El Covid es una epidemia de temor. Donde no hay ningún temor, no hay Covid

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DES-ENMASCARANDO LA LIBERTAD                                

Homo homini lupus est (El hombre es un lobo para el hombre), dijo Plauto. Nuestros nuevos amos superan al viejo dramaturgo cómico romano en su juego estableciendo como la nueva norma que Homo homini toxicus est. Nos han enseñado a estar temerosos uno del otro, a llevar puestas mascarillas, a mantener una distancia social, o aún mejor, a quedarnos en casa. Ellos lo prefieren así, con nosotros encerrados, fuera de su camino, pidiendo cosas por Internet y perdiendo el derecho a nuestras casas ante cobradores digitales de deudas. Un drogadicto se separaría más pronto de su jeringa que lo que ellos descartarían sus confinamientos. Durante algún tiempo tuvimos la esperanza de que ellos podrían terminar su morbosa preocupación por nuestra salud luego de un mes o dos. Ahora sabemos mejor.
     Incluso si deciden que el Covid-19 fue erradicado, tienen el siguiente virus ya en la fila. Hay un candidato digno, una nueva variante de la gripe porcina llamada G4, y tienen grandes esperanzas de que tenga el potencial para provocar una pandemia. Si tal virus falla la prueba (como todos los predecesores lo hicieron), encontrarán otro, no se preocupe. La ley de la oferta y la demanda está de su lado. Hay tantos virus, y tantas personas ingenuas que son patológicamente incapaces de dudar de cualquier cosa que el New York Times diga, que esta música nunca terminará.

     Hay buenas razones prácticas para esa estrategia, y no tienen nada que ver con epidemias. Es la Revolución Digital, como escribí, y un proceso tan transformativo toma un tiempo mucho más largo que algunos meses. Ciertamente, el Índice Bloomberg de Alta Tecnología de Silicon Valley está creciendo a paso firme, prometiendo una rentabilidad anual de un 42% (compare eso con una tasa negativa en los depósitos en efectivo. Los confinamientos (no la enfermedad) proporcionan el desastre que el Capitalismo de Desastre necesita para manejar su curso. Las clausuras son una versión norteamericanizada de la Doctrina de Shock, dice Mike Whitney.
     A las estructuras estatales, a las agencias de Inteligencia y de seguridad también les gusta eso, pues el pánico pandémico les permite introducir un sistema de vigilancia total. Ellos lo hacen de manera disimulada, aduciendo que no nos espiarán cuando el peligro termine; pero como todos los smartphones ya están equipados con aplicaciones pertinentes, la red de vigilancia se hace cada vez más estrecha. Ellos apoyan los confinamientos para controlar nuestra sociedad.
     A medida que miramos más profundamente en el desastre que se está desplegando notamos características diseñadas para instilar más paranoia que lo que la ganancia y el fisgoneo requerirían. Si usted escribe «Covid» con las letras hebreas y luego lo lee de derecha a izquierda, como se lee en hebreo, usted obtendrá, «Dibouk», el demonio de los cabalistas, el espíritu maligno que se cree que entra en y se posesiona de una persona que sufre de «intensificación emocional», como ha notado Bogdan Herzog, un místico rumano de Timisoara. El Dibouk es una figura popular del folklore judío, tema de obras teatrales y películas. El análisis de Herzog continúa: tal vez la analogía con la posesión demoniaca no es superficial sino profunda. ¿Qué ocurre si el COVID es más psicológico que biológico? ¿Quizá si mediante la inducción de un temor extremo («intensificación emocional») las personas se comporten como si estuviesen poseídas por el Dibouk? Ellas ciertamente parecen actuar como si estuviesen hipnotizadas, obedeciendo irreflexivamente las conflictivas demandas de las autoridades y aceptando limitaciones sin precedentes a la libertad individual.
     Eso suena bastante mal, pero Herzog lo lleva más adelante: ¿Quizá el problema no es de naturaleza psicológica sino espiritual, como insisten los cabalistas judíos, y la única cura posible es un tipo de exorcismo? ¿Quizá por esa misma razón las iglesias fueron blancos primarios durante el confinamiento? En verdad las iglesias fueron cerradas tanto en el Este como en Occidente por primera vez, incluso mientras las tiendas comerciales permanecieron abiertas. La Iglesia Luterana de Suecia tuvo sus iglesias abiertas para los servicios religiosos, pero la función más importante, la comunión, fue suspendida. Ése es un ataque espiritual de lo más mortal, ya que el continuo sacrificio divino de la Eucaristía sostiene la existencia misma de la sociedad. «¿Es ésa la verdadera razón de que la eucaristía haya sido prohibida durante el confinamiento?», pregunta Herzog. Si las iglesias estuvieran abiertas y la comunión fuese dada, el malvado Dibouk se iría.
     Como ocurrió, el único país cristiano Ortodoxo que tuvo comunión esta última Pascua de Resurrección fue Bielorrusia, un pequeño Estado europeo del Este liderado por el indomable Alexander Lukashenko, también conocido como «el último dictador de Europa». Hace algunos años yo fui acusado de proporcionarle secretos acerca del entrometimiento estadounidense en las elecciones de Bielorrusia. Aunque se trató de una alegación falsa, es bien sabido que tanto los estadounidense como los rusos se entrometieron en Bielorrusia, considerando a Lukashenko demasiado terco y ferozmente independiente para sus gustos. Tanto rusos como estadounidenses querían saquear Bielorrusia, comprar sus industrias y asumir el control de su agricultura; Lukashenko les dijo que No. 

Bielorrusia es el único Estado ex-soviético que no fue des-industrializado, privatizado y llevado a la bancarrota; el único que no envió olas de refugiados económicos para trabajar en el extranjero. Putin supuestamente estaba envidioso de que Lukashenko se atreviera a recibir la comunión en la Pascua de Resurrección y tuviera su desfile militar para recordar la victoria soviética sobre Alemania, mientras Moscú siguió el consejo de la OMS cerrando las iglesias, posponiendo el desfile y cerrando la ciudad; sin embargo, la semana pasada Putin y Lukashenko aparentemente se reconciliaron e inauguraron juntos un monumento conmemorativo para los soldados soviéticos en Rzhev, el «Verdún de la Segunda Guerra Mundial».
     Esta idea de un enemigo espiritual se me había ocurrido 20 años atrás cuando escribí:
     «Durante doscientos años o más, la cristiandad intentó vivir sin Dios. Algunos negaron su existencia, otros no, pero creyentes e incrédulos explicaron nuestros problemas existenciales sin apelar a la presencia de Dios en el Universo. La Navaja de Occam dictamina: «No multiplique entradas más allá de la necesidad». Por esto es que usualmente no apelamos a las categorías espirituales al explicar acontecimientos mundanos.
     «Mientras nos relajamos en nuestro mundo completamente material, otro principio de lógica medieval, la Ley de la Manifestación, estaba disponiéndose a emboscarnos. Esa ley decreta que «una entidad existente eventualmente se manifestará». Una entidad que no se manifiesta claramente podría ser también llamada no-existente.
     «Teóricamente, un hombre creyente debería estar preparado para observar una manifestación del mundo espiritual, de Dios y de las Fuerzas del Mal. En la práctica, nos rehusamos a creer en tal posibilidad. Mientras le volvimos la espalda a la presencia de Dios, y lo descartamos de nuestra vida, hemos ayudado a su adversario en el tablero de ajedrez. Ahora, su influencia y sus planes se han hecho palpables. Los últimos acontecimientos de la historia humana, la destrucción gratuita de la Naturaleza, y la guerra en contra del espíritu no pueden ser plausiblemente explicados por causas materiales racionales. Más allá de las figuras demasiado humanas de las grandes corporaciones, más allá de la Avaricia con mayúscula, más allá del paradigma de Dominación, el Destructor anónimo ha hecho su aparición como Lord Darth Vader en el planeta cautivo».
     Usted no tiene que ser un erudito místicamente inclinado para llegar a conclusiones similares. Hay un grupo de investigadores inter-departamentales con sede en Moscú que se ocupa de aspectos avanzados de la guerra moderna. (Ese grupo fue establecido por discípulos de Vladimir Lefebvre, un hombre notable que trabajó tanto para el Ministerio de Defensa ruso como para el Pentágono. Lo conocí hace algunos años en una exótica reunión social en una isla griega). El líder del grupo me dijo: «Usted puede considerar al Covid como una falsa pandemia, pero es una plaga psicogénica hecha y derecha de proporciones bíblicas. Nosotros no lo hicimos, pero alguien lo hizo».
     Una «plaga psicogénica» es simplemente histeria de masas a una escala sin precedentes. El Baile de San Vito o coreomanía es un ejemplo, y fue curado con exorcismos. Ocurrió en la Edad Media, pero desde entonces ha habido muchas epidemias de MPI (Enfermedad Psicogénica de Masas), aunque ninguna tan universalmente reconocida como tal. Pero todavía no comprendemos los funcionamientos de esta enfermedad. Algunos síntomas de infección por Covid son idénticos a los síntomas de una MPI; también coinciden con los síntomas de un moderado envenenamiento con cloro que uno puede adquirir en un espacio recientemente desinfectado. 

En Moscú, donde el concejo municipal ordenó la desinfección de casas de departamentos y los espacios públicos con cloro dos veces al día, muchas personas se quejaron de dolor de garganta, ojos irritados y dificultad para respirar. Ellas fueron usualmente llevadas a hospitales-Covid y reforzaron las estadísticas del  Covid. Los mismos síntomas son usuales para una MPI. Eso podría explicar por qué los tests fueron tan imprecisos en sus resultados. La OMS recomienda que personas con tales síntomas sean consideradas como «probablemente positivas». La presencia de cualquier coronavirus (y hay muchos tipos de ese virus usualmente inofensivo a todo nuestro alrededor) es ahora considerada una prueba genuina de Covid.
     Podríamos pensar acerca de la pandemia de Covid como una MPI a una escala mundial, montada sobre una infección vírica moderada. Su «éxito» puede ser explicado por múltiples fuerzas que están aprovechando la oportunidad, entre ellas, fuerzas infernales. Dios une a las personas en su Iglesia; el Diablo quiere separar a las personas entre sí y de Dios. La pandemia de Covid es un gran separador: durante meses las personas han vivido separadas de sus parientes; los hombres viejos viven y mueren a solas sin el beneficio del sacramento, y son sepultados sin los últimos ritos. Quizá la recientemente adquirida habilidad de las fuerzas armadas para inducir miedo y causar una MPI a gran escala es parte de un plan demoníaco.
     Hay personas que piensan que tenemos algo demasiado bueno. Ellos piensan que no hicimos nada para merecer nuestra alta civilización. Piensan que no deberíamos ser capaces de permitirnos comida, el techo que está sobre nuestras cabezas y otros bienes. Ésa es la visión de alguna gente muy adinerada. Ellos están molestos de ver a hombres comunes yendo a Acapulco y comiendo en un restaurante, en lugar de estar a su servicio incondicional. Quieren aminorar nuestros ingresos e incrementar el costo de la vida. Están dispuestos a financiar a cualquiera que pida más austeridad.
     Ahora ellos apoyan los confinamientos, afirmando que ésa es la mejor forma de combatir la enfermedad. Ayer estaban llamando a que clausuráramos las industrias para salvar el clima. Hoy esas mismas personas están todavía tratando de reducirnos a la pobreza, esta vez en razón del Covid. Greta Thunberg y sus seguidores le dan la bienvenida a la clausura porque obligará a las personas a vivir en la bancarrota y la escasez.
     Mientras los maltusianos ricos apoyan este progreso hacia la austeridad, no todos los participantes en el movimiento comparten o comprenden sus metas. Hay una veta de noble sacrificio incorporado en la naturaleza humana, y muchos de los seguidores de Greta se entregan a eso. La mortificación de la carne, los ayunos, y la negación de la gratificación son tan humanos como el hedonismo. Andrew Joyce recientemente nos recordó de los Flagelantes, el movimiento masoquista que surgió y desapareció con las epidemias medievales. Los musulmanes chiíes todavía practican la flagelación de manera anual. En la sociedad europea normal la Gran Cuaresma antes de la Pascua de Resurrección era suficiente para satisfacer esa necesidad de sufrimiento, pero ahora, a medida que la Cuaresma se desvanece hacia un estado de letargo, esa necesidad psicológica no cumplida cae de lleno en las manos de los auto-destructivos partidarios del encierro.
     China es un caso aparte. Los chinos fueron los primeros en practicar el confinamiento para combatir sus infecciones en 2009 y en Enero de 2020. Su ejemplo fue muy importante para marcar la tónica. Sin embargo, las costumbres chinas son diferentes a las nuestras. En sus confinamientos ellos sellaron las puertas de los departamentos e incluso soldaron los portones. La idea de la dignidad humana es muy extraña a ellos. Son grandes personas a su manera, pero bastante extremos, como muestra su Campaña Cuatro Plagas, un intento para eliminar a los gorriones, ratones, moscas y mosquitos. Yo no le echaría la culpa al comunismo, pues la China anti-comunista (Taiwán) fue aun más cruel que el continente. Las personas que se quejan del maltrato por parte del comunismo chino de los uigures (que es en extremo rudo) podrían considerar el genocidio chino por parte del  Kuomintang de los nativos de Taiwán.
     La tecnología de reconocimiento facial, las bases de datos genéticos y un sistema de crédito social  pueden estar bien para China. Siendo todo lo contrario de un neoconservador, no acepto la doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P), la Carga del Hombre Blanco, y un deber de imponer la libertad en ellos. Que los chinos vivan de la manera que satisfaga sus almas confucianas, pero espero en Dios que yo nunca tenga que adaptarme a su sistema. Para ellos, encerrar a millones de ciudadanos es más fácil que para nuestros gobernantes aumentar el IVA en un punto. El problema es que las agencias occidentales de seguridad aman el estilo de vida chino y desean muchísimo importarlo como cualquier otro aparato chino.
     Los encierros no son necesarios. La mejor prueba de eso no es Bielorrusia o Suecia, aunque ambas se las ingeniaron muy bien con poca interferencia del gobierno. La mejor prueba es Gaza, la estrecha zona de tierra en el Mediterráneo del Este, hogar de dos millones de palestinos. Esa pobre sitiada franja de Palestina tuvo sólo recientemente su primera víctima del coronavirus, una señora de 80 años de edad que llegó la semana pasada muy enferma desde Egipto. ¡Eso es todo, amigos! Dos millones de personas viviendo en una insalubre densidad y pobreza sin ningún encierro o distanciamiento social celebraron la gran fiesta religiosa musulmana de Eid el-Fitr, y no sufrieron ninguna epidemia de Covid. Observe este pequeño video de la festividad de Gaza y envídielos. Esa pobre gente encerrada por los israelíes durante 14 años es más libre que los prósperos israelíes y los árabes sauditas que se encerraron ellos mismos.
     El Covid es una epidemia de temor. Donde no hay ningún temor, no hay Covid. Sin embargo, que la respuesta a ello sea una materia de elección personal. Quienquiera que desee encerrarse, aislarse en la soledad y retirarse de la sociedad, que lo haga. Pero debemos negar el derecho del Estado a encerrarnos. Los estadounidenses se enorgullecen de su Segunda Enmienda, de su derecho a poseer armas; pero ¿impidieron sus armas que sus alcaldes les ordenaran una detención indefinida por ningún crimen? Para los rusos, los europeos y otras naciones, es también la hora de prohibir los confinamientos. Siempre y cuando haya un brote de enfermedad, que sea tratado como siempre lo ha sido. Quienquiera que se considere a sí mismo «vulnerable», que él decida qué hacer al respecto, pero ninguna clausura, ninguna mascarilla, ninguna distancia social u otras medidas pueden ser impuestas sobre la gente libre.
     Mientras todavía tenemos elecciones en nuestros países, hagámosles la prueba de fuego en las campañas electorales venideras. Apoyemos sólo a aquellos que prometen nunca infringir los derechos personales, y rechacemos a todo aquel que demande que todos nosotros seamos encerrados «por el bien mayor».
     Hagamos de cada elección, en todas partes, desde 2020 en adelante, una elección acerca de la libertad personal. Quizá deberíamos establecer el movimiento mundial dedicado a esta misma meta.‒
por Israel Shamir
3 de Julio de 2020

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Zacarias Perdomo

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