Los Kennedy, los Romanoff, los Guinness o incluso la familia Hemingway son nombres de familias que, de alguna forma, han caído en lo que se podría llamar una «maldición familiar». Y por supuesto que puede ser grande el miedo a que dentro de mi familia existiera algo parecido. Es por esto que, como experto en constelaciones familiares y psicología, te puedo platicar de mi visión y experiencia en el tema. 

Para empezar hay que considerar que las maldiciones familiares no son más que la repetición trágica de sucesos a lo largo de la historia de una familia. Si estas repeticiones fueran cosas que se pueden considerar benéficas no se tomarían tanto en cuenta. 

Por ejemplo: Si mi abuelo, mi papá y yo somos buenos para los negocios, más que tomarlo como obra de “una buena estrella familiar” se le considera una familia exitosa, donde los logros se atribuyen consciente de la búsqueda de fortuna, más que a un suceso sobrenatural.

Esto nos lleva a la primera parte de la explicación acerca de las maldiciones y es la forma en la cual percibimos las cosas, ya sean “benéficas” o “perjudiciales”. 

Cuando vemos que alguien hace algo positivo, el logro se suele atribuir a la persona por su esfuerzo o talento, y sólo en casos extraordinarios se hablará de buena suerte (como un conocido que tengo que se ganó la lotería dos veces en un lapso de 5 años, pero fuera de estos “casos extraordinarios”, se dirá que quien obtuvo el logro es un buen trabajador, una persona muy dedicada o buena para los negocios, etcétera). 

Sin embargo, cuando se habla de situaciones perjudiciales, en general se le atribuyen esas cosas a factores externos, como la suerte o el destino, y sólo cuando es muy evidente que la persona hizo algo para perjudicarse a sí misma, entonces se tomará como que lo ocurrido fue por su causa. Es por esto que frases como “qué mala suerte”, “se te saló” o “ tuvo la mala suerte de…” son tan usadas. 

Pero, ¿cuál es el fondo de todo esto? A los seres humanos nos encanta pensar que tenemos libertad de elección, es una cosa que, al menos en la sociedad moderna, está muy valorada. Esa libertad de elección se toma como un hecho y como una forma de controlar nuestro destino, sin embargo en la realidad no somos los creadores conscientes de nuestro destino como nosotros pensamos

¿Por qué no lo somos? Porque tenemos muchas ataduras inconscientes que nos pueden “ayudar” o “perjudicar” y si no aprendemos a hacernos cargo de ellas, entonces nuestra preciada libertad se ve perdida

A nivel individual, esas ataduras se manifiestan como una repetición de algo en mi vida que me “pesa” y a veces ese peso viene acompañado de algo muy lindo para mí, pero que de alguna forma no lo elegí realmente. Es como cuando eres el favorito de papá o mamá, es algo que realmente no eliges, algo que se siente lindo por la cercanía y que por otro lado da cierta culpa por los hermanos.

El truco aquí radica en aprender a tener la libertad de elegir. Dicho de una forma muy simple, todo tiene un precio y un beneficio. Por ejemplo, si eliges seguir siendo el favorito de tus padres es probable que el precio sea sentirte culpable de ese lugar especial frente a tus hermanos, ¿quieres pagar ese precio?, está bien. O podrías elegir buscar la manera de dejar ese lugar de favorito y empezar a acercarte a tus hermanos; pero, una vez más, el precio sería perder ese lugar, ¿estás dispuesto a hacerlo? El tema viene en elegir lo que quieres desde la claridad de que sí tienes la libertad de hacerlo.

Algunas cosas que puedes hacer para notar estas “paradojas de libertad” son:

1.Observa y analiza qué cosas y situaciones te incomodan o te disgustan y empieza a ver el beneficio que te trae estar ahí. Esto te ayudará a decidir si quieres seguir pagando el precio. Ejemplo: “Hago dinero con lo que me apasiona, aunque a veces pago el precio de sentirme incomprendido por mi familia” o “Ando con esta persona que realmente no me entusiasma, porque me da seguridad económica o emocional; pero prefiero eso a la inestabilidad de una relación apasionada”. 

2. Imagina que apareces en un mundo diferente donde nadie te conoce. ¿Qué te gustaría hacer? Eso te puede dar señales de las cosas que realmente quieres y por algo no te atreves o te detienes de hacerlas. Muchas veces, esas trabas están en que te preocupas por la imagen que das al mundo, te preocupa lo que los demás puedan pensar o decir de ti si haces tal o cual cosa; por eso en un mundo donde nadie te conociera, te atreverías a hacerlas. 

3. Permítete dudar. A veces, la respuesta de por qué tengo la vida que tengo está en que estoy lleno de seguridades, que realmente son creencias que me detienen en mi progreso de vida. Ejemplo: “Todos los hombres son patanes” VS “Me he dedicado a buscar hombres patanes, ¿hay buenos hombres?”.

4. Sé paciente contigo mismo y de ser posible vuelve a leer este texto, porque aquí menciono muchas cosas “contraculturales” que en un principio pueden ser difíciles de entender en su totalidad, no por falta de inteligencia, sino por que estamos acostumbrados a escuchar que la vida es muy diferente. 

Otra forma de notar una “maldición familiar“ es observar que eso que “sucede” es algo que necesita ser visto dentro de la familia, para después poder hacerte cargo de ello, y así liberarte de la maldición

Además, una de las formas más evidentes de darte cuenta de estas maldiciones familiares es cuando la repetición de sucesos se da en varios miembros de tu familia. De esto te hablaré en la segunda parte de este tema. 

Un abrazo y nos leemos pronto.

Fabio Valdés Farrugia, de Evolución Terapéutica.

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Foto de portada: Wayhomestudio en Freepik

Zaida Bemanar

La conciencia espiritual es la que nos permite tener un propósito claro, reconocer nuestros dones fundamentales y nuestra misión en la vida. Ella ofrece mirarse a uno mismo y al otro de una manera mucho más significativa que lo puramente psicológico o técnico

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