Amo esos abrazos que no rompen huesos, pero sí miedos y tristezas

Los abrazos son en sí mismos un lenguaje completo de atención, afecto y protección. Cuando nos entregamos a los brazos de la persona indicada, como por arte de magia, al menos por el instante en el que se produce esa unión, todo parece estar bien.

Un abrazo permite que las penas dejen de doler, que nuestro corazón se reconforte, que nos recarguemos de esas energías que quizás dábamos por perdidas. Un abrazo tiene la facultad de devolvernos la confianza, de compartir nuestras cargas y de alguna manera es una manifestación de que por más solos que nos podamos sentir, siempre hay alguien dispuesto a estar allí para nosotros, para ofrecernos sus brazos, su calor, su cuerpo apretado al nuestro y diciéndonos de esa forma especial: Estoy contigo.

Si encuentras a una persona así, alguien a quien puedas abrazar y con la que puedas cerrar los ojos a todo lo demás, puedes considerarte muy afortunado. Aunque solo dure un minuto, o un día. Patrick Rothfuss

Los abrazos y nuestro sistema hormonal

Los diferentes estudios nos muestran los efectos a nivel químico y biológico que se producen en nuestro cuerpo a través de un abrazo. Nuestro cuerpo libera hormonas que nos generan de manera instantánea bienestar al estar abrazados a una persona con la cual simpatizamos.

Las hormonas que se liberan ese proceso de contacto son la dopamina, la serotonina y por supuesto oxitocina… Todas ellas vinculadas al bienestar, al estado de felicidad, de amor, de relajación… Y esto sin duda reafirma lo que muchos dicen por allí: el abrazo  es el antidepresivo sin receta médica.

No subestimemos nuestras demostraciones de afecto

Muchas veces tiene que pasar algo especial para demostrar afecto o apoyo. A veces resulta necesario ver a alguien realmente mal para querer soportarle, sin embargo, las demostraciones de afecto son alimentos para el alma, que deben ser ofrecidas en cualquier momento y debemos acostumbrarnos a darlas sin que las sintamos una tabla de salvación ante una contingencia.

Amar y cuidar a los que nos importan, demostrándoselos y haciéndolos sentir parte de nosotros no solo nutre al otro, sino que nos nutre a nosotros mismos, es una recarga mutua. Y ninguna demostración de afecto debe ser subestimada o considerarse inoportuna. Nada que dé calor al alma de otra persona estará de más, nunca.

Un abrazo no se debe posponer

A veces la timidez, las rutinas, las dinámicas diarias, el factor limitante del tiempo, nos hace ser mezquinos con las demostraciones de afecto. Pero el tomarnos el tiempo para decir te quiero, para decir me importas, para una caricia, para un abrazo, es elemental para alimentar nuestras relaciones.

Una persona que se siente amada, comenzando por sí misma y complementando con su entorno, se siente plena, se siente capaz, se siente estimulada ante la vida… Así que no perdamos el tiempo, procuremos que cada uno de nuestros afectos, reciban siempre lo mejor que tengamos para ofrecerles.

Sé que nadie te ha abrazado nunca tan fuerte que cuando se ha ido, has sentido que el abrazo se quedaba contigo. Santiago Pajares

Cuando abracemos a alguien, hagámoslo como si en ese contacto entregáramos algo de vida, algo de amor, algo de esperanza, algo de protección, algo de paz… Porque a fin de cuentas, en eso debe traducirse un abrazo… No abracemos sin ganas, no demos esas palmaditas como diciendo el abrazo acabó… Sintamos ese abrazo, como si quisiéramos meter a esa persona físicamente en nuestro corazón. Sí, no exageraremos y quebraremos sus huesos, pero sí sus miedos y sus tristezas… Aunque sea durante ese tiempo, en esa unión, todo estará perfectamente bien para ambos.

Via Reencontrate.com

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