Científicos chinos están comenzando a hablar y dicen que COVID19 se originó en una instalación de armas biológicas en Wuhan

Cada temporada de gripe, es exactamente el mismo consejo: higiene de manos. Lávese las manos con frecuencia, no se frote la nariz y la boca. Así que, por favor, tenga cuidado si está enfermo. Si vas a un lugar lleno de gente, ponte una máscara incluso si no estás enfermo porque otros pueden estarlo. Si tiene algún síntoma, especialmente si tienes antecedentes de viajes a Wuhan, entonces busca atención médica y se honesto y abierto con los médicos. Cuéntales tu historial de viaje. No oculten ningún historial a sus médicos porque temen: “Oh, si digo esto, podría ser puesto en cuarentena”. Sea honesto para ayudarse a sí mismo y a los demás.c

Uno de los platos más exóticos que se puede degustar en las regiones del sur de China, como Guangdong, es la denominada sopa de “dragón tigre fénix”. Su receta ha pasado de mano en mano entre los locales desde hace siglos, y proviene de un antiguo plato de la cocina cantonesa.

Si te estás preguntando cómo demonios pueden hacerse con estos tres “ingredientes” para mantener semejante plato en el menú, la respuesta la encuentras en los múltiples mercados de animales que se encuentran en el sur de la región. Y por encima de todos, el de Guangzhou, una especie de zoológico alternativo donde se mezclan vísceras y sangre, tejones y ranas, gatos o serpientes, todo al por mayor. Con una excepción, si buscas ratas, la temporada solo ocurre en verano.

Volviendo al plato, su nombre, obviamente, proviene del uso de tres animales. El dragón está representado por la serpiente, el tigre está representado por el gato (o por la civeta de las palmeras enmascarada) y el fénix está representado por el pollo. En cuanto a la civeta, se trata de la única especie del género monotípico Paguma, y se distingue de otras por su barba blanca y ausencia de manchas o rayas en su cuerpo.

Por supuesto, este plato jamás iba a conocerse mundialmente de no ser por un evento que iba a tener lugar en los últimos meses de 2002.

En noviembre de ese año un paciente acude al Hospital Popular de Foshan (Guangdong, China). Se trataba de un agricultor aquejado con síntomas muy parecidos a la gripe. El hombre también era vendedor de serpientes y aves, y pasados unos días muere, aunque aparentemente, o al menos de forma oficial, no se le realiza un diagnóstico definitivo sobre su causa de muerte.

A los pocos días, la esposa del hombre fallecido junto a varios miembros del personal del hospital también contraen una neumonía severa. Cuando llega a oídos de las autoridades sanitarias de la ciudad saltan las primeras alarmas. Los síntomas indicaban un tipo de brote inquietante. Con todo, nadie informa a Guangdong.

Unas semanas después aparece otro paciente, en este caso un cocinero y manipulador de alimentos de un mercado salvaje, al Hospital Popular de Heyua, al norte de Guangzhou. El hombre muere, y a las pocas horas parece haber infectado con el mismo tipo de neumonía a hasta ocho doctores. Tres días después, otro cocinero de un tercer mercado aparece hospitalizado con los mismos síntomas en la ciudad de Zhongshan, al sur de Shunde. Tres miembros del personal médico se infectaron rápidamente, quienes a su vez infectaron a otros 15.

En muy poco tiempo, apenas tres o cuatro meses (de noviembre a febrero de 2003) pacientes enfermos y asustados de pequeñas ciudades y pueblos comenzaron a viajar en éxodo a los hospitales más avanzados en la capital provincial de Guangzhou. Los casos comenzaron a multiplicarse.

Muchos recuerdan el de un hombre muy enfermo que recorrió las salas de emergencia en Guangzhou debido a que el tratamiento no mejoró su condición, dejando a docenas de trabajadores del centro infectados.

El 21 de febrero se produce un hecho reseñable en el avance del virus letal. Un médico, Liu Jianlun, un especialista en pulmones de 64 años del hospital Zhongshan, asiste a la boda de su sobrino en Hong Kong, y lo hace a pesar de tener fiebre. Hoy se sabe que Jianlun fue el portador que ayudó a cruzar las fronteras a SARS. El hombre se alojó en el Hotel Metropole y transmitió la enfermedad a decenas de huéspedes, entre ellos dos canadienses, un estadounidense y tres mujeres de Singapur.

Uno de los canadienses era una mujer que murió en un hospital de Toronto el 5 de marzo. Para entonces había infectado a su hijo y al menos a cinco médicos. Canadá tendría cientos de casos de SARS, decenas de ellos mortales.

De las tres mujeres de Singapur, solo una desencadenó una cadena de infecciones en el Hospital Tan Tock Seng, donde enfermaron más de 90 personas, lo que representa más de la mitad de los casos de Singapur.

El estadounidense era un empresario que cayó enfermo en un hospital de Hanoi. Allí infectó a otros 20 médicos, pero, ironías de la vida, este paciente y su transmisión del virus iba a ser más beneficiosa que cualquier otra actuación de las autoridades. Porque entre los infectados estaba el doctor Carlo Urbani, un investigador italiano que alertó a W.H.O. sobre un nuevo tipo de neumonía. Urbani también fallecería semanas después.

SARS era hasta entonces un “problema” del continente chino, pero la falta de pautas ante el brote desconocido habían convertido al doctor Jianlun en el hilo conductor de una crisis sanitaria que no se recordaba. El virus se desataba por todo el planeta y el problema era mundial.

Ahora existían pocas dudas, se había desencadenado un brote, pero nadie se había atrevido a dar la voz de alarma a las altas instancias chinas. De hecho, tuvieron que pasar varios meses para que los departamentos de salud de varias ciudades informaran a la provincia de Guangdong. Entonces sí, se concluyó que se enfrentaban a una neumonía altamente infecciosa causada por un agente previamente desconocido.

Pasaron otros dos meses antes de que la extraña neumonía tuviera un nombre, y otros cuatro antes de que los líderes de China admitieran que su país tenía una epidemia, tiempo para el que ya no había remedio. En Asia y Canadá comenzaron a aparecer pacientes portadores de un germen virulento y altamente contagioso, y lo peor de todo es que nadie sabía que se enfrentaban a una infección potencialmente letal.

Solo así se entiende que durante este período cientos de trabajadores de la salud enfermaran mientras colocaban a los pacientes con esa extraña mutación de neumonía en salas comunes (como lo harían con la neumonía ordinaria).

Esos pacientes transmitieron la infección a cientos de personas más, y así siguió y siguió extendiéndose un virus convertido para entonces en pandemia. Entre noviembre de 2002 y julio de 2003, el coronavirus del SARS (SARS-CoV) causó 8.098 casos, lo que resultó en 774 muertes reportadas en 37 países.

No se han notificado casos de SARS en todo el mundo desde 2004.

La civeta, la sopa y la cueva de los murciélagos

Y ahora tenemos que volver a ese plato exótico de la cocina cantonesa. Cuando la OMS comenzó a investigar los primeros casos, casi todas las pistas apuntaban a un mismo espacio: Guangdong. La razón: aunque los inicios del brote tenían a algunos agricultores entre las primeras víctimas, la gran mayoría eran manipuladores y cocineros de los mercados salvajes.

Tenía sentido. Pocos lugares podían servir de caldo de cultivo como las granjas que se amontonaban en estos espacios. Además, el resultado de las pesquisas confirmaba algo aún peor: los animales podían haber pasado la enfermedad a los humanos, pero las pruebas delataban que luego pasó de persona a persona.

Ahora bien, ¿de dónde vino? ¿Cómo comenzó todo? La pregunta había dejado perplejos a los científicos desde que el virus surgió por primera vez. Los virólogos que habían acudido para cazar el virus Sars creían que las fuentes más probables eran cerdos o pollos, pero los intentos de infectar a los animales con el virus tomado de humanos infectados fracasaron, lo que sugirió que debía venir de otra especie.

Finalmente, Yuen Kwok-Yung, un microbiólogo de la Universidad de Hong Kong, decidió examinar grandes cantidades de civetas y otros animales de caza. Descubrió que cuatro de las civetas de las palmeras enmascarada portaban un coronavirus que causó Sars. Los animales son comunes en China, India y Malasia.

El experto explicó que era poco probable que las personas se hubieran infectado al comer civetas. Sin embargo, el virus podía haber saltado a los humanos cuando los criaron, los mataron y los cocinaron para preparar la sopa de dragón-tigre-fénix.

Es decir, que aunque la comida se cocinara adecuadamente, eliminando así el virus, lo más probable era que, al entrar en contacto el cocinero con el animal salvaje infectado mientras se manipulaba aún vivo, este se habría infectado. Además, el investigador dejó claro que aquello era una advertencia para otras futuribles pandemias:

Si no se puede controlar el salto adicional de estos virus de animales a humanos, la misma epidemia puede ocurrir nuevamente, por lo que es muy importante que tengamos formas de controlar la cría, el sacrificio y la venta de estos animales salvajes.

La duda, no obstante, seguía existiendo, ¿y si el virus saltó de otro animal a las civetas?

De hecho, tuvieron que pasar varios años antes de que en 2017, un grupo de investigadores chinos pudieran rastrear el virus a través de las civetas. Entonces sí, descubrieron por fin el origen del coronavirus: una cueva remota en la provincia china de Yunnan.

La noticia la publicó Nature explicando que los virólogos habían identificado una sola población de murciélagos de herradura que alberga cepas de virus con todos los componentes genéticos del que saltó a los humanos en 2002. Tal y como detallaban:

Un equipo dirigido por Shi Zheng-Li y Cui Jie del Instituto de Virología Wuhan en China tomó muestras de miles de murciélagos de herradura en lugares de todo el país. “El trabajo más desafiante fue localizar las cuevas, que generalmente se encuentran en áreas remotas”, explicó Cui. Después de encontrar una cueva en particular en Yunnan, suroeste de China, en la que las cepas de coronavirus se parecían a las versiones humanas, los investigadores pasaron cinco años monitoreando a los murciélagos que vivían allí, recogiendo guano fresco y tomando hisopos anales.

Secuenciaron los genomas de 15 cepas virales de los murciélagos y descubrieron que, en conjunto, las cepas contienen todas las piezas genéticas que componen la versión humana. Aunque ningún murciélago tenía la cepa exacta del coronavirus del SARS que se encuentra en humanos, el análisis mostró que las cepas se mezclan con frecuencia. La cepa humana podría haber surgido de tal mezcla, dice Kwok-Yung Yuen, un virólogo de la Universidad de Hong Kong que descubrió el virus del SARS: “Se debe felicitar a los autores por confirmar lo que se sospechaba”.

Así se ponía punto y final a una crisis de salud mundial que comenzaba en 2002 y parecía cerrarse más de un década después, en 2017. O casi, porque los investigadores que hallaron la cueva advertían que los ingredientes del virus estaban preparados para volver a surgir de una enfermedad similar.

Nadie ha dicho que sea 2019-nCoV, y en realidad no hay evidencia alguna hasta ahora, pero seguramente China tiene en lo ocurrido la mejor lección sobre cómo manejar la crisis. 

Como declaraban los investigadores del SARS, “esta clase de virus, ¿mutará y se transmitirá más fácilmente? Que algo que comenzó en un lugar tan remoto pueda extenderse tan rápidamente por todo el mundo es simplemente aterrador”. [WHONatureWikipediaNew York TimesThe GuardianThe Washington PostCDC]Miguel Jorge

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