Últimamente se habla mucho de personas y relaciones tóxicas, pero, ¿a qué se refiere esto? Se trata de relaciones en las que uno o ambos miembros de la pareja se sienten atrapados, controlados y agotados por el otro, ya sea emocional, psicológica o físicamente.

Este tipo de relaciones suelen despertar los miedos más profundos de quienes se involucran en ellas. Así, las personas más susceptibles de caer en una relación tóxica son las que han sufrido traumas o vivencias negativas, principalmente relacionadas con el abandono. Dichas situaciones han afectado su autoestima, por lo que sienten que no merecen ser amadas, que nadie las aceptará o que, si lo hace, tarde o temprano las abandonará.

Cuando estás en una relación tóxica, estás en una relación que a menudo puede resultar familiar con algo que has conocido o vivido antes, aunque es posible que no te des cuenta de inmediato. Por esta razón, es importante reflexionar sobre lo que viste y experimentaste en tu infancia. 

Si creciste en un hogar donde viste relaciones poco saludables, o si las viste entre tíos, abuelos, primos y demás familiares, entre las amistades de tus padres, tus propios amigos, los vecinos, etcétera, entonces tuviste esas relaciones problemáticas como modelo; esto te pudo hacer pensar que es normal que así sean, que es algo aceptable o que simplemente así es como son las cosas. 

También, si de niño sufriste rechazo o abandono de parte de tus padres, hermanos, compañeros de escuela, etcétera, esas situaciones pudieron crear en ti una baja autoestima que te impide comprender cómo es una relación saludable.

Ciertos temas, como la codependencia y el narcisismo, también son comunes en las relaciones tóxicas. Al final, cualquier relación tóxica implica que hay algo potencialmente dañino para la persona (o ambas personas) en esas relaciones, las cuales pueden hacer que los involucrados duden de su propia realidad, sus propios valores y su sentido de autoestima.

 

Signos de una relación tóxica

Sacrificas tus necesidades por cubrir las del otro: Sientes que tienes que renunciar a tu voz, tu opinión, tus deseos y anhelos y tus propias necesidades, por agradar y dar gusto a tu pareja, por el temor de que te deje. Las relaciones tóxicas pueden resultar en mucho autoabandono.

Te sientes borrado o invisible: No te sientes aceptado por lo que eres; puedes sentirte como un extraño, rechazado o juzgado constantemente por tu pareja. Esto, sumado al abandono de ti mismo, te hará sentir borrado, invisible o desconocido incluso para ti mismo, como dudar de ti y de tus valores, hasta el punto de empezar a hacer cosas que nunca consideraste.

Te sientes solo: Irónicamente, aunque estés en pareja, la sensación de soledad es cada vez mayor, porque en estas relaciones o existe el verdadero sentido de intimidad, carecen de conexión personal real y de empatía. Además, esa sensación de soledad aumenta cuando tu pareja busca alejarte de otras relaciones y personas, como familiares y amigos, y aunque eso puede sentirse como la necesidad de cercanía y unión, en realidad se deriva de una codependencia poco saludable.

Sacan lo peor el uno del otro: Mientras que las relaciones saludables sacan lo mejor de ambos miembros de la pareja, las tóxicas hacen todo lo contrario, pues uno o ambos suelen tratar mal, controlar o menospreciar al otro.

Agotan tu energía: Pasar tiempo con tu pareja en una relación saludable te hace feliz y eleva tu energía, sin embargo, las relaciones tóxicas son como vampiros energéticos que te agotan, bajan tu energía, te hacen sentir mal contigo mismo o inseguro emocional o físicamente.

Los celos son un problema frecuente: Donde hay control, a menudo hay celos. Las relaciones tóxicas surgen de la inseguridad o la necesidad de controlar ciertas situaciones. Los celos pueden manifestarse a partir de estos comportamientos y patrones.

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El compromiso y el esfuerzo en la relación es desigual: Por lo general, las relaciones tóxicas implican una cantidad desigual de dar y recibir, donde una persona debe dar mucho y recibe muy poco a cambio.

Tu pareja te quiere controlar: En las relaciones tóxicas, particularmente si hay un narcisista involucrado, suele haber un cierto nivel de control en el que una persona puede dominar a la otra, suele ser quien decide todo y quien tiene la última palabra, además de que buscará saber siempre lo que haces, con quienes te relaciones e incluso en qué gastas tu dinero.

No hay respeto y hay abuso emocional y físico: En estas relaciones uno de los miembros puede llegar a causar daño emocional, psicológico o físico a su pareja; lejos del amor, la confianza y el cuidado, lo que se vive es una constante mezcla de enojo, resentimiento y violencia en sus distintos niveles.

Te manipula con gaslight: Una de las formas más comunes de abuso psicológico que se vincula directamente con el narcisismo y las relaciones tóxicas es el gaslighting, que ocurre cuando uno de los miembros de la pareja niega la realidad del otro y minimiza o anula su sentir, al manipularlo para que dude de la validez de sus propias emociones y necesidades. 

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La comunicación es mala o nula: Si te es difícil comunicarte con tu pareja porque tienes miedo de su reacción al hacerle saber lo que piensas o sientes, o si cuando te animas a hacerlo te ignora o minimiza y anula tus palabras, esa es una muy mala señal; y si además la otra persona no suele decirte lo que pasa por su cabeza o por qué de pronto cambia su actitud hacia ti, también es signo de que hay problemas de comunicación entre ustedes, lo cual no es nada sano.

Las peleas son constantes: Si bien las discusiones inteligentes, llevadas con empatía, respeto, autocontrol y tolerancia, son saludables para mantener bien una relación al aclarar los problemas y malentendidos, las relaciones tóxicas se caracterizan porque esas discusiones suelen terminar en peleas donde ambos se gritan, insultan y, en ocasiones, incluso se llega a la violencia física. Eso no es aceptable ni saludable y es un claro indicio de toxicidad.

 

¿Se puede arreglar una relación tóxica o es mejor dejarla?

La respuesta corta es: sí, se puede arreglar. Pero debes ser consciente de que, si crees que vale la pena hacerlo, es un trabajo que requiere tiempo, paciencia y compromiso, tanto individual como en pareja

Ambos deben empezar por reconocer y aceptar que algo está mal, trabajar en ello e ir a terapia, tanto juntos como por separado. Incluso con esto no hay garantías de que al final funcione y se vuelva una relación sana, pero si los dos están dispuestos y motivados para intentarlo, entonces hay una oportunidad.

Pero si la relación ya no da para más o si, al reconocer su toxicidad, te has dado cuenta de que no es así como quieres vivir y de que no es esa pareja la persona con quien quieres formar un plan de vida, lo mejor es cortar por lo sano

Para dar este paso, lo más importante es ser compasivo contigo mismo, poner en primer lugar tu bienestar y respetar tu decisión hasta el final, sin dejarte manipular ni chantajear. Esto será más o menos complicado según tu situación con tu pareja, ya sea que se trate de un noviazgo de poco tiempo, de varios años, si están casados o si incluso ya tienen hijos. 

Si sientes que no puedes manejar las emociones por ti mismo ante esta decisión, puedes apoyarte en un terapeuta o especialista en psicología para que te oriente y te ayude a asimilar mejor el proceso.

Si están casados, también es importante estar preparado con todos los archivos y la información que puedas necesitar en caso de llegar al ámbito legal, además de un abogado experto para asesorarte. 

Además de todo esto, lo más importante es hacer tiempo para cuidar de ti mismo y mantenerte cerca de las personas que siempre te apoyan, pues terminar con una relación, por problemática que sea, nunca es un proceso fácil y debes pensar en ti y tu tranquilidad.

Imagen de portada: Freepik

Zaida Bemanar

La conciencia espiritual es la que nos permite tener un propósito claro, reconocer nuestros dones fundamentales y nuestra misión en la vida. Ella ofrece mirarse a uno mismo y al otro de una manera mucho más significativa que lo puramente psicológico o técnico

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