EL DÍA QUE ACEPTÉ QUE YA NO ME AMAS

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Yo no dejé de amarte, tan solo acepté que eras tú el que no me amaba a mi. Ese fue el peor día de mi vida. Sobre todo porque me di cuenta de que me equivoque. Desde el principio me equivoque contigo…

Que delgada es la línea entre amarse a uno mismo y amar a los otros. Llegué a un momento en el que me volví completamente ciega y me negué a aceptar que estaba atrapada en un amor unilateral, en el que daba mucho y recibía poco, pero a pesar de mi terquedad sabía que estaba atrapada en una historia sin amor y sin futuro.

Dejé de quererme para quererte a ti y ese fue mi más grande error. Me aferré a ti porque sabía que ya te habías ido, que estábamos físicamente juntos pero no emocionalmente, que tu corazón ya no estaba a mi lado y aún así quería sujetarte tercamente porque no quería aceptarlo.

Yo te amaba, pero tú no y darme cuenta de eso fue quizá lo más difícil que tuve que hacer.

Desprenderme de nuestra historia era doloroso, destructivo, casi imposible, pero necesario. Ya era más que suficiente de migajas de tu amor, de ausencias, de descuidos, mismos que yo me empeñaba en justificar simplemente porque era muy doloroso aceptar la realidad.

Un día desperté y me sentí hastiada, no de lo “nuestro” ni de ti, sino de mi. Del poco amor que me tenía, de mi cobardía y de mi autodestrucción. Me vi en el espejo y no pude reconocerme, había cambiando tanto que ya no era yo.

Por eso necesitaba liberarme de nosotros, de mi, de ti…necesitaba volver a respirar y aceptar que el amor que sentía por ti seguía ahí, pero que el tuyo había desaparecido hacía mucho.

Entonces me armé de valor y declaré que la razón de mi partida no era que hubiese dejado de amarte, sino que había comprendido después de mucho tiempo, que eras tú el que no me amaba.

Así que me fui y tomé un camino por el cual sigo avanzando, arrastrando de vez en cuando con tu recuerdo e incluso con tu repentina insistencia, como si de pronto hubieses recordado que me amabas y que podía irme, pero lo comprendiste demasiado tarde porque ya estaba yo muy lejos, en un lugar donde ya no había un “nosotros” solo un “yo”.

Sí, aún te amo, pero ya no te necesito, ya no te respiro, ya no te anhelo. Aún te amo porque un sentimiento tan fuerte como el que tuve por ti no puede desaparecer en un par de días, quizá no pueda desaparecer en años, pero debo y quiero marcharme.

Ahora que por fin he alcanzado tranquilidad otra vez, lo único que puedo lamentar es que nos hayamos amado en momentos diferentes; yo aquí y tú allá, pero nunca juntos, nunca “nosotros” y aunque has vuelto para pedir una segunda oportunidad la verdad es que no puedo dártela, porque te la di hace mucho tiempo, la segunda, la tercera, la cuarta…

Perdiste esa oportunidad, me perdiste a mi y ahora no espero nada de ti, por fin soy libre.

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