El enfriamiento global es disidencia controlada

por Atrevete y despierta

El discurso dominante nos dice que existe un calentamiento global y la disidencia controlada lo desmiente y replica que existe un enfriamiento global. Pero ambos son dos caras de la misma moneda.

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En todos los ámbitos, el sistema opera de la misma manera. No solo produce un discurso dominante. Además, produce otro discurso disidente, pero controlado. Porque lo que verdaderamente necesita controlar el sistema no es dicho discurso dominante, sino el conflicto que se produce entre este y su opuesto dialéctico. Lo que hace el sistema en todos los ámbitos es producir una polaridad, lo más marcada posible, entre dos posiciones, y con ella tensa todo el espectro situado entre ellas, neutralizando las posiciones verdaderamente alternativas. 

Las proporciones entre ambos polos varían, según los ámbitos y las circunstancias, y se transforman en el tiempo, en el marco de las correspondientes agendas. Pero la lógica siempre es la misma: producir artificialmente polos, aparentemente opuestos, que generan una tensión dialéctica y real, y desactivan cualquier verdadera alternativa. 

La mecánica es la misma tanto en el ámbito de las ideas como en el de la realidad material, en la medida en que ambos planos interaccionan. Y es la misma tanto al nivel de la simple confrontación intelectual, como al de su manifestación física y su exacerbación en el conflicto armado. 

El mejor ejemplo de esta lógica es la oposición entre capitalismo y comunismo, que se ha dado tanto en el ámbito ideológico como en el de la realidad política y económica. Pero el capitalismo y el comunismo han funcionado, como decimos, como extremos construidos artificialmente para polarizar todo el espectro de los discursos y de las realidades sociales dominantes, de manera que excluyesen cualquier verdadera alternativa al sistema. O dicho de una manera más simple: el capitalismo y el comunismo son dos caras de la misma moneda. Y esta expresión es mucho más que una metáfora. 

La misma lógica de creación de falsas oposiciones es la que se utiliza en todo Occidente, en los falsos Estados de derecho, con los partidos de derecha y los de izquierda. Lo que no es más que una aplicación, a menor escala, de la misma lógica de oposición construida entre capitalismo y comunismo. Y que, de nuevo, está ahí para evitar que cualquier posición que se aleja de esta polaridad adquiera suficiente peso en la sociedad y amenace este monopolio de la dialéctica y del conflicto. 

Sorcha Faal, una fuente de la disidencia controlada, fruto de masonería y sociedades secretas, defiende la opción del enfriamiento global en su último artículo. 

http://www.whatdoesitmean.com/index2468.htm

Pues bien, la misma lógica es la que se está utilizando en el ámbito del cambio climático. El discurso dominante nos dice que existe un calentamiento global. Y la disidencia controlada replica diciendo que esto es mentira y que lo que realmente ocurre es un enfriamiento global. Y el sistema apoya ambos discursos, en la medida en que polarizan la opinión pública y la mantienen alejada de una comprensión más profunda del tema. 

Insistimos, lo que el sistema necesita controlar no es la “verdad”, sino el conflicto entre distintas “verdades”, tanto en forma de dialéctica como cuando esta se manifiesta como conflicto violento real. De hecho, tarde o temprano, en los distintos ámbitos, el sistema necesita que el conflicto real se produzca. Porque es esta violencia la que da verosimilitud a las teorías que defienden ambos bandos. Y porque sigue operando como programación traumática en el largo plazo. 

Lo que es importante comprender es que lo menos importante en todo esto es la “verdad”. La verdad es, por definición, oculta. Y las llamadas “verdades” oficiales son, por definición, construcciones, que simplemente se acercan a la verdad oculta en un cierto grado. Estamos siempre inscritos en un sistema de creencias y de aproximaciones a la verdad oculta. 

El discurso dominante simplemente llama “verdad” a una aproximación construida por el aparato académico-científico oficial, que remite en última instancia a una estructura religiosa y está controlado por las mismas castas de altos iniciados que han controlado Occidente desde hace siglos. Y lo mismo sucede con las “verdades” alternativas, son también simples aproximaciones a la verdad oculta, a la que, por definición, solo tienen acceso estos mismos altos iniciados. 

Pero insistimos en que lo menos importante aquí son estas “verdades”, que como decimos no son más que aproximaciones a la verdad oculta. Lo más importante es el uso que se hace de estas llamadas “verdades” y de la dialéctica que establecen. Tendiendo siempre a ser un monopolio de la dialéctica por parte de estas élites milenarias. 

De lo que se trata, insistimos, es de que las grandes masas críticas sociales se encuentren polarizadas mediante esta dialéctica, de manera que no comprendan el fenómeno en profundidad. Así, tanto el discurso oficial, que defiende el calentamiento global, como el discurso disidente controlado, que se opone a él con la tesis del enfriamiento global o la miniera glacial, son serviciales al poder. Si nos fijamos, en ambos casos nos hablan de un “problema” global, que como vamos a ver, es el requisito necesario para imponer una “solución” global. 

Lo que ambas posiciones tienden a encubrir es el fenómeno de la geoingeniería. No podemos asegurar si existe un calentamiento o un enfriamiento global. Lo que sí sabemos es que existe una geoingeniería con capacidad para modificar el clima y catalizar catástrofes “naturales”. Y esto tanto en el extremo del frío como en el del calor. La realidad de la modificación climática da de hecho la razón a ambas partes, tanto al discurso dominante del calentamiento, como al discurso disidente controlado del enfriamiento. Unos nos dicen: “Ven: se están produciendo récords de altas temperaturas. Lo que demuestra que existe un calentamiento global.” Y los otros refutan: “Ven: se están produciendo récords de bajas temperaturas. Lo que demuestra que existe un enfriamiento global.” Y mientras ambas posiciones se enfrentan, el fondo de la cuestión se ignora. Porque el fondo de la cuestión es la modificación del clima, tanto en el sentido de las altas temperaturas como en el sentido de las bajas. 

Desde el ritual sacrificial del 11 de septiembre de 2001 vivimos inmersos en una Tercera Guerra Mundial, no declarada, de cuarta generación. Y uno de los numerosos frentes de esta guerra encubierta es el climático, y el de las catástrofes llamadas “naturales”. Hablamos siempre de fenómenos híbridos, en parte naturales y en parte artificiales. La geoingeniería no crea el clima de cero, sino que lo modifica, en un sentido u otro, hacia el polo del calor o hacia el del frío. 

Como decimos, esta guerra climática, sísmica, catastrófica, va a jugar un papel central en esta Tercera Guerra Mundial. Con un denominador común: crear “problemas” globales, que se puedan considerar oficialmente como “naturales”, o bien causados por el sistema industrial en su conjunto. De manera que esto obligue a adoptar “soluciones” globales. Siempre en el marco de la estrategia “problema-reacción-solución”, que es de hecho la de la programación basada en el trauma. Y que remite, en última instancia, a una mecánica sacrificial orquestada por magos negros. 

Este es el fondo de la cuestión que tanto el discurso dominante como el disidente controlado tienden a enmascarar, marginar, descontextualizar, polarizando el debate entre las “verdades” oficiales y las “verdades” alternativas. El primero, mediante el control del aparato académico y científico, por parte de los altos iniciados, a través de una compleja trama de sociedades secretas y discretas, masonería, sociedades científicas, think tanks, fundaciones, publicaciones, premios, etc. Y el segundo, con informadores serviciales al sistema, por activa o por pasiva. Simplemente, porque saben incorporar su discurso en este monopolio dialéctico dominante. En ocasiones, porque son agentes infiltrados en el ámbito de la información, los congresos, las asociaciones, el activismo, etc. 

En todo caso, en el tema de la geoingeniería y el cambio climático estamos viviendo un proceso que va a evolucionar mucho en los próximos años. Como todo en los falsos Estados de derecho que dominan en Occidente, la realidad de la geoingeniería se irá desvelando a medida que su utilización esté más implantada y no se pueda renunciar a ella. Esta es siempre la lógica. El dispositivo se implanta de manera encubierta y después se hace público una vez que no hay marcha atrás, creando la ilusión de que ha sido elegido democráticamente y es beneficioso para la sociedad. 

A día de hoy, la gran mayoría de la población considera la geoingeniería una invención paranoica de teóricos de la conspiración. Pero, en los próximos años, la realidad de la geoingeniería se irá haciendo pública de forma oficial. En otras palabras, a día de hoy las grandes masas que siguen el discurso dominante no creen que existan herramientas para modificar el clima y catalizar catástrofes “naturales”. Insistimos en que hablamos siempre de fenómenos híbridos, en parte naturales pero modificados por medios artificiales. De lo que sí son conscientes cada vez más estas masas es que existen “problemas” climáticos, aunque le carguen el muerto de ellos a la naturaleza o a la industria contaminante en general. Esta es la fase en que nos encontramos hoy. Y, como vemos, tanto la teoría oficial del calentamiento como la disidente del enfriamiento son serviciales al sistema, en la medida en que no profundizan en la cuestión de la geoingeniería. Y en la medida en que estos “problemas” climáticos, del tipo que sea, de altas o de bajas temperaturas, demanden “soluciones” globales. Y precisamente tanto el calentamiento como el enfriamiento son “problemas” globales. 

Lo que vamos a ver en los próximos años es un progresivo desvelamiento de la realidad de la geoingeniería y de su capacidad para modificar el clima. Pero entonces, lo que el discurso dominante nos dirá, es que esta geoingeniería es, precisamente, la “solución”. ¿Se entiende la lógica? La misma tecnología crea el “problema” y la “solución”. Pero esto se oculta a las masas, para que acepten su uso como “solución”, cargándole el muerto del “problema” a la naturaleza o a la contaminación industrial. 

Lo que estamos presenciando hoy es una escalación progresiva de esta guerra climática, sísmica y catastrófica global. Al tiempo que todo el sistema de geoingeniería, también global, se implanta. Y, cuando ya no haya marcha atrás, entonces nos venderán la geoingeniería como algo benéfico, como algo “necesario” para hacer frente a los “problemas” climáticos. En la película “Geostorm”, estrenada en 2017, podemos intuir que esto es lo que va a suceder. 

En lo que hay que insistir es en que esta guerra climática, sísmica y catastrófica es solo parte de un complejo aparato de guerra de cuarta generación multidimensional. A menudo, la guerra climática es una fase previa a la de la revolución de color y la guerra civil, como hemos visto en Siria. O es parte de una desestabilización local que busca un cambio de régimen, la firma de tratados o desviar la atención del público de otros asuntos. 

El sistema de guerra de hoy no necesita tanto destruir como desestabilizar. Los conflictos anteriores, hasta la Segunda Guerra Mundial, fueron de tipo convencional, destructivo, hasta la denominada guerra de tercera generación. Pero la Tercera Guerra Mundial de cuarta y quinta generación que hoy se libra no es tanto de destrucción como de desestructuración y reestructuración. En la medida en que el Nuevo Orden Mundial ya opera de hecho y solo necesita irse implantando progresivamente de derecho. Gracias a todo un repertorio de guerras encubiertas, como la que se enmascara tras el cambio climático, tanto en su versión caliente como fría. 

Pedro Bustamante es autor de “En el nombre del Falo y del Ano y de la Matriz transhumana: El sacrificio de la maternidad y el nacimiento del infrahumano” (2017), “Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)” (2016) y El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses” (2015)

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