“Tengo como filosofía que preocuparse, es sufrir dos veces”. Esta frase pronunciada por uno de los protagonistas de la película “Animales Fantásticos”, resume a la perfección lo que sucede cuando nos preocupamos por demás o cuando nos preocupamos incluso por cosas que no sabemos a ciencia cierta si van a pasar. Precisamente, “nos hacemos la película”.




Pero, ¿por qué es tan difícil dejar de preocuparse?

  Los pensamientos de ansiedad de la personas con preocupación crónica son alimentados por sus propias creencias. 



  Por una parte, es posible que la persona piense que esta preocupación es perjudicial, que se va a volver loco, le va a afectar a su salud o va a perder el control sobre aquello que les preocupa. La preocupación es un círculo vicioso que se autoalimenta a sí mismo y no deja de crecer.
  Por otra parte, las preocupaciones de este tipo de personas se pueden centrar en evitar las cosas malas y evitar los problemas, con lo que se preparan para lo peor para tener previstas posibles soluciones. 



 Quitar este hábito es complicado, puesto que las personas que se preocupan así piensan que su preocupación les protege.
  En cualquier caso, para poner fin a la preocupación crónica y a la ansiedad generada por ella hay que renunciar a la creencia de que la preocupación tiene un propósito positivo. 
 Una vez que se descubre que preocuparse es el problema y no la solución, se puede recuperar el control de la mente preocupada.

La vida es puro imprevisto.

 Desgraciadamente, insistimos en amargarnos la vida con sucesos que probablemente nunca lleguen, pero que hacemos que ocurran de manera catastrófica en nuestra mente.



  A medida que el ser humano reflexiona sobre el futuro, se enfrenta a la ansiedad y a la intranquilidad. Cuando sentimos que poseemos algo, automáticamente imaginamos la angustia de poder perderlo. 
 Y aunque no lo creas, estas sensaciones comienzan a gestarse en la infancia, cuando debemos aprender a compartir y debemos prestar un juguete, por ejemplo.
  El problema es que nuestro cerebro querría que todo estuviera bajo control, mientras que la vida, es puro imprevisto. 



 ¿De qué sirve preocuparse por el viaje a África dentro de seis meses y el riesgo de contraer malaria, si eso puede pasar donde vivimos y en cualquier momento? De eso se trata el imprevisto que no podemos controlar.

Tomando las cosas con calma.

  Si quieres dejar de preocuparte, debes dejar de pensar. Pensar es algo bueno, por supuesto, pero cuando invertimos demasiado tiempo analizando las cosas, podemos generarnos un estrés innecesario. 



 A veces, preocuparse tiene su lado positivo, porque es una manera de reconocer la importancia de una situación. Sin embargo, muchas veces nos preocupamos por cosas sin fundamento.
  Cuando nos preocupamos, tratamos de proyectar en el futuro y nos imaginamos escenarios con resultados negativos. ¡Pensamos en los peores resultados!
  En todas esas situaciones, la persona se preocupa por algo que aún no sucedió y la mayoría de las veces, nunca sucederá. Y no sólo eso, sino que se inquieta por cosas sobre las que no tiene ningún control. ¡Es necesario aprender a estar en el presente!



 Debemos entender que la mayor parte de las cosas por las cuales nos preocupamos, nunca suceden.
  Podemos pasar gran parte de nuestras vidas en un estado de angustia por lo que supuestamente sucederá, al punto de arruinar nuestra felicidad. Incluso, hay quienes dejan de vivir y de disfrutar de las cosas que aman, por miedo a todas esas situaciones negativas posibles que se imaginan.

¿Cómo dejar de preocuparse por todo?

 ¡Esta es la gran pregunta! Para empezar, existe una regla simple a seguir: “Si no puedes hacer nada para mejorar la situación, deja de preocuparte.”



  Cuando se trata de cosas sobre las que no tenemos ningún control, es en vano angustiarnos por lo que pueda suceder.
  El estudiante que se preocupa por el resultado de su examen, pierde el tiempo, porque lo hecho, hecho está. Si pasa su tiempo angustiándose o divirtiéndose, poco importa, porque eso no cambiará el resultado.
  Puedes intentar escribir tus preocupaciones más apremiantes y pasado un tiempo, evaluar en qué porcentaje todas ellas se concretan realmente.
 


  Una vez que te des cuenta de que no tenía sentido preocuparse por cosas sobre las que no tenemos ningún control, ni podemos modificar, comenzaremos a apreciar mejor la vida.
  Entonces hay mantenerse enfocado en el momento presente, prestando atención a cómo se siente el cuerpo, a la respiración, a los pensamientos que afloran para que se liberen y se libere el atasco que provocan.
  Recuerda: “La intranquilidad es una ruta que no lleva a ninguna parte. No dejes que dirija tu vida.”



¿Tú también te “haces la película”? ¿Cómo controlas esta situación? ¡Comenta y comparte!

Ir a la fuente

Deja un comentario