De viaje ­espiritual con ayahuasca

En una pequeña cabaña de madera en medio de la selva peruana, Tomás* flota bajo el techo. Desde ahí arriba contempla su cuerpo, que yace más abajo sobre una estera, relajado y con los ojos cerrados. De cuando en cuando, este joven de 24 años, oye la cantinela en español del chamán que dirige la ceremonia de la ayahuasca. Al momento siguiente, se le presentan imágenes de su infancia. Se ve con tres años, de vacaciones con su familia, un acontecimiento que había olvidado pero que ocurrió de verdad, como le confirman más tarde sus padres. Tomás experimenta de nuevo el miedo del primer día de colegio, la primera pelea en el patio de recreo y, a continuación, contempla escenas de sus vivencias como atleta profesional. Todas estas imágenes se le aparecen de forma extraordinariamente clara y nítida, de manera mucho más real que en los sueños. Durante unas horas se convierte en espectador de una película de su propia vida. Sorprendentemente, no le importa recordar esas emociones tan intensas y en parte negativas. «Me veía a mí mismo hacer todas esas cosas y sabía exactamente qué sentía en ese momento, pero al mismo tiempo actuaba como espectador», me explica.

La ayahuasca es un alucinógeno vegetal. Su nombre significa «liana del alma». Los habitantes de la región amazónica la utilizan desde hace siglos para curar enfermedades físicas y psíquicas. En el siglo xix aparecieron en Brasil las llamadas iglesias de la ayahuasca, a cuyo amparo se usa la sustancia como una suerte de sacramento durante las ceremonias. Una de esas religiones, Santo Daime, se abrió camino desde la jungla sudamericana en los años noventa y se extendió por todo el mundo.

De ese modo, en los últimos años, la ayahuasca ha llegado a llamar la atención de europeos y norteamericanos interesados por la espiritualidad. «La ayahuasca actúa de forma diferente a los “hongos mágicos”», destaca Benjamin de Loenen, fundador del Centro Internacional de Educación, Investigación y Servicios Etnobotánicos de Barcelona. Los hongos también se utilizaban antes en México como medicamento. Ahora se emplean a menudo como droga recreativa. «La ayahuasca ha viajado alrededor del mundo de la mano de su contexto original: se consume exclusivamente durante un ritual dirigido por un “sacerdote”, chamán o terapeuta».

La «poción mágica» es una infusión apestosa, de sabor desagradable, que se prepara con los tallos de la liana Banisteriopsis caapi y las hojas del arbusto Psychotria viridis o una planta de la misma familia. Los ingredientes se cuecen a fuego lento durante varias horas en una olla grande con agua; la proporción exacta de las plantas no está establecida. Tampoco se sabe con exactitud qué sustancias mezcla realmente el chamán.

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