Comunicación real , Metacomunicar e Impecabilidad

Comunicar es poner en común. Nuestras semejanzas, diferencias, sentires.…

Una relación de libertad es una relación en la que circula la posibilidad de decirlo todo. Lo que no es lo mismo que el terrorismo del decirlo todo.

Expresarse no es todavía comunicar, sino un simple ir, sin embargo la comunicación es ir y volver, lo cual conlleva una serie de etapas: -Expresarse (Me expreso) -Recibo la confirmación de que mi lenguaje ha sido entendido. -Escucho la expresión del otro. -Le confirmo que le he entendido.

Esta secuencia tiene retos. El otro no reacciona a lo que yo le digo, sino a lo que el entiende, al eco que mi discurso tiene en él, y a veces hay una enorme diferencia y viceversa. Cuando le hablo a alguien y el diálogo resulta difícil ayuda preguntarle: ¿Qué has entendido? Cuando alguien me habla a mi, también puedo decir: De todo lo que has dicho, te diré lo que he entendido. Confirmar al otro no significa darle nuestra aprobación ni reconocer que tiene razón, sino simplemente admitir su punto de vista como suyo propio.

Las bases de una comunicación real obedecen a tres actitudes fundamentales:

-Reconozco y confirmo la expresión, los sentimientos y las opiniones de otros como suyos. -Me expreso hablando de mi mismo. -Deseo poner en común tu punto de vista y el mío, no oponiéndolos ni confundiéndolos, sino juntándolos. De ahí puede nacer la participación y el diálogo.

Estas actitudes tienen consecuencias inmediatas:

-Invito al otro a que hable de si mismo.

-Reconozco que entenderse no significa tener la misma opinión, punto de vista, ni las mismas emociones.

-Acepto diferenciar lo que viene del otro (que le pertenece a él) y lo que yo siento (que me pertenece a mi).

Hablamos por los demás porque no sabemos hablarles de nosotros, y el discurso de los demás por nosotros durará mientras vivamos, si no nos arriesgamos a apropiarnos de nuestro propio discurso.

Decir / No decir / Escuchar / Entender

El decir más difícil es el decir sobre uno mismo, no sobre el otro, sobre el mundo, sobre la vida…

Hablarle de mi a otro es expresar mi percepción de la realidad, mis sentimientos, mis experiencias.

Nunca insistiremos bastante en la importancia de hablar en primera persona, no en el se, tú, (v)nosotros…

La expresión verbal puede situarse al menos en cinco niveles diferentes:

El nivel de los hechos: el que permite decir lo que ha ocurrido y cómo ha ocurrido. El nivel objetivo.

El nivel de las sensaciones y sentires: es el nivel de lo vivenciado o sentido en esa situación o encuentro.

El nivel del pensamiento, de las ideas: Generalizaciones, valoraciones normativas, consideraciones lógicas. Muchos de nuestros diálogos se desarrollan o al menos comienzan en este nivel racional. Pensamientos discursivos, prefabricados, fugaces…las ideas entrelazan y sostienen las emociones, nos permiten clasificar y asimilar la experiencia y nos protegen de ella, a veces aislándonos de ella. Pensamientos indispensables puntos de referencia, balizas necesarias en el caos o la multiplicidad de las situaciones humanas.

El nivel de la resonancia: Toda vivencia resuena en otro plano más antiguo y nos remite a experiencias grabadas en nuestro pasado. Este estrato afectivo no siempre resulta directa o inmediatamente accesible.

Es como si cada acontecimiento del presente encontrara su eco en un pasado próximo o lejano. Esta reactivación, más o menos consciente, deja huellas que colorean nuestras relaciones y diálogos aquí y ahora.

El nivel del imaginario: También los fantasmas, deseos y su cohorte de imágenes personales pueden ponerse a veces en común. La vida del imaginario, tan central en nosotros, es la fuente privilegiada de nuestra creatividad en el diálogo, con tal de que aceptemos compartirla y el otro pueda entenderla tal como es: una vida imaginada. Con tal que entienda que la traducción de mi imaginario en palabras no significa que vaya a pasar a la acción. Lo propio del imaginario es que necesita ser entendido. No se puede compartir el  imaginario, sólo se puede dar testimonio de él. El imaginario necesita ser respetado.

Muchos malentendidos y muchas frustraciones relacionales se deben a falta de tolerancia, insensibilidad para lo emocional, miedos, cegueras y sorderas diversas. El otro no puede entenderme y me niega esa dimensión, vital para mi de mi vivencia, de lo que siento. Este desfase está en el origen de una increíble cantidad de malentendidos y sufrimientos familiares. Todos esperamos a veces de un modo mágico, que el familiar comprenda nuestros sentimientos, perciba nuestra sensibilidad y reciba nuestras emociones sin apropiárselas

Una comunicación plena es un acto de compartir en el que tengo la posibilidad de expresarme, de ser entendido y de entender al otro, en estos cinco niveles, en los distintos momentos de una relación.

Muchas veces nuestra palabra se queda bloqueada en uno u otro nivel. Según sean las circunstancias privilegiaremos un registro, y con la misma contundencia, evitaremos o rechazaremos otros.

Las comunicaciones fecundas evolucionan libremente de una dimensión a otra. Dejan que la palabra circule en cada una de esas dimensiones. Todo proceso de comunicación debería ser fecundo y portador de apertura y de amplificación.

El miedo a hablar a expresarnos sin trabas, anida en muchas de nuestras relaciones e impide manifestar entusiasmo y creatividad, reteniendo y alimentando el resentimiento vinculado a la frustracion de lo no-dicho.

Muchas veces mi expectativa es de comunicación plena y sabrosa como yo deseo. Cuando esa esperanza con sabor a absoluto me invade, es frecuente que, después de un diálogo me encuentre debatiéndome con un desencanto lleno de inquietud, con una sorda angustia en las tripas o con una ira indecible.

Hay tanta diferencia entre lo que vivo y lo que digo, entre lo que proyecto decir y lo que sale de mi boca…!

Los pensamientos e imágenes secretas del otro se me escapan tanto como mis propias emociones/imágenes.

En toda expresión verbal, que no es aún diálogo, existirá el riesgo de distorsiones y malentendidos entre:

*Lo que yo pienso, vivo o he experimentando…y lo que soy capaz de decir.

*Lo que digo efectivamente con mis medios de expresión …y lo que el otro entiende y comprende, al privilegiar, entre los múltiples mensajes de mi discurso, lo que a él más le impresiona, seduce o amenaza.

*Lo que yo creo que el otro ha entendido…y lo que el piensa que yo he entendido.

Aceptar, antes de intentar reducirla esa distancia entre palabras y lo vivido, reconocer lo incompleta que es toda comunicación verbal, antes de trabajar por hacerla más fecunda.

Sólo puedo quedar satisfecho de una comunicación si acepto sus limitaciones: no es posible decirlo todo. Compartirlo todo, Decirlo todo sigue siendo una ilusión y una trampa, una tentación fusional.

Esforzándonos por alcanzar lo inaccesible, hacemos imposible lo que sería realizable. (P.Watzlawick)

El no decir consiste a veces en señalar el propio territorio. El no decir también tiene que ver con la elección del momento apropiado para ser escuchado. En ocasiones tiene que ver con esperar circunstancias más propicias o de aclararse más uno mismo. El no decir, o no decir demasiado, permite evitar una cierta polución relacional.

Voy a procurar no servirme del otro como si fuera un cubo de basura, volcando en él todas mis preocupaciones, depresiones, enfados, frustraciones…estar cerca de alguien no da derecho a saturarle.

¿Acaso tiene derecho a estar feliz cuando yo me siento tan triste y desgraciado? …. Sí.

Es importante dejar espacio a la soledad. Esos instantes en los que estás y no estás a la vez, pero en los que te siento cerca, tienen la intensidad del momento que precede a la noche, cuando el sol aún está presente.

Estar solo en presencia del otro, sutil comunicación entre dos seres en el interior de si mismos, mientras una fuerza magnética brota de esas dos corrientes paralelas y distintas. Así sucede a veces el amor.

Muchas madres invaden ese frágil espacio y dificultan el aprendizaje básico de la soledad. Intervienen, comentan, hacen preguntas, manifiestan su interés, con buena intención, destruyen ese instante incierto, en el que el niño, ajeno a su madre, se halla en el filo de la navaja entre la soledad-abandono y la relación de dependencia, explorando su capacidad de existir por si mismo, no mermado por la existencia del otro, que sigue siendo importante.

La comunicación libre se apoya en la aceptación y en el placer de llevar una doble vida: mi vida con el otro, con los otros, y mi propia vida, en la que, afectivamente, me basto a mi mismo.

El no decir se basa también en la capacidad de aislamiento espiritual, en la facilidad para sumirse en el propio mundo y en saber compartir una plena soledad.

Metacomunicar

Escuchar es acoger sin juzgarlo. Escuchar activamente es permitir al otro que se exprese más ampliamente y se entienda a si mismo cuando yo retorno o resumo lo que acaba de decir, lo que he entendido de lo que ha dicho. Para escuchar lo primero que he de hacer es callarme también por dentro, silenciar mi reactividad. La simultaneidad de la expresión no es posible, hay que alternarse en la escucha. La escucha es un hermoso regalo.

Cuando me siento no escuchado, no entendido, tengo también mi parte de responsabilidad. Quizás me haya expresado de forma poco clara, demasiado indirecta, esperando que el otro adivinara. Quizás no me he atrevido a expresar mi deseo, mi expectativa, mi petición…

Entender es cuestión de atención. Entender es ir más allá de la mera escucha para captar lo esencial. Se trata de ir más allá de las palabras. ¿En qué registro está hablando (realista, simbólico, imaginario?¿En qué nivel intelectual, afectivo, anecdótico?

Si el otro habla desde un registro racional, si trata de aclarar una idea o un concepto, y sólo veo un aspecto afectivo del asunto, es que no le he entendido. Entender no es responder, y sin embargo, será mi respuesta lo que muestre lo que he entendido o he dejado de entender. Más que mi respuesta, será la calidad de mi presencia lo que de fuerza a mi escucha.

Si deseo mejorar mi comunicación es primordial que sepa entender una petición, un deseo, una necesidad, sin sentirme obligado a satisfacerlo, que sepa entender un problema sin creerme en el deber de solucionarlo. Se trata simplemente, de entender y mostrar que he entendido. Es un alivio cuando no hay oposición o desfase entre las diferentes voces de mi sentir, pensar y de mis valores.

Metacomunicar es salir por un momento del contenido del diálogo para observar la forma, el modo en que se hace o no se hace la comunicación.

Todo proceso de cambio para mejorar mi comunicación con otra persona introducirá además una pregunta sobre mi relación conmigo mismo. Y la primera etapa, jamás concluida, de ese cuestionamiento consistirá en reconocer lo que yo experimento, lo que siento en el momento en que lo vivo: gusto o disgusto, tristeza, enfado o alegría, felicidad, amor o desesperanza.

Si levantamos la losa del furor vengativo, descubriremos una carencia, una pena, un amor herido o maltrecho, una sensación de fracaso y otros muchos brotes aplastados o dormidos a la sombra. Y, junto a todo ello, encontraremos también los gérmenes de futuras flores, de soles que se acicalan para preparar un mañana.

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IMPECABILIDAD CON LAS PALABRAS

Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar el nivel de existencia que yo denomino “el cielo en la tierra”. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras y la intención detrás de ellas crea un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Tú plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas, ¡y la mente humana es muy fértil! Con frecuencia es fértil para las semillas del miedo. Durante nuestra domesticación, nuestros padres y hermanos expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar. Nosotros nos creíamos lo que nos decían y vivíamos con el miedo que nos provocaban sus opiniones, como la de que no servíamos para nada, para algo.

Ser impecable con tus palabras es no utilizarlas contra ti mismo. Si te veo en la calle y insulto, puede parecer que utilizo esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí mismo, porque tú me odiarás por ello y tu odio no será bueno para mí. Si con mis palabras te envío todo mi veneno emocional, las estoy utilizando en mi contra. Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la dirección de la verdad y del amor. Hemos aprendido a hacer lo contrario. Hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito al comunicarnos con los demás, y aún más importante, al hablar con nosotros mismos. No somos impecables con nuestras palabras. El poder de las palabras se emplea a menudo de un modo totalmente erróneo. Las usamos para maldecir, para culpar, para reprochar, para destruir. También las utilizamos correctamente, por supuesto. Pero vengarnos y creamos caos con las palabras. Las usamos para fomentar el odio entre las distintas razas, entre diferentes personas, familias, naciones. Hacemos un mal uso de las palabras y así es como creamos y perpetuamos el sueño del infierno. Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en un estado de miedo y duda.

La verdad es el aspecto más importante del hecho de ser impecable con tus palabras. La espada tiene dos filos: en uno están las mentiras que crean la magia negra, y en el otro, está la verdad que tiene el poder de deshacer los hechizos. Sólo la verdad nos hará libres. Y la verdad nunca será una verdad a medias, sin contexto, utilizando la información que nos interesa y ocultando otra parte. Por eso por encima de razones, está la intención detrás de las palabras.

Considera las relaciones humanas diarias, e imagínate cuántas veces nos lanzamos hechizos los unos a los otros con nuestras palabras. Con el tiempo, esto se ha convertido en la peor forma de magia negra: son los chismes. El chismorreo es la magia negra de la peor clase, porque es puro veneno y la suposición no constatada le es próxima.

el chismorreo es comparable a un virus informático, que no es más que un programa escrito en el mismo lenguaje que los demás, pero con una intención dañina.

Es necesario que empecemos a comprender lo que son las palabras y lo que hacen. Si entiendes lo de Sé impecable con tus palabras, verás cuántos cambios ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de tratarte y en tu forma de tratar a otras personas, especialmente aquellas a las que más quieres. Piensa en las innumerables veces que has explicado chismes sobre el ser que más amas para conseguir que otras personas apoyasen tu punto de vista. ¿Cuántas veces has esparcido veneno sobre un ser amado para hacer que tu opinión pareciese correcta? Tu opinión no es más que tu punto de vista, y no tiene por qué ser necesariamente verdad. Tu opinión proviene de tus creencias, de tu ego y de tu propio sueño. Creamos todo ese veneno y lo esparcimos entre otras personas sólo para sentir que nuestro punto de vista es correcto.

Si adoptamos este acuerdo y somos impecables con nuestras palabras, cualquier veneno emocional acabará por desaparecer de nuestra mente y dejaremos de transmitirlo en nuestras relaciones personales, incluso con nuestro perro o gato. La impecabilidad de tus palabras también te proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que te lance un hechizo. Solo recibirás una idea negativa si tu mente es un campo fértil para ella. Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser un campo fértil para las palabras que surgen de la mala intención, pero sí lo es para las que surgen del amor. Puedes medir la impecabilidad de tus palabras a partir de tu nivel de autoestima. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a la calidad e integridad de tus palabras.

Ahora mismo estoy plantando una semilla en tu mente. Que crezca o no, dependerá de lo fértil que sea tu mente para recibir las semillas del amor. Tú decides si llegas o no a establecer este acuerdo contigo mismo: Soy impecable con mis palabras. Nutre esta semilla, y a medida que crezca en tu mente, generará más semillas de amor que reemplazarán a las del miedo. Este es el  acuerdo al que debes llegar si quieres ser libre, ser feliz y trascender el nivel de existencia del infierno. Es muy poderoso. Utiliza tus palabras apropiadamente. Empléalas para compartir tu amor. Usa la magia blanca. Es posible. Lo es porque yo mismo lo hice y no soy mejor que tú. Somos exactamente iguales. También tú puedes hacerlo. Si yo soy impecable con mis palabras, ¿por qué no tú? La impecabilidad de tus palabras te ayudará a llegar a la libertad personal, a trascender el sueño del miedo y llevar una vida diferente. impecable con tus palabras.                          (D.Miguel. Ruiz)


Las demandas: Los medios que muchos privilegian para manifestar sus demandas son la acusación, la queja o la culpabilización, el “por qué” negativo. Una demanda puede disfrazarse de acusación o de reproche. Demandas disfrazadas de queja o de enfermedad. Los comentarios estériles sustituye a las peticiones claras y directas.

Innumerables intentos de comunicación quedan viciados, de entrada, por la descalificación de aquel a quien queríamos pedir algo.

Lo más difícil en ciertas demandas es cuando el otro responde: “Sí”.

Pedir significa renunciar a la esperanza, tan introyectada en nosotros, de recibir sin haber pedido, de ser comprendidos sin necesidad de expresarnos.

Quien tiene una petición que desea ver cumplida, está obligado a poner los medios, primero para que lo comprendan, y luego, si ve que tiene eco positivo, para alimentarla. En una petición de matrimonio no basta con declararse y proponer fecha. Es necesario aunque solemos olvidarlo aceptar descubrir y decir: lo que espero y deseo. Mis áreas de intolerancia (lo que no es negociable), mis limitaciones, exigencias. Mis utopías, y cuando menos mis fantasías.

Lo no-dicho aglutina la vida de las familias, el silencio sirve de soldadura entre unos y otros. Las fijaciones más obsesivas se articulan en torno a una carencia que busca desesperadamente ser colmada; y esa búsqueda desesperada exarceba y solidifica la dependencia mortífera. “Ella vive pegada a él y pretende cuidarlo. El bebe y ella le controla, y mientras se va deteriorando. Quiere salvarle, quiere que por ella renuncie al alcohol, y desea ser para él alguien especial, la única persona que ha sido capaz de ayudarle. Su vida ha adquirido un sentido, un anclaje. Ella se ha aferrado al cable que él ha echado, y ya no puede soltarlo. El es su obsesión, su preocupación permanente. A causa de él se deprime, pero el es a la vez su antidepresivo”.

El vínculo de carencia se traduce en muchos si…(Si hablara, si se mostrara más disponible, si pudiera comprender, si fuera más segura, qué feliz sería no fueras como eres, y sobre todo, si yo no fuera como soy…!)   que expresan el infierno de unas esperanzas siempre vanas y renacientes. Una carencia no puede ser colmada, la vida se organiza en torno a una carencia fundamental y a las carencias particulares de cada uno.

LOS ENCADENAMIENTOS REACTIVOS O SOBRE LA DIFICULTAD DE PASAR DE LO REACTIVO A LO RELACIONAL.

Hemos experimentado esa violencia que nos hacemos a nosotros mismos al dejarnos llevar por lo reactivo, en detrimento de lo relacional, sin controlar en modo alguno lo que, con una mezcla de malicia y de amargura, sale de nuestros labios. Sabemos que determinadas palabras van a alejarnos, van a herir y van a provocar incomprensión, y sin embargo las pronunciamos, con la creencia equivocada, de que siempre habrá tiempo para arreglar las cosas, o que el otro comprenderá, rectificará u olvidará.

El impasse bloqueo vinculado a una comunicación demasiado reactiva podría solucionarse respetando algunas cosas: qué cada cual hable de si, no del otro, que cuando uno habla el otro escuche y sea consciente de su actividad emocional, que uno y otro traten de asumir la responsabilidad de sus propios sentires, y estén atentos a sus proyecciones, etc.

El impasse real está hecho de deseos demasiado ardientes o inconciliables, referidos al otro y a la propia relación. Una incompatibilidad de necesidades y de posiciones.

El terrorismo del deseo sobre el otro no deja espacio al asombro del deseo hacia el otro.

Para nosotros patológico significa lo que bloquea la evolución.

La dinámica de polaridad visualizada en el otro nos ciega, tanto más cuanto que este juego de espejo empieza muy pronto en la relación, y a veces sólo un tercero nos ayudará a efectuar un reenfoque que nos proporcione una mayor lucidez, y en consecuencia, nos permita un mejor intercambio.

Nuestras proyecciones tienen la función de impedirnos ampliar el campo de nuestro consciente, a menos que las retiremos del punto de enganche que hemos encontrado en el otro, y las reintegremos como algo que nos pertenece. Es como si el inconsciente tratara de hacerse consciente de si mismo proyectando sus contenidos sobre otros.

Los dos reproches fundamentales en una relación amorosa o de pareja son: Has cambiado o….no has cambiado. Has cambiado, cuando yo te quería como eras. O “ no has cambiado, aunque yo prefería que lo hicieras”.

Algunas relaciones están basadas en el sufrimiento. “Me siento amada cuando el se ocupa de mi. Cuando comprende mis penas y hace lo posible por ayudarme, me siento cariñosa”.

La esponja complaciente no se da cuenta hasta que punto alimenta el sistema del otro y le hace funcionar al máximo. “Es tan bueno que los demás comprenden la desgracia y profunda angustia de una!”

De este modo, la supuesta víctima no está dispuesta a dejar de sufrir y a cortar la rama a la que se ha aferrrado: no se encuentra todos los días a un salvador perseverante.

La dinámica es la misma en ambos: consiste en huir de uno mismo, en traicionarse. Es una dinámica frecuente en quienes cuidan de otros y acaban negándose a si mismos.

“Yo hago que mi felicidad dependa de ti, y por lo tanto, tu eres el responsable de mi desdicha”. Estos sistemas pueden desembocar en violencia. Debemos saber que, cuando hacemos algo contra nosotros mismos, acabamos haciéndoselo pagar a alguien. Los caminos hacia la verdad pasan por un reconocimiento de las propias carencias y por una mayor lucidez en relación a nuestros auténticos sentimientos.

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La obligación de responder a las expectativas de orden relacional, la necesidad de satisfacer la demanda afectiva del otro, arraiga en nosotros desde nuestra más tierna infancia, donde no tenemos más estructuras que nuestro instinto de supervivencia, nuestra necesidad de ser reconocidos y aceptados, y nuestras sensaciones corporales y sentires.

En la adolescencia son muchos los que intentan liberarse de responder a las expectativas de su entorno haciendo lo contrario de lo que se espera de ellos. Un intento de liberación que sigue condicionado por la posición del otro. Se trata de liberarse del propio deseo de agradar. Si percibo que lo que el otro espera de mí es que le resista y no le obedezca, me veré tentado a desobedecerle…para obedecerle.

“Un adolescente era incapaz de aprobar el examen de ingreso de una gran universidad, porque ello significaba tener que dejar su ciudad y alejarse de su madre. Suspendiendo era fiel al deseo de su madre de mantenerle a su lado”.

Muchos padres ignoran que sólo ellos pueden autorizar a sus hijos adolescentes a vivir lejos de ellos o de manera diferente de como ellos viven.
(J. Salome  y S. Galland)

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