¿Cuál es el futuro del terrorismo?

En estos últimos años hemos visto a medio mundo estremecerse ante el terrorismo. Aunque no ha sido el único tipo de terrorismo, el yihadista ha ocupado masivamente los espacios de periódicos y telediarios. Los atentados que han protagonizado han sido más espectaculares y llamativos, y es que el terrorismo no es un ente estable. El paso del tiempo y el desarrollo de tecnología hacen que el terrorismo también mute y tome nuevos senderos, adaptándose a los tiempos. Ante tal afirmación, cabe preguntarse, ¿cómo será el futuro del terrorismo?

Si bien la pregunta es imposible de responder con absoluta certeza, siempre podemos aventurarnos e intentar hacer predicciones. Si bien a ello se han dedicado diferentes investigaciones, aquí destacamos el trabajo de Mario Toboso, quien propone seis tendencias que definirán el futuro del terrorismo. Aunque solo son escenarios posibles, es útil imaginar lo que no queremos que pase para saber cómo evitarlo.

Futuro del terrorismo 1: la brecha biológica y la cultura del descarte

La población occidental está envejeciendo. Los avances de la tecnología médica van a favorecer vidas más largas y saludables, y también van a hacer que aumente el número de enfermedades degenerativas. Por otro lado, estos cambios van a aumentar el riesgo de conflictos intergeneracionales.

Por otra parte, los avances médicos no estarán al alcance de todos. Esto podría favorecer la supervivencia de los que pueden permitirse acceder a los nuevos avances. La inaccesibilidad de una gran parte de la sociedad a dichos avances podría favorecer la aparición de una nueva criminalidad. Ante este escenario, el futuro del terrorismo podría estar en incentivar la aparición de una insurgencia por la supervivencia en zonas social y económicamente deprimidas.

Sombras de personas

Futuro del terrorismo 2: el nuevo opio del pueblo

El implante de las nuevas tecnologías podría dar paso a la polarización ideológica. En concreto, a dos ideologías: el trashumanismo y el bioconservadurismo. El transhumanismo apoya el progreso tecnológico y pretende que la especie humana mejore aumentando su capacidad física y cognitiva. Pero no de forma natural, sino integrando nanotecnología, robótica, biotecnología, etc. El bioconservadurismo, sin embargo, equivaldría a una opción ideológica beligerante e incluso hostil con el optimismo tecnológico y el transhumanismo.

El auge de estas tecnorreligiones, frente al estancamiento de las religiones tradicionales, podría marcar los nuevos objetivos del futuro del terrorismo. El extremismo ultracatólico o la evolución del yihadismo podrían establecer como objetivos potenciales a personas, corporaciones y asociaciones representantes de dichas tecnorreligiones por identificarlos con infieles o herejes que cuestionan la voluntad de Dios.

Futuro del terrorismo 3: clima de violencia

El cambio climático junto a nuestra voracidad consumista dificultará el acceso a los recursos básicos. Hablamos de agua o de aire con poca contaminación, por ejemplo. Esto favorecerá el conflicto y las migraciones. Junto al cambio climático, el aumento de la población agravará aún más la lucha por dichos recursos. En este escenario, la inestabilidad política surgirá favoreciendo la aparición de milicias, grupos insurgentes, señores de la guerra, mercenarios, grupos paramilitares, cárteles, pandillas callejeras, organizaciones criminales y grupos terroristas.

Aquellos que busquen mantener sus creencias indígenas y tradiciones se sentirán amenazados. Las tensiones sociales causadas por las migraciones y la percepción de una cultura global intrusiva serán más agudas. La marginación, como hoy, seguirá siendo uno de los factores que propicien de la radicalización, lo cual podría aprovechar el futuro terrorismo.

Futuro del terrorismo 4: la máquina de clips

El desarrollo tecnológico dará lugar a la creación de nuevas máquinas. Estas máquinas reducirán el número de trabajadores necesarios. Por tanto, el desempleo aumentará, sobre todo en aquellos trabajos en los que no se requiera de especialización. Con este panorama, la riqueza se concentrará en los grandes capitales, generando mayor desigualdad social y política.

Por otra parte, también surgirán nuevas profesiones, como el diseño de mundos virtuales, la evaluación de riesgos de Inteligencia Artificial, la agricultura vertical, la gestión de aeropuertos de drones, la recuperación de implantes biónicos o el litigio robótico, etc. Según las estimaciones, la profesión que menos riesgo correrá, ya que su pericia no será superada por los algoritmos informáticos, es la arqueología. Las opciones más revolucionarías contra la automatización podrían estar relacionadas con grupos terroristas vinculados al bioconservadurismo, neoludismo o anarco-primitivismo.

Robot con apariencia de mujer

Futuro del terrorismo 5: placebo para las masas

Dados el envejecimiento de la población y las mejoras de la medicina, es probable que la pirámide de población se siga ensanchando en la parte alta. Con el aumento del desempleo, mantener a estas personas con fondos públicos será imposible. Al igual que el acceso a la medicina para todos. Por ello, surgirán nuevas alternativas, como el uso de drogas y otras formas de entretenimiento.

El narcotráfico y el terrorismo, que en ocasiones han ido de la mano, podrían aprovechar la situación. Podrían aprovechar para instaurar mercados de drogas represoras que ayudaran a la gente a “sobrevivir” como los opiáceos. África se convertirá en el mercado más atractivo debido a un abaratamiento de los costes “en detrimento” de México y Centroamérica.

Futuro del terrorismo 6: policía y seguridad del futuro

La mayoría de la población mundial vivirá en áreas urbanas, atraída por el acceso a empleos, recursos y seguridad. Surgirán megaciudades, donde proliferarán los suburbios que podrían convertirse en santuarios del crimen. Lugares perfectos para la producción y el transporte de drogas, personas, residuos nucleares, armas y también para ejecutar la extorsión y el secuestro con intereses políticos o lucrativos. Estas organizaciones criminales prestarían su apoyo a estructuras terroristas por motivos de afinidad ideológica, religiosa o por meros intereses prácticos que conlleven algún intercambio material o transacción económica.

Estos seis escenarios proponen posibles futuros que el terrorismo podría aprovechar. Sin embargo, el futuro no está escrito y estamos a tiempo de actuar para que nuestro futuro sea distinto. Conociendo las caras que podría adoptar el terrorismo, deberíamos ser capaces de combatirlas antes de que se muestren. Tenemos que definir el futuro del terrorismo para que no sea el esperado sino el que deseamos.

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