El autoengaño en el alcoholismo

Hace unos años, una compañera psicóloga me dijo que no era capaz de comprender a los alcohólicos. No entendía ese autoengaño, ese desprecio por la vida a causa de una sustancia. Por desgracia, este tipo de «profesionales» abundan en el tratamiento de las adicciones. Una perspectiva moralista y sesgada incapaz de dar alternativas atractivas y dinámicas que tan solo ahondan en el sentimiento de incapacidad y perpetúan una culpabilidad paralizante.

Hay que entender que el autoengaño en alcoholismo es uno de los factores que intervienen en la continuidad de la adicción y en la aparición de recaídas. Sin embargo, el autoengaño no es lo que provoca la adicción y sí en muchos casos el factor decisivo que la mantiene. Entendiendo esto, podremos desentramar el autoengaño en el alcoholismo para devolver una visión más rehabilitadora del comportamiento adicto.

El alcoholismo se considera cada vez más por los expertos como un trastorno biopsicosocial y teniendo en cuenta su etiología y su evolución, es imposible hacer caso omiso de los factores ambientales. Como hemos señalado, es crucial para entender el autoengaño y la perpetuación del problema (Zucker y Williams, 1994).

Chico con problemas de alcohol

Alcoholismo como tratamiento o evitación de una realidad aversiva

Las personas con una adicción pueden parecer completamente irracionales e incomprensibles para los demás. Con pena teñida de exasperación, los no adictos se preguntan cómo una persona puede estar tan equivocada y no ver el dolor que puede estar causando. ¿Cómo puede el autoengaño en el alcoholismo ser tan destructivo?

Gregory Bateson fue el primero en intentar entender el alcoholismo a través de una epistemología compleja. Su ensayo titulado La cibernética del yo: una teoría del alcoholismo considera el comportamiento alcohólico como una experiencia correctiva.

Si en cierto modoes la vida sobria del alcohólico quien lo empuja a beber, no deberíamos esperar que los procedimientos destinados a la sobriedad reduzcan o «controlen» su alcoholismo.

El mismo entorno que te empuja a la adicción no te saca de ella

Hay estilos de vida sobrios que empujan a beber. Realidades, discusiones y recuerdos que solo piden ser anestesiados. Hay normalidades que contienen un error, incluso una patología para muchas personas demasiado sensibles antes de terminar siendo adictos. No encuentran la embriaguez en la propia vida, en su trabajo o familia. En su propia existencia.

La intoxicación solo trae una corrección (subjetiva) de este error existencial. En otras palabras, para estas personas en comparación con su sobriedad, la intoxicación es «buena».

Para Luigi Cancrini (1993), el alcoholismo, como la adicción a las drogas, puede verse como un intento autoterapéutico ante las dinámicas relacionales y familiares que son fuentes de sufrimiento.

Una vez que el alcohol solo destruye, ¿cómo actúa el autoengaño para seguir bebiendo?

Los tratamientos más contemporáneos del autoengaño se han centrado legítimamente en el requisito de intencionalidad de Butler. Cuando estamos motivados para creer algo, tendemos a operar con cierto sesgo de confirmación. Buscamos evidencia que respalde nuestra creencia y tendemos a no dar tanto a lo que la desafíe.

Las personas aceptan más fácilmente como evidencia lo que está delante de sus ojos, especialmente cuando respalda sus creencias. Por lo tanto, el autoengaño en el alcoholismo implica una creencia motivadora, aunque sea falsa.

Muchas de las personas que tienen una adicción no consideran que tengan un problema. Solamente entran en una intervención por el empuje y la fuerza del entorno. En este caso, las personas acudirían a terapia por los demás -porque no sufran, por no verlos sufrir, por no aguantar cada día la presión a la que se ven sometidas-, y no por ellas mismas. En estos casos, es probable que la persona siga la intervención «de cara a la galería».

Además, puede basar su idea de ausencia de problema señalando a otros en su círculo de conocidos que consumen más que él y que aún no han experimentado daños. También puede ser una excusa señalar el hecho de que en el pasado ha detenido el consumo cuando ha querido.

Mujer alcoholica

El autoengaño como forma de seguir creyendo en sí mismo/a

Mientras la motivación permanezca dormida para una persona, será muy difícil convencerla de la falsedad de una creencia. En cambio, si una persona puede comenzar a comprender lo que la motiva a mantener ciertas creencias y puntos de vista, adquiere un conocimiento crucial.

La adicción es, en cierto sentido, un hábito. Un hábito que se hace automáticamente sin intención consciente. Cuando ralentizamos las acciones habituales al preguntar por qué estamos haciendo algo, nos retiramos del modo de piloto automático.

En conclusión, comprender el autoengaño y el sesgo de confirmación puede proporcionar un terreno común para las personas que quieren entender como otras pueden ser presas de sus propias adicciones. Dentro de esas personas, debemos situarnos los profesionales de la psicología en primer plano.

Cristina Roda Rivera

Licenciada en Psicología por la Universidad de Almería. Máster en Intervención Psicológica en Justicia, Salud y Bienestar Social por la UCO. Máster PIR en Academia APIR. En el año 2010 hizo prácticas en diversos centros de Salud de Córdoba y provincia (psicóloga para el Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba).

Trabajó como psicóloga y educadora de la salud en Asociación Emet Arcoiris y como coordinadora de psicólogos en Menteágil, En los años 2017-2018 fue psicóloga y formadora para escuelas infantiles (Barcelona, empresa Talkabout). Junto al psicólogo José Olid redactó un libro sobre terapias de tercera generación. Actualmente, dirige un proyecto @psicotiadanas, asesoramiento psicológico online.

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