Para el filósofo Javier Gomá, con cada retrato de los doce escritores y escritoras que comunican su mística a través de sus libros, Narbona «dibuja un ensayo sobrehumano de ser humano; el conjunto nos convence sobre la necesidad de dotarnos de una capa de misticismo que sacuda nuestra cotidianidad intrascendente». Imagen de Mystic Art Design en Pixabay.

Peregrinos del absoluto. La experiencia mística, de Rafael Narbona, con prólogo del filósofo Javier Gomá, reúne y reflexiona sobre doce pensadores y pensadoras, todos ellos escritores, que sienten la mística y la transmiten a través de sus obras. Su autor asegura que esta, la mística, sigue perfectamente viva.

Peregrinos del absoluto, de Narbona (Taugenit).

Peregrinos del absoluto, de Narbona (Taugenit).

Dice Rafael Narbona que la mística no pertenece al pasado, sino que, muy al contrario, está de plena actualidad y hoy es obligado acercarse a ella. «En el momento actual es casi un imperativo —explica el autor, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación—. La pandemia nos ha recordado que somos frágiles, que somos finitos. Es fundamental preguntarse qué sentido tiene la vida, por qué estamos aquí. El hombre es un animal metafísico. Yo no creo que sea posible una existencia humana sin hacerte determinadas preguntas: qué es el hombre, qué podemos esperar, qué debemos hacer… Pienso que lo más determinante en el ser humano no es la búsqueda de placer, como sostenía Freud, ni el afán de poder, como afirmaba Nietzsche, sino la búsqueda de sentido, que es lo que afirmó Viktor Frankl, superviviente de Auschwitz, psiquiatra y autor de El hombre en busca de sentido. El hombre, especialmente en las circunstancias más trágicas, necesita encontrar una base sobre la que sostenerse, o al menos algo contra lo que rebelarse, como era el caso de Emil Cioran, que era un místico de la nada, o de Georges Bataille, un místico de la transgresión».

Doce místicos sin piedad 

¿Qué y quién une a autores de siglos muy diferentes y aparentemente tan dispares como Pascal, Cioran, Unamuno, Kierkegaard, Teresa de Jesús, Rilke, Simone Weil…La mística. Cada uno la suya y cada uno experimentada en un sentido. Y ahora el profesor de Filosofía, escritor y crítico literario Rafael Narbona los recoge en este Peregrinos del absoluto y analiza, uno a uno, la vertiente mística de su pensamiento y el concepto en el que mejor la reflejan.

«El hombre es un animal metafísico. Yo no creo que sea posible una existencia humana sin hacerte determinadas preguntas: qué es el hombre, qué podemos esperar, qué debemos hacer…». Rafael Narbona

Miguel de Unamuno y la mística de la duda; Teresa de Jesús, de la felicidad; Søren Kierkegaard, de la libertad; Emile Cioran, de la nada y Georges Bataille, de la transgresión, como señalaba Narbona; Etty Hillesum, de la alegría; Rainer Maria Rilke, de la noche; Juan de la Cruz, del desamparo; William Blake, de la imaginación; Blaise Pascal, del corazón; Simone Weil, del amor fati; y Thomas Merton y la mística del rostro. Doce hombres y mujeres, «doce testimonios que conforman una galería impresionante de místicos, unidos por el elemento común de ser escritores que usan la literatura para registrar su vivencia extrema y comunicarla a los demás», escribe el filósofo Javier Gomá, director de la Fundación Juan March, en el prólogo del libro. Doce espíritus místicos sin piedad a la hora de transmitir su interior, que no ponen barreras para reflejar su experiencia en sus obras. Los escritos como vía de reflexión íntima de sentimientos y de transmisión de lo vivido y reflexionado. «Cada retrato dibuja un ensayo sobrehumano de ser humano —explica Gomá—; el conjunto nos convence sobre la necesidad de dotarnos de una capa de misticismo que sacuda nuestra cotidianidad intrascendente».

Relación entre filosofía y mística

El desencanto con el mundo no ha borrado el anhelo de trascendencia del ser humano. Lo místico suele relacionarse con las primeras manifestaciones de lo sagrado, pero, hoy, con la crisis del sentimiento religioso, se ha convertido en un signo del porvenir. Incluso hay una mística atea, advierte Narbona.

Para el filósofo austriaco Wittgenstein, lo místico es que el mundo exista, que haya algo en vez de nada. «En las lenguas latinas, lo místico evoca el misterio, lo que no comprendemos, lo que se revela inaccesible a la razón y la palabra, pero que no cesa de convocarnos imprimiendo espesor a nuestras vidas», dice Narbona. La mística no es una vivencia colectiva. El contemplativo busca la soledad; se aparta del mundo, pero no lo odia. Busca la hendidura que permite descubrir lo que no aparece en la experiencia cotidiana.

«Una galería impresionante de místicos unidos por el elemento común de ser escritores que usan la literatura para registrar su vivencia extrema y comunicarla a los demás». Javier Gomá

¿Qué relación existe entre la filosofía y la mística? «La filosofía nace como filosofía primera, como teología. Aristóteles dice que la filosofía nace del asombro, pero el asombro nos lleva directamente a las preguntas fundamentales: qué es el ser, qué es la caridad…», explica Rafael Narbona. «La mística no se agota a partir del siglo XVII, sino que está presente en toda la historia de la filosofía. Henri Bergson habla de la necesidad de una intuición mística en el siglo XXI, porque el ser humano nunca se va a conformar con vivir a la deriva, ni como un animal más; siempre buscará un sentido, algo que le ayude a comprender el esfuerzo creador de la vida. La mística no es simplemente aludir a Dios, al Dios de la tradición católica o de cualquier otra tradición, sino la búsqueda del fondo último del ser. Estamos abocados a bucear en la realidad buscando un fondo al que agarrarnos. Bergson ya habló de que el siglo XXI debería ser un siglo místico».

Como señala Gomá, «los estudios que componen Peregrinos del absoluto serían oportunos en cualquier época de la cultura, porque atañen a la invariable condición humana. Pero lo son particularmente en la nuestra, pues la Modernidad tardía ha declarado su descreimiento sobre cualquier modalidad de absoluto. Hemos pasado del sano relativismo —que nos protege frente al riesgo de beatería— a un relativismo furioso, obnubilado, que nos desposee de la idea de Todo y clausura cualquier forma de mística, privándonos de una experiencia constitutiva de lo humano».

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Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

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