Saṃsāra (en sánscrito: संसार) es el ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación (renacimiento en el budismo) en las tradiciones filosóficas de la India; hinduismo, budismo, jainismo, bön, sijismo y también en otras como el gnosticismo, los Rosacruces y otras religiones filosóficas antiguas del mundo. (Wikipedia)


rueda_samsara

Cuando Yahve/Yaldabaoth concibió al mundo, no pudo crear nada de su propia invención, pues no es un creador. Tuvo que tomar elementos arquetípicos de la Creación Universal, pero, al mismo tiempo, los deformó, ya que actuaba desconociendo la existencia del verdadero Creador (El Padre).

Siendo la vida eterna (sin principio ni fin) en el Universo Real y estando imposibilitado de reproducirla como tal, Yaldabaoth crea la Rueda del Samsara, es decir: un remedo de vida cíclica.

Pero, la mismo tiempo, establece un período corto para la duración de cada ciclo vital, con el fin de “borrar la memoria” de vidas pasadas y así, retrasar la posibilidad de que el alma se liberara de la rueda.

“En el centro, hay un gallo cazando a un cerdo que caza a su vez a una serpiente que trata de cazar al gallo, es decir, el deseo, el odio y la ignorancia.[] Al mismo tiempo, representan el hecho de que, en este mundo, las criaturas se devoran las unas a las otras.

Alrededor de ellos hay personas ascendiendo el semicírculo blanco de la vida, junto a otras que descienden el semicírculo negro de la muerte. La mayor parte de la Rueda está dedicada a la representación de seis reinos: el reino de los dioses, el reino de los titanes, el reino de los humanos, el reino de los animales, el reino de las almas en pena y el reino de los demonios, cada reino presidido por su propio boddhisattva. La parte más exterior del círculo la componen los doce pasos del origen dependiente.”

[La Rueda de la Vida – Dr. C. George Boeree  – Shippensburg University]

El deseo, el apego y el odio son las “energias” que nos mantienen unidos y condenados en la rueda del samsara.

Podrá observarse que en el semicírculo negro las criaturas se arrastran unas a otras a través de un cordel, así es la caída al mundo de los demonios, vamos atados hacia ella, arrastrados por otros.

Por el otro lado, el individuo “asciende” (ilusoriamente) desde escalas sociales bajas a las más altas, hasta ser premiados con la santidad. Pero, atención, en ella hay una trampa que conduce al individuo, de nuevo, al precipicio del deseo.

Si lograras, acaso, evitar esa caída, serías premiado con habitar en el paraíso de Yahvé, al lado de un dios celoso, caprichoso y colérico que, además, será juzgado y condenado al fin del manvántara.

“Un manuantara comprende 71 majá-iugá, que equivalen a una catorceava parte de la vida del dios Brahmā, 12 000 años de los dioses, o 4 320 000 años de los humanos Cada uno de esos periodos es presidido por un Manu especial. Según el hinduismo, ya han pasado seis de tales manuantaras; el actual es el séptimo, y es presidido por el Manu Vaivasvata. Faltan siete manuantaras para completar los 14 que conforman una vida completa de Brahmá.”  (Wikipedia)

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