EL FIN DE LA BELLEZA

Las imágenes que emitían los noticiarios en la tarde de ayer no podían resultar más desoladoras. Notre Dame, la catedral de París, símbolo tanto de la cultura cristiana europea como del romanticismo literario, ardía desde su crucero. La aguja y la cubierta acabaron derrumbándose entre llamas, arrasando vidrieras, esculturas, muros y arbotantes, y reduciendo a cenizas uno de los espacios más bellos creados por la mano del hombre.

La versión oficial de lo sucedido afirma que el fuego se originó debido a una soldadura en los andamios con los que se procedía a trabajos de mantenimiento y restauración del tejado del templo. Pudiera ser, pero los que andamos siempre con la mosca detrás de la oreja no hemos dejado de sospechar de la fecha y de lo simbólico del caso. En un momento en que se están produciendo en Francia una ola de profanaciones de iglesias católicas cae el santuario supremo, el monumento más visitado del mundo, justo cuando comienza la Semana Santa.

La fecha del suceso añade misterio al asunto: ayer, 15 de abril, se conmemoraban otros sucesos trágicos como los 154 años del asesinato de Abraham Lincoln (1865), los 107 años del hundimiento del Titanic (1912), los 30 años de la tragedia en Hillsborough (1989) y el sexto aniversario del atentado en la maratón de Boston (2013). Todo un rosario de crímenes, falsas banderas y tragedias provocadas por la mano negra que alimenta a los bárbaros demonios que gobiernan este mundo.

Es difícil no ver una intención oculta en el modo en que distintos medios presentaban la trágica noticia. Como botón de muestra, el vídeo bajo estas líneas: un musulmán pasea tranquilamente por las torres mientras la bóveda arde. Sobreimpresa sobre la noticia, una referencia al yihadismo. Esto se llama «siembra psicológica», y busca apuntalar en nuestro inconsciente la asociación entre lo sucedido y el islamismo, con el fin de preparar el terreno para el enfrentamiento entre europeos y musulmanes que los globalistas han programado.

Y la «coincidencia» suprema que nos lleva a descartar un accidente y confirmar la intencionalidad de este atentado contra la Europa cristiana es el hecho de que, al mismo tiempo que Notre Dame ardía se producía un incendio en el tercer templo más sagrado del Islam: la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, donde el salón de rezos Marwani se consumía por las llamas causadas, nos dicen, por unos niños. La brigada del Waqf islámico controló la situación rápidamente, pero los daños estructurales aún no han sido evaluados.

Quienes han buscado la sincronicidad de estos dos sucesos han cuidado de que los dos bandos entre los que buscan provocar hostilidad miren cada uno a su drama ignorando el del otro, enquistándose en su tragedia y cerrándose a empatizar. Y si el experimento les sale bien, habrá nuevos dramas, nuevas heridas y nuevos símbolos arrasados, junto con vidas inocentes: hemos asistido a un doble ritual de fuego, pero nos amenazan con un ritual de sangre.

Notre Dame había resistido revueltas y guerras, la Revolución y la Comuna, la ocupación nazi y la orden del Fúhrer de volarla antes de abandonar París. A la luz de sus vidrieras muchos hemos compartido el amor, la alegría de vivir y el orgullo de una herencia cultural que el odio amenaza con destruir. Porque el fin de la belleza no es solo el de templos de piedra, sino el del templo admirable y frágil que es la convivencia en paz.

La de ayer fue una de las jornadas más tristes que recuerdo. Vaya mi homenaje al santuario devastado en la canción que le dedicó la más parisina de las voces, Edith Piaf:

(posesodegerasa)

Deja un comentario