Cuando la vida te presenta a la persona correcta, no lo sabes… lo sientes

Solo quienes han tenido la oportunidad de conectarse con esa persona especial, saben que de alguna manera hay un vínculo que se siente casi como preexistente, se siente como sin haberse buscado, como si se hubiesen estado esperando el uno por el otro.

Todos estamos completos es verdad, pero esa combinación de dos seres perfectamente completos, que no buscan sino acoplarse y lo logran sin hacer mayor esfuerzo, como si fuesen dos piezas hechas para encajar, solo nos dan un indicio de que quizás tenemos un plan que no llegamos a concientizar.

Es algo que no se puede apreciar o explicar de manera racional, la convicción de que es La Persona, viene desde otra parte de nosotros que no sabe expresar en palabras lo que se siente, solo se sabe colmado de algo que es lo más parecido a ese trillado “amor a primera vista”, del cual quizás se haya dudado justo hasta ese preciso momento en el que entendemos que no habíamos conocido al amor.

Y ciertamente el amor se construye, se decide, se trabaja, se cultiva, pero cuando tenemos la oportunidad de tropezarnos con esa persona de la cual sentimos pertenecer, que nos cuesta explicarlo, pero tenemos una necesidad de estar, de sentir, de escuchar, de esa persona, como no lo hemos sentido nunca antes y como quizás no lo volvamos a hacer, el amor en este caso se desliga del pensamiento, solo se apodera de nosotros y nos conduce a estar y a permanecer.

Cada persona con la cual nos cruzamos es la que necesitamos en cada etapa de evolución de nuestras vidas, cada una de ellas tiene un propósito grande o pequeño en nuestro camino.

Pero aquella, a la que consideraremos desde un principio como la compañía perfecta y el amor ideal, nos flechará de manera especial, las dudas no tendrán lugar, salvo aquellas que estén asociadas a: ¿se puede sentir tanto?, ¿realmente esto nos está pasando?, ¿qué había sentido yo hasta ahora, qué era eso que llamaba amor?

Y racionalmente intentaremos respondernos, pero la respuesta solo nos la dará nuestro corazón.

Si te preguntas si te habrá pasado algo así, es porque no te ha pasado, cuando pasa lo identificamos sin dudar, sin titubear.

Inclusive cuando por diversos motivos ese amor no nos pueda mantener junto a esa persona amada, nuestro corazón siempre reservará un espacio especial para quien nos honró con su presencia por un tiempo, para quien eternamente vivirá en nosotros en cada latido nuestro.

Porque esa persona será siempre quien ocupe siempre ese pedacito de nosotros.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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