El andrógino como constructor del deseo contemporáneo

por Atrevete y despierta
fuente  delirious heterotopias delirantes.

Posted: 18 Jan 2018 09:26 AM PST

Todo lo que venimos diciendo sobre el papel central del andrógino en la producción de violencia de género, se aplica en general a la socioingeniería del deseo contemporáneo.

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Como hemos mostrado, lo que se enmascara tras la pareja aparentemente heterosexual que domina en las pantallas hollywoodenses puede interpretarse como una síntesis de una trinidad masculina-femenina-masculina, en la que una de las figuras masculinas es el hombre, y las dos figuras femenina y masculina restantes se funden en un hombre transexualizado en mujer.

De hecho, estamos propiamente ante una figura doble, dado que se trata a menudo de programados mentales con una mente múltiple, con un complejo sistema de álters masculinos y femeninos, de los que el profano solo ve, externamente, los femeninos. Esto es, estamos ante un exterior femenino, pero que esconde un interior masculino, aunque sea en lo más profundo de su núcleo (core) mental.

Frente a la figura del hombre, que tiende a ser más simple, más integral, más predecible, más natural, esta mujer aparente desempeña el papel central en la manipulación. Precisamente, porque es la que está conformada por una personalidad más múltiple, más variada, más engañosa, más diabólica. Algunos creen que esto es, de hecho, literal, y que un papel importante lo desempeña la posesión demoníaca de estas figuras andróginas o transexualizadas.

Como venimos diciendo, hay una asimetría fundamental entre el hombre y la mujer naturales. Y de ahí que haya una asimetría también en la materialización del andrógino. El andrógino tiende a ser la mujer, y en los casos más extremos, el andrógino es un hombre transexualizado en mujer. Y esta asimetría, como decimos, tiende a darse también en lo que a la programación mental mediante trauma se refiere.

De ahí que sean más abundantes las esclavas sexuales, incluidas aquellas que son esclavos hombres, que son transexualizados en mujeres como parte de la programación.

Y lo mismo pasa con la programación blanda. Las mujeres de las sociedades profanas son mucho más víctimas de esta programación blanda que los hombres, en la medida en que su papel en la fertilidad es más crítico. En la medida, como decimos, que el papel más múltiple, más disociado, lo desempeñan más a menudo las mujeres que los hombres en el escenario del poder, aunque en el interior sean hombres transexualizados en mujeres.

Decimos que, de las numerosas fórmulas que los magos negros-ingenieros sociales utilizan para pervertir las relaciones humanas naturales y sanas, una de las más habituales es el hombre relativamente normal, si acaso algo androginizado, pero sobre todo una mujer fuertemente androginizada, si no es el caso de un hombre transexualizado en mujer. Dicho de una manera simplificada, el hombre lo es al interior y al exterior, pero la mujer lo es solo exteriormente, mientras que interiormente tiende a ser un hombre.

Pues bien, esto es clave para comprender cómo los ingenieros sociales están construyendo el deseo y las relaciones en general. Hablamos de deseo en el sentido más profundo del término, como deseo de unión y reproducción de los bíoi para conformar zoés. Este deseo profundo, vital, existencial, es el que el sistema viene tratando de convertir, desde hace milenios, en burdo deseo sexual infértil. Sobre todo en las últimas décadas, en las que toda esta agenda satánica se ha acelerado exponencialmente.

Y es que, como vamos a intentar mostrar, es precisamente esta androginización, y en su límite, el transexualismo encubierto, la principal culpable de la escisión entre sexualidad y fertilidad. Ya hemos visto que es también la principal culpable de la producción de violencia de género, que está evidentemente vinculada a esta escisión de sexualidad y fertilidad. Pero insistimos en que su culpabilidad es limitada, en la medida en que el andrógino es una víctima y un frente que esconde el poder-religión real que maneja los hilos desde detrás del escenario.


[El título del filme “Pretty Woman” (‘Mujer hermosa’) funciona como disparador de programación mediante trauma, de manera que el espectador-esclavo de control mental vea una mujer donde hay un hombre transexualizado.]

Así es que, lo que vemos en escena es, a menudo, un hombre relativamente simple y otra figura andrógina, disociada, múltiple, desestructurada, que el sistema nos vende como sofisticación, sibilinismo, sutileza, estilo, etc. Aquí es donde vemos la identificación de esta figura andrógina con el demonio, con la serpiente, con la tentación.

La tentación no es la de la transgresión puramente sexual. La transgresión fundamental es la de la relación heterosexual natural y fértil. ¿Se entiende esta sutileza? Lo verdaderamente diabólico es la relación homosexual enmascarada tras la relación heterosexual. Porque es infértil y porque es mentirosa. Si es así es porque, como venimos diciendo, todas las sociedades sanas han comprendido la amenaza para su subsistencia que representaba esta androginia y este transexualismo. Y especialmente el transexualismo encubierto, que es el colmo de este diabolismo, el extremo de la manipulación y de la encarnación del mal.

Esta figura andrógina, que como decimos tiende a representar el papel de la mujer en el escenario del poder-religión, es sublimada, adorada, hipostasiada. Pero en realidad es una figura caracterizada por la desestructuración mental, la disociación y la multiplicidad, la psicopatía, que está atrapada en un círculo vicioso sadomasoquista en el que encarna, alternativa y progresivamente, los papeles de la víctima y del verdugo.

Pues bien, esta figura desquiciada es el centro de la ingeniería social. Es la referencia con la que se identifican las mujeres normales. Es el objeto del deseo de los hombres normales, el modelo con el que comparan a las verdaderas mujeres de la calle.

Evidentemente, esto no puede producir más que confusión, esto es, más disociación y multiplicidad, más programación mediante trauma, más contradicciones y conflictos. Y este es el factor fundamental que produce la violencia de género. Lo que pocos están comprendiendo hoy.

Las mujeres normales de la calle, al tomar como modelo a esta doble figura, se disocian en una feminidad exterior y una masculinidad interior. Así, la mujer, en el sentido más pleno del término, se va vaciando de sustancia, se va convirtiendo en una cáscara vacía, en la medida en que su referencia es una falsa mujer, una mujer hueca, que alberga secretamente un hombre en su interior. Esto, como es lógico, supone una escisión entre sexualidad y fertilidad, pues evidentemente ese hombre enmascarado en un cuerpo de mujer, es todo menos maternal.

Y esto mismo ocurre en el otro sentido. Los hombres normales que presencian esta escenificación hollywoodense, en el sentido más amplio del término, tienden a idealizar esta figura de mujer falsa, vacía, muy sexual pero nada maternal.

De esta manera, la maternidad y todo lo que se asocia con ella es sutilmente demonizada. Aquí vemos otra vez cómo el satanismo-luciferismo está en el corazón de toda esta agenda y se extiende al conjunto de las sociedades. Cada vez más, el satanismo se convierte en la norma, pero de manera no declarada, lo que lo hace aún más poderoso. Sin que las sociedades sean conscientes de ello y sin que lo reconozcan.

Insistimos en que hay otras fórmulas posibles y otras relaciones entre actores y espectadores, entre programados duros y blandos, pero el papel central lo juega esta pareja de hombre y de mujer fuertemente androginizada, que es por ello la protagonista de la ingeniería social.

Así es como se están construyendo, en gran medida, el deseo y las relaciones humanas contemporáneas. Así es como se está consiguiendo separar la sexualidad y la fertilidad, esto es, el mero deseo sexual y el deseo profundo de los bíoi de conformar zoés. Así es como el puro deseo sexual está sustituyendo, pero también encubriendo, el profundo deseo vital de los grupos humanos.

Y evidentemente esto tiene connotaciones tremendas a nivel vital, emocional, espiritual. Es, de hecho, el principal problema de nuestro tiempo. Por eso tan poca gente estamos hablando de él.

Todo lo que decimos está en el corazón de las relaciones humanas, tal como son construidas por los magos negros e ingenieros sociales. En este sentido venimos diciendo que la androginización está en el corazón de la ingeniería social. Y a su vez, en el de la producción de violencia de género. Por eso aún menos gente está hablando hoy de estas vinculaciones profundas.

Todo esto permite comprender hasta qué punto lo que domina hoy es el hombre y el patriarcado, a pesar de que pueda parecer otra cosa. El protagonismo de la mujer es un espejismo, es una pura fachada, pues, como decimos, la mujer es la que más sufre esta androginización, a menudo hasta el punto de ser una pura máscara que encubre a un hombre natural.

Y evidentemente todo esto tiene mucho que ver con la producción, por parte del sistema, de la homosexualidad, como fenómeno estrechamente vinculado a la producción de violencia de género. Y todo ello a esta perversa androginización.

Todo esto significa que el modelo de sexualidad dominante, el que promociona en el poder, es el homosexual, a menudo encubierto por el heterosexual.

Pero, a su vez, todo esto nos permite comprender la profunda vinculación entre esta sexualidad autónoma, separada de la fertilidad, y la homosexualidad.

Así, aunque esto pueda parecer contradictorio, lo cierto es que las relaciones heterosexuales normales, de la gente de la calle, están siendo construidas tomando como base estas relaciones homosexuales de los programados duros. Y en particular, las relaciones homosexuales encubiertas entre dos hombres, que como decimos son las que dominan, en las pantallas hollywoodenses, bajo la apariencia de relaciones heterosexuales. En suma, las relaciones heterosexuales normales están tomando como base, predominantemente, relaciones homosexuales entre hombres. Y además, encubiertas. Como es lógico, esto no puede más que producir violencia de género.

Y lo mismo se puede decir de la sexualidad no fértil, supuestamente libre o liberadora, emancipadora, anti autoritaria, anti patriarcal, etc. Todo esto es solo una apariencia, un lugar común. Pues, como estamos tratando de mostrar, toda la ingeniería social gravita en torno a una agenda fuertemente patriarcal, atravesada por la dimensión política de manera muy sofisticada, mediante la infiltración del hombre en la mujer aparente, mediante la infiltración del programado duro en las sociedades profanas.

En realidad, el paradigma profundo que se inculca es el de la relación homosexual de dominación entre dos hombres. Que es evidentemente la fórmula de las sociedades secretas que impulsan esta agenda. Homosexualidad coactiva y jerárquica muy vinculada a la pederastia, cuando no al incesto. Este es el trasfondo de la llamada liberación sexual, que pocos han comprendido. Fenómeno de recuperación política y de disidencia controlada orquestado por las logias y las agencias de inteligencia, en el marco de la transhumanización.

Así, la sexualidad libre heterosexual se construye, en realidad, sobre la base de la relación homosexual y pederástica coactiva, agresiva, entre dos hombres. O dicho de una manera más burda: la violación anal está en el trasfondo del coito libre.

Todo esto está delante de nuestras narices, pero no lo vemos. Porque, precisamente, de eso es de lo que se trata.

Pedro Bustamante es autor de “En el nombre del Falo y del Ano y de la Matriz transhumana: El sacrificio de la maternidad y el nacimiento del infrahumano” (2017), “Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)” (2016) y El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses” (2015).

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