EL CASO DIANA QUER Y EL DISCURSO DE LA CULPABILIZACIÓN COLECTIVA

Enrique Abuín Gey, asesino confeso de Diana Quer (derecha), la joven a la
que un depredador homicida de tan vulgar apariencia y tan absoluta falta de
escrúpulos hizo objeto de su enfermizo deseo hasta destruirla. Un miserable
que no representa a un sexo tan numeroso como el masculino, sino a una for-
ma de psicopatía enfermiza tan absoluta como afortunadamente minoritaria

Un tipejo marginal, José Enrique Abuín, un hampón de poca monta y menos luces, ha confesado ser el asesino de Diana Quer, la chica desaparecida hace más de un año en Galicia. Estamos ante el crimen de un vulgar psicópata, una de esas trágicas excepciones que llegan a los papeles precisamente por serlo, la triste materia de la que está hecha la sección de sucesos. Para nada el exponente de una supuesta “cultura machista”: ninguna voz masculina ha celebrado esta atrocidad, se ha solidarizado con su perpetrador (como sí ocurrió en el caso de Rodrigo Lanza) o ha expuesto justificación alguna. Todo hombre de bien no puede por menos que lamentar que algo así haya ocurrido y desear el descanso en paz de la víctima (deseo que expreso en nombre propio desde aquí). Por ello las generalizaciones culpabilizadoras disparadas por las habituales voces histéricas -y alguna inhabitual, pero que se apuntan a la demagogia imperante- representan un indecente aprovechamiento del drama para crear crispación, división y enfrentamiento. No lo digo yo, sino la firmante del artículo que sigue (recalco: mujer).

Guillermo Fernández Vara, representante de otra lamentable modalidad de fal-
ta de escrúpulos: la demagogia oportunista con la vista puesta en los réditos
electorales. Un tipo que no se corta a la hora de soltar una sonrojante mama-
rrachada y de aplicar el ventilador a la mierda, hablando en plata.

Hay una Ley de Violencia de Género que ha pulverizado fundamentos jurídicos tan importantes como la presunción de inocencia o la igualdad de los sexos, ley a la que recientemente han dedicado nuevas y más que sustanciosas partidas presupuestarias. Pero las mujeres siguen muriendo a manos de los hombres con los que viven o han vivido en cifras similares.

Hay, sobre todo, una demonización del varón y una fe absurda y ciega en la educación y propaganda masiva, como si el ser humano fuera un androide que solo necesita la programación correcta. Curiosamente, estos que creen en la ‘educación’ como determinismo mecanicista, como medio para lograr infaliblemente el resultado apetecido, suelen ser los mismos a los que no se les cae la palabra ‘libertad’ de la boca.

Es demencialmente absurdo. El asesino de Diana no ignoraba que matar estuviera mal, o asaltar mujeres. Tampoco lo hizo por una ideología -o falta de ideología-, o porque, siendo varón, estuviera de algún modo programado irremediablemente para hacerlo (Diana convivía a diario con hombres que la respetaban, no se propasaban con ella y en algunos casos eran sus familiares, amigos o compañeros, representantes de esos 20 millones de varones que no maltratan ni asesinan mujeres, aunque el feminismo histérico en boga los considere “culpables preventivos”, nota del “blogger”).

El sospechoso acabó siendo detenido y confesando después de que volviera a intentarlo con otra chica a la que amenazó con un cuchillo de cocina y, ¿saben qué?, la chica se salvó porque unos jóvenes lo vieron y corrieron a auxiliarla. Pero, de algún modo, para el consenso mediático el asaltante es representativo de su sexo y sus rescatadores, no.

No vamos a abolir el mal por decreto, viejo sueño de la Ilustración, pero hay medios para contenerlo. Desgraciadamente, se prefiere usar estos casos para avanzar una ideología enloquecida antes que para ponerles remedios eficaces.

Amarillismo informativo en estado químicamente puro
¿Cuántos hombres, por contra, están pensando en hala-
gar, sorprender o regalar en estas fiestas a su pareja?
Claro, que eso no es noticia.

La idea extendida por políticos y pensadores mediáticos es que la masculinidad es tóxica y la manera de aguar ese veneno consiste en feminizar a los hombres, es decir, hacerlos más parecidos a nosotras, que somos impecables ángeles de virtud.

Hemos convenido en que todos los hombres matan por ‘machismo’, incluso se trata el aserto como si fuera una tautología, evidente en sí mismo. Como si no hubiese mil motivos por los que alguien puede llegar a matar a otro u otra. En el diario El País aparece un titular según el cual entre 25 y 30 varones están en este momento pensando en matar a su pareja.

Quitando que eso no parece suficiente para criminalizar a un sexo en un país de 48 millones, sospecho que la cifra es muy superior. Y me atrevería a decir que es mucho mayor aún la de quienes piensan en matar a su jefe o atracar un banco.

He tenido que leer en redes las sandeces más indignantes y las generalizaciones más aberrantes. Coincidimos en que, pese a que todos los ataques terroristas masivos en Europa en los últimos años han sido cometidos al grito de “¡Alá es grande!”, sería una injusticia monstruosa criminalizar a todos los musulmanes. Pero, de algún modo, esta norma de equidad elemental no se aplica a todo un sexo, a la mitad de la humanidad.

Ha salido un político extremeño, el socialista Guillermo Fernández Vara, con un mensaje en el que dice que “a las mujeres las matan, a las mujeres las matamos los hombres por haber nacido mujeres”.

Si el señor Fernández Vara quiere confesar algo, que lo haga en la Comisaría, pero que no ensucie el buen nombre de mi marido y de mis hijos. Este demagogo de tres al cuarto no soñaría con generalizar igual ante un atentado yihadista ni hasta arriba de vino peleón.

Si el brutal condicionamiento al que quiere someter a los varones esta gentuza que nos gobierna tiene éxito -y, naturalmente, efecto no puede dejar de tener-, no van a desaparecer los Abuín, porque no hay sistema perfecto. Sí, en cambio, es probable que cada vez haya menos jóvenes dispuestos y preparados para defender a una mujer en peligro.

Al fanático no le importan las personas y el caso de Diana Quer es doblemente sangrante por ello. Es solo un caso, alimento para su enfermiza campaña de misandria.

Candela Sande
(Fuente: https://www.actuall.com/)

Magnífico homenaje el del sujeto de la foto: insultar al padre, los amigos y
los hombres decentes del entorno de la víctima. Y al lector varón de esta
entrada, así como al “webmaster”. Confío en que los votantes lo recuerden.

PD.: Un añadido propio que dirijo al zafio presidente de la comunidad extremeña: en el ordenamiento jurídico español todavía un crimen es responsabilidad de su autor, no de un sexo, orientación sexual, raza, creencia o cualquier otra particularidad. Si Vd. “mata mujeres” es Vd. un criminal y una basura como ser humano. Pero yo no lo soy. No hable en mi nombre. Mamarrachadas, las justas.

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