Un grupo de peritos forenses inspeccionó el pasado 20 de julio dos osarios subterráneos en el Cementerio Teutónico vaticano como parte de la investigación de un caso de desaparición, hallando un número inesperado de restos óseos.

Según informa el diario oficial de la Santa Sede, Vatican News, la investigación comenzó por el caso de Emanuela Orlandi, hija de un empleado vaticano misteriosamente desaparecida en 1983 a la edad de 15 años.

El experto genético Giorgio Portera, que participó en la operación en representación de la familia Orlandi, dijo a AP que observó miles de huesos de decenas de individuos tanto adultos como niños.

«Queremos saber por qué y cómo los restos llegaron allí», señaló el especialista, confesando que «no esperábamos [hallar] un número tan enorme».

Los restos encontrados en las tumbas fueron sacados y sometidos a una evaluación inicial. Por el momento, no se puede predecir cuánto tiempo llevará el análisis morfológico de los huesos, comunicó el portavoz de la Santa Sede, Alessandro Gisott.

Inspección de los osarios en el Colegio Teutónico dentro del Vaticano. Crédito: Vatican Media/Reuters

Los osarios subterráneos fueron encontrados gracias a inspecciones en el área del Colegio Teutónico (donde se ubica el cementerio homónimo), iniciadas después de que la Fiscalía vaticana abrió las sepulturas de dos princesas alemanas —Sophie von Hohenlohe y Charlotte Federica de Mecklemburgo, muertas en la primera mitad del siglo XIX—, en respuesta a una carta anónima recibida el verano pasado con una foto de la tumba y la frase «Busque donde indica el ángel», pero no halló ningún esqueleto.

El caso Orlandi

La desaparición de Emanuela Orlandi constituye uno de los casos más misteriosos de Italia. Desde que desapareciera sin dejar rastro el 22 de junio de 1983 a la salida de sus clases de música en el Vaticano, los trabajos de investigación han sido prácticamente incesantes.

También han sido frecuentes las conjeturas. Su desaparición llegó a atribuirse a un secuestro por parte de la mafia, como medida de presión para recuperar un préstamo que se le habría hecho a la Santa Sede. Otras fuentes afirmaban que la menor habría sido secuestrada para exigir la liberación de Mehmet Ali Agca, el turco que intentó asesinar al papa Juan Pablo II en 1981.

La familia de la desaparecida, y en especial su hermano Pietro, habitualmente crítico con la escasa colaboración del Vaticano en el caso, continúan buscando incansablemente a Emanuela y reclamando justicia. «Mi deber es buscar la verdad», declaró el pasado 11 de julio.

 

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