Complejo de Electra: Cuando la niña se enamora de su padre

Mucho se ha hablado del Complejo de Electra que tiene puntos comunes con el complejo de Edipo. De hecho, podría decirse que es su equivalente enfocado al femenino debido a sus características.

Sin embargo, esta etapa tan normal en el desarrollo de las niñas, a veces es malinterpretada y por ende se le da un manejo inadecuado. Es por eso, que hoy queremos compartir contigo todo lo que tienes que saber sobre el Complejo de Electra.

¿Qué es el complejo de Electra?

El complejo de Electra es una adaptación que hace Carl Jung sobre el «complejo de Edipo femenino» planteado por Freud. Esta diferenciación fue hecha porque Jung consideraba que las dinámicas de interacción eran diferentes entre hijos y madres; y entre hijas y padres.

En este sentido es recomendable que antes de continuar te tomes un momento para leer: Complejo de Edipo: Cuando el niño se enamora de su madre.

En este se explican las dinámicas interpersonales y algunos términos básicos necesarios para describir el complejo de Electra.

En resumen el complejo de Edipo marca la ruptura entre la madre absoluta y protectora como objeto exclusivo del niño, y este debe descubrir el mundo y darse cuenta de que necesita nuevos objetos que le sean propios.

En este sentido y retomando el articulo sobre el Edipo, la niña al enfrentarse con el complejo de Electra debe necesariamente haber creado la ruptura propia del Edipo, etapa común a niños y niñas.

La niña al comprender que su madre no es su objeto absoluto, tiende a enfocar sus afectos sobre el padre. Esto se da principalmente en la etapa en que se realiza en la niña la diferenciación de género, que se da entre los dos y tres años.

La niña desplaza sus pulsiones de objeto hacia el padre que se erige como figura completa ante la pequeña. Al igual que en el Edipo, esta estapa constituye un tránsito normal hacia la vida mental adulta. Pero si no se desarrolla adecuadamente puede generar problemas relacionales.

Tránsito por el Complejo de Electra

El paso por esta etapa en muchos casos suele ser bastante sutil e incluso pasa por desapercibido. Esto se debe a que en la mayoría de los casos, el vínculo afectivo con la madre es bastante fuerte, por lo tanto la predilección por le padre no suele ser tan marcada.

Este es un tránsito dentro de lo que se llamaría «Normal» aunque no es la palabra correcta, pero digamos que es así. Otra forma de tránsito «Normal» se da cuando la niña muestra predilección por el padre, pero esto no interviene en el desarrollo familiar.

También puede darse que las relaciones interpersonales se vean afectadas a un nivel discursivo por la fuerte predilección de la niña por el padre. Por ejemplo, si la niña se niega rotunda y contundentemente a ser atendida por la madre.

Es necesario aclarar que esto último también puede llegar a enmarcarse dentro de lo «común» todo depende de la intensidad y frecuencia del comportamiento.

Un tránsito adecuado por la etapa de Electra puede ir incluso hasta los 5 años, pero, a medida que las relaciones interpersonales crecen en cantidad, frecuencia y personas hacia las que siente empatía, también se diferencian nuevos objetos de satisfacción y se desprende poco a poco de ese padre idealizado.

Problemáticas del complejo de Electra

Inicialmente la niña en su etapa edípica protege su vínculo con la madre y muestra actitudes de protección cuando el padre se acerca a la madre.

Al pasar al momento de Electra, la niña vuelca todos estos afectos hacía el padre, inicialmente solo mostrando predilección, hasta llegar al punto de rechazar el afecto y la atención de la madre.

La niña empieza a entender nuevas formas de relaciones vinculares como las amorosas y tiende a pensar e incluso a manifestar que su padre es su novio o esposo.

En ocasiones, simplemente dice «Es mío» pero ojo, todas las niñas pueden decir eso, por lo que debemos fijarnos en la intensidad y frecuencia de la afirmación.

Cuando se trata de explicar a la niña que el padre realmente es el objeto afectivo de la madre y no el suyo, suelen haber episodios problemáticos con llantos y pataletas, ella no acepta que el padre no es su objeto.

Incluso en los casos en los que la manifestación de la niña es mayor, suele darse muy bien el tránsito si se acompaña de paciencia, diálogo y determinación.

Puede ser muy problemático acompañar este momento con burlas y aprobar el comportamiento. Sin importar si te parece o no gracioso, es importante dejar claro que el padre es la pareja de la madre.

Si la niña confunde este rol pueden darse serias complicaciones patológicas que pueden desencadenar en retrasos en el aprendizaje social e interpersonal.

En muchas ocasiones una mala salida del Complejo de Electra puede desencadenar un sentimiento de rabia hacia el padre por preferir a la madre.

Notas y sugerencias

En primera instancia es importante resaltar que no necesariamente este tipo de actitudes son un problema en primera instancia. Probablemente esto se de en todas las niñas, lo importante es lo que se hace al respecto en dicho momento.

La niña puede simplemente hacerlo por imitación del comportamiento de su madre que es su figura primordial, quiere ser como ella, por ende, quiere tener los afectos del padre exclusivamente para ella.

Sobra decir que la mayoría de estos aspectos se configuran desde el discurso, por ende es muy importante cuidarse de los comentarios imprudentes. Tanto con respecto a la niña, como a la relación de la madre con el padre.

Por ejemplo expresiones como: «Ella está enamorada del papá» «Tan linda como pelea para que yo (Madre) no me acerque al papá» «Ven que tú eres mi novia» o muchas cosas por el estilo pueden reforzar el Complejo de Electra.

Otra forma en la que se refuerza este tipo de pensamiento es a través de las actitudes de celos y reclamos de la madre hacia al padre en frente de la niña. Ésta nota el trato de objeto que se le da a los afectos del padre y cómo se controla y acapara, e imita rápidamente este comportamiento.

Es importante dar tiempo y entablar diálogos profundos al respecto con la niña, paulatinamente ella va a entender cómo son realmente las cosas y renunciará a sus deseos por el padre.

En todo caso, este tipo de actitudes pueden durar largo tiempo mientras los roles se aclaran, incluso puede extenderse hasta los 5 o 6 años.

Es importante tener paciencia y establecer los roles claramente para que con el tiempo la niña pueda encontrar su lugar ideal dentro del cuadro familiar.

Las buenas relaciones en este sentido y la formación adecuada de roles, puede dar con una adulta con excelente manejo de las emociones sociales y gran capacidad de autoestima y autopercepción.

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