En septiembre, el Senado de la República anunció la aprobación de las reformas que prohíben el uso de violencia física como método correctivo para niños y adolescentes, y aunque la decisión ocasionó opiniones encontradas, su objetivo es el de reducir la violencia dentro de las familias y ayudar a mejorar la salud emocional, mental y física de los menores.

De acuerdo con la Unicef, la prevalencia del castigo corporal y humillante como una forma de corrección hacia la niñez mexicana es preocupantemente alta, pues más del 60% de niños y adolescentes entre 1 y 14 años son sujetos a agresión psicológica y castigo corporal en sus hogares.

Por otro lado, según los datos obtenidos en una encuesta realizada en agosto por la Fundación Guardianes, el 40% de los menores en México sufrieron violencia psicológica y física durante el aislamiento por la pandemia, lo cual se vio reflejado en un incremento notable en los casos de violencia intrafamiliar.

Uno de los retos que ha traído la pandemia es hacer más visible dicho incremento de la violencia en las familias, “ahora tenemos menos escaparates, pasamos más tiempo juntos y se hace más evidente el poco entrenamiento para incrementar las conductas adecuadas y extinguir las no adecuadas”, explicó la doctora Carolina Santillán Torres Torrija, supervisora académica de la estrategia Crisis, Emergencia y Atención al suicidio de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.

La tensión entre las familias aumenta por el ambiente de estrés que se vive debido a la convivencia diaria las 24 horas, y se agrava por problemas económicos, pérdida de empleo, aumento en las labores y actividades en la casa, el temor al contagio, los casos de enfermedad y fallecimientos de seres queridos, etcétera.

En ese contexto, las reformas aprobadas por el Senado de la República son un paso muy importante para el bienestar de los menores. “Estas acciones deben de acompañarse de otras, es una gran oportunidad para la psicología de difundir y de aportar tecnología conductual, herramientas y entrenamiento para quienes no tomaron cursos para ser papás, que son la mayoría”, afirma Santillán.

De acuerdo con la experta, se ha demostrado que el castigo corporal y la humillación sólo logran que en el corto plazo los niños y adolescentes cumplan con cierto orden, pero a largo plazo tienden a volverse agresivos, pueden presentar problemas para adaptarse y más probabilidad de desarrollar una enfermedad de salud mental, e incluso pueden llegar a desarrollar conductas delictivas y antisociales.

Para Santillán, los padres tienen la obligación de educar, pero de forma responsable y respetuosa, mientras que los menores tienen derecho a expresar su opinión. “No hay ningún estudio que demuestre que a mayor castigo y humillación se tendrán mejores ciudadanos”, afirma.

Imagen de portada: Macrovector / Freepik

Zaida Bemanar

La conciencia espiritual es la que nos permite tener un propósito claro, reconocer nuestros dones fundamentales y nuestra misión en la vida. Ella ofrece mirarse a uno mismo y al otro de una manera mucho más significativa que lo puramente psicológico o técnico

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