Cuando Michael Foucault probó LSD dijo “es la mejor experiencia de mi vida”, aquí la historia

El uso de psicodélicos ha sido históricamente polémico. La potencia con que estas sustancias cimbran nuestra mente y diluyen fronteras culturales hace de ellas una herramienta con mucho poder, y con un proporcional dobladillo. Como con cualquier otra cosa de la vida, no son completamente malas ni completamente buenas, su papel depende sencillamente de cómo se utilicen. El problema es que la prohibición, no sólo del consumo de la mayoría de los psicodélicos sino incluso de la posibilidad de estudiar a fondo su relación con la mente (esto último, por fortuna, se superó hace pocos años), ha acotado o coartado significativamente nuestra relación (y reflexión) con ellos. 

En todo caso, y a propósito de las fluctuaciones culturales que existen alrededor de los psicodélicos, te queremos compartir cuatro mitos que popularmente se cultivan en torno a estas sustancias y que en nuestra opinión sería muy bueno ir erradicando del imaginario:

 

Un ingrediente de diversión

Los psicodélicos no debieran utilizarse como un aderezo de fiesta y diversión. Sus implicaciones psicológicas y, quizá, metafísicas, son suficientemente importantes como para ahorrarse usarlos en este plan. 

 

Un vehículo infalible de evolución

Si crees que con consumir psicodélicos tu conciencia brillará más o tu evolución personal experimentará un salto cuántico, te equivocas rotundamente. Estas sustancias son herramientas que, con un poco de conocimiento, disciplina y suerte podrían influir significativamente en tu desarrollo personal, pero definitivamente no te ahorrarán trabajo. ¿Cuánta gente no conoces que ha consumido, por ejemplo, ayahuasca, y que si bien tuvieron una experiencia “increíble” a las pocas semanas de su consumo siguen siendo los mismos idiotas de siempre?  

 

Son peligrosos

Los psicodélicos no son peligrosos per se. Es como el mar: no se trata de un cuerpo esencialmente peligroso, o en todo caso su potencial amenaza es proporcional a nuestra falta de prudencia. Los psicodélicos no son un juego, y son catalizadores poderosos, pero no son una amenaza en sí, sólo hay que tener cuidado y consumirlos de la manera más responsable posible. 

 

Salvarán al mundo

Ni los psicodélicos, ni nada más que la colaboración inteligente y sensible de la mayor parte de la población, salvarán al mundo de un destino funesto. Repetimos: estas sustancias no sustituyen en lo absoluto el trabajo individual y colectivo que nos corresponde a cada uno. 

 

Ojalá nos ayudes a transmitir esta información, con miras a hacer de estas sustancias verdaderas herramientas conscientes y no simples evasiones pirotécnicas.

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