«Tenemos que hablar en mi despacho», así cambió la perspectiva de vida de Susana para siempre
 

Tras detectarle un cáncer de mama esta mujer decidió postponer su tratamiento oncológico para no perder su «comodín» de ser madre

Susana estaba acostumbrada a realizarse revisiones ginecológicas por unas lesiones beningnas en una de sus mamas. Sin embargo, su rostro (y su vida) cambió radicalmente cuando el médico le comunicó que había una imagen en su mamografía que no les gustaba. Poco después, tras una punción y biopsia, su radióloga, Cristina Romero, le dijo «tenemos que hablar en mi despacho».

«Yo soy una mujer muy serena —confiesa Susana—, pero en cuanto me confirmó que tenía cáncer me puse a llorar y llorar. No podía parar. Recuerdo que eran unas lágrimas muy diferentes a las que he podido tener en cualquier otra ocasión en mis 36 años de vida. Solo pensaba en una cosa: me muero».

Su doctora, en un intento de calmarla le aseguraba que el tumor era pequeño, que tenía buenos indicadores y que el cáncer de mama se cura en un 90% de los casos. «Me dio igual. No quería estar cada dos por tres con revisiones, mamografías, punciones… Decidí hacerme una mastectomía bilateral completa. Después, mi oncólogo me dijo que empezaría de inmediato un tratamiento con quimio».

En ese momento se plantó. «Reflexioné sobre mi vida y me di cuenta de que nunca había querido ser madre. Pero, una cosa es no quererlo y otra bien distinta pensar que por el tratamiento quizá nunca ya podría serlo. Salí de allí echa un mar de dudas y con la presión de tener que sentarme en un par de días en un sillón para empezar la quimio».
«No quería perder el «comodín» de ser madre»

Al comentar mis miedos con una amiga, me habló de la clínica de fertilidad IVI que disponía de consulta para pacientes oncológicos que podría ayudarme a tener otra versión y resolver mis miedos. «Me explicaron allí que, ante la idea de conservar mis óvulos sanos con intención de poder usarlos una vez curada si así lo deseaba, debía esperar un mes, un ciclo menstrual para estimular la ovulación. Es decir, tomé la decisión de retrasar un mes mi tratamiento oncológico. No quería perder el «comodín» de ser madre», asegura.

Explica que cuando se lo comentó a su familia todos se echaron las manos a la cabeza por su decisión de no querer empezar cuanto antes el tratamiento oncológico, que para ellos era lo primordial, lo único. «A mí el cáncer me cambió por completo mi perspectiva de vida».

Pasó el mes y pudo conservar sus óvulos. Comenzó entonces su tratamiento hormonal con tamoxifeno. «Al final no fue quimio, de lo que me alegré mucho, pero estas pastillas me pasaron factura. Empecé a sentir síntomas de una menopausia, pero a los 36 años. Fuertes dolores de huesos, aumento de peso, bajada de la líbido… Me tomé esta medicación más bien por mi familia, porque yo estaba segura de que con la operación de mamas ya era suficiente».

Eliminar «restos» de su cuerpo

El protocolo era estar tres años con el tratamiento. Cuando lo finalizó, decidió estar un año sin tomar nada para liberar su cuerpo de cualquier «resto». Pasado año y medio cumplió su deseo. «Me hice la fecundación in vitro con mis óvulos y, tras un aborto de ocho semanas de embarazo, volví a quedarme embarazada. Hoy tengo un bebé precioso y completamente sano que se llama Manuel —asegura orgullosa—. Fue maravilloso escuchar cómo lloraba sin cesar al nacer y sentir cómo al poner su mejilla junto a la mía dejaba de llorar y comenzaba a lamerme la cara». 

Susana apunta que del cáncer se sale: «es una carrera de fondo de un año»

La experiencia y valentía de esta mujer que, en el momento más difícil de su vida decidió apostar por la maternidad más que por ella misma, le dan fuerzas para pensar en las mujeres que hoy están pasando por un cáncer y lanzarles un mensaje: «De esto se sale. Es una carrera de fondo de un año. Que se permitan la licencia de llorar hasta vaciarse, pero que luchen. Que piensen, además, que las mamas son órganos de los que afortunadamente podemos prescindir para seguir viviendo. Y, muy importante, que aunque confíen plenamente en su oncólogo, que sean capaces de decidir por ellas mismas en función de la vida que desean tener. Yo lo hice, para mí la maternidad, que era algo secundario, pasó a ser prioritario cuando supe de mi cáncer, y eso que no tenía pareja. Supe recolocar mis prioridades y asumí el riesgo. Hoy soy una mujer plenamente feliz», concluye.

 

Esta madre supo recolocar mis prioridades y asumió el riesgo de la maternidad

Laura Peraita

Vicente Ferrer

Entender que somos parte del todo, un universo lleno de almas que en el fondo son una sola, ver el Alma de las personas con las que trabajo, es lo que me hace ver la grandeza de las personas y de esta preciosa profesión que es el coaching.

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