien se burlara de mi propia experiencia honesta, yo le haría estas preguntas:
¿De dónde vino esa luz misteriosa y cómo podría explicarse el extraordinario terror que sintió mi gato?
Supongamos que mi mente hubiera estado sometida en esa ocasión a una extraordinaria alucinación, o que mis ojos me hubieran engañado, porque sabemos que existen ilusiones ópticas. Pero lo que es difícil de cree es que el gato hubiera experimentado repentinamente y en el mismo momento la misma alucinación, ilusión o espejismo, llámenlo como quieran.
Es evidentemente que el gato estaba aterrorizado hasta el límite de su resistencia y si no lo hubiera calmado y se hubiera tapado la cabeza, creo que también habría muerto de miedo, pero yo debido a que no veía nada no me alarmé en lo más mínimo. Estaba desconcertada pero no alarmada.
Y ahora que he estado investigando sobre los fenómenos paranormales, una opción pudiera ser que tal vez fue un fantasma de «gato», o un fantasma de «perro» lo que vio mi pobre Fluff, el fantasma de una antigua mascota mía que persiguió a su antiguo dueño, y de repente se vio atrapado en un acceso de celos y rabia.
De todos modos, debe haber sido algo terrible porque Fluff es el gato más callado y gentil que he conocido. Durante mucho tiempo nos imaginamos que era tonto, ya que de día o de noche no hacía ningún maullido. En una ocasión se sintió escalofriante y temeroso, pero incluso en ese momento solo dio dos pequeños «miaus». En otra ocasión, quedó atrapado en una puerta durante una tormenta de viento, y lanzó un grito pequeño y casi humano en el momento en que fue liberado. Pero el maullido que emitió cuando vio al fantasma, o lo que sea que vio, fue tan ruidoso y tan horrible que nunca lo olvidaré, ni la visión que presencié después de ver esa luz y en donde lo vi desgarrar la lujosa portière en un esfuerzo frenético por escapar.
Si alguien puede ofrecer una solución, se lo agradecería, en lo personal no tengo respuestas propias sobre el tema, aunque he agotado todos los campos posibles de especulación. »

(The Occult Review, noviembre de 1910, p.268-272)

Ir a la fuente

Deja un comentario