Decir lo que piensas tiene muchos beneficios. ¿Te atreves ya a practicar este arte?

 Decir lo que piensas y practicar el arte de la honestidad tiene increíbles beneficios para la salud.

En esta sociedad de las medias verdades y las mentiras enteras, las personas honestas suelen estar en peligro de extinción.
Ahora bien, algo que nunca debemos perder de vista en nuestras brújulas emocionales es que decir siempre la verdad sobre nuestros pensamientos, juicios y opiniones tiene un límite: el del respeto personal, la consideración y la empatía.
Decir la verdad a veces puede traer sufrimiento, lo sabemos, pero si ese dolor momentáneo ayuda a que la persona que tenemos en frente crezca y asuma una perspectiva con la cual madurar y mejorar la convivencia, habremos hecho algo positivo.
Decir lo que piensas requiere una dosis de valentía, unas gotas de seguridad personal y unos terrones de autenticidad.
Te explicamos a continuación todo lo que este arte puede hacer por ti.
1. Si dices lo que piensas duermes mejor por la noche
Pocas cosas pueden ser tan beneficiosas, relajantes y saludables como irnos a la cama con una conciencia tranquila.
Las personas que dicen lo que piensan, con respeto y asertividad, tienen una mejor salud emocional y combaten mucho mejor el estrés.
Este arte, el de ser sinceros y hablar sin miedo, con el corazón en la mano, requiere de tiempo y práctica, pero te aseguramos que puede ser el mejor remedio para ese insomnio ocasionado por las presiones del día.
2. Las opiniones de las personas dejan de importarte
Cuando uno empieza a dejar ir lo que le molesta, a traducir en palabras las preocupaciones y a poner límites a su día a día para que otros no vulneren su dignidad, deja de preocuparse por las críticas ajenas.
Desde el momento en que empezamos a actuar con valentía, dejando claro lo que somos, lo que nos identifica, lo que nos molesta y lo que no queremos para nosotros, deja de preocuparnos lo que puedan pensar sobre nuestra persona.
Porque cuando uno sabe quién es, lo que piensen los demás carece de valor.
3. Deja de preocuparte por agradar o no agradar a quienes te rodean
Cuando dices lo que piensas, deja también de preocuparte la necesidad de agradar a toda costa a los demás.

  • Tienes ya muy claro que, quien te elogia, te quiere y te respeta, es porque de verdad lo siente, porque es tan auténtico como tú, porque sabe lo que vales y admira tu forma de ser.
  • No podemos olvidar que uno de los enemigos más claros de nuestro crecimiento personal es la necesidad constante de agradar, de ser como los demás esperan o de encajar en el universo de todos aquellos que nos envuelven.
  • Pensar y actuar de este modo nos roba el bienestar y la autoestima. No tengas miedo de expresarte tal y como eres, no temas decir en voz alta lo que piensas.
A quien no le agrade, que se aleje. Porque quien tome distancia de ti por lo que dices o haces, es que no armoniza con tu identidad, con tus raíces.
4. Llega un momento en que solo te preocupas por algo: hacer aquello que te hace feliz
Llegar a esa etapa de nuestra vida en que solo damos prioridad a nuestro bienestar no es un acto de egoísmo.
  • Nuestra sociedad está tan orientada al “quedar bien”, al “cuida del otro aunque a ti te cueste la salud y la integridad”, que ha llegado un punto en el que hemos olvidado cuáles son nuestras prioridades vitales.
  • Callar para no ofender, guardar silencio para que no nos critiquen o disimular que algo no nos ofende cuando en realidad estamos hechos polvo no tiene ningún sentido.
  • Debemos entender que cuidar de nuestra autoestima no es, ni mucho menos, atacar la del que tenemos enfrente.
Cuando cuidamos de nosotros mismos entendemos también que los demás merecen respeto. Es una regla sencilla que merece la pena poner en práctica en el día a día.
5. Estás en paz con la vida
Cuando dices lo que piensas y te atreves a poner en voz alta lo que sientes sin miedo y sin prejuicios, todo cambia. Te sientes en paz con quienes te rodean y con la vida misma.

  • Decir lo que piensas es como liberar esas cargas que amordazan la mente y el corazón.
  • Hablar con asertividad es invertir en bienestar psicológico.
  • Cuidar de la autoestima es atrevernos a poner límites, a ser siempre honestos, a decir la verdad y practicar ese arte que no se rinde ni claudica.
Así que, ahora dinos… ¿Estás tú en paz con la vida? ¿Llegas por la noche a tu almohada con la conciencia bien tranquila?
¡Atrévete ya a hacer cambios para invertir en tu bienestar!

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