Según un grupo de investigadores, el deshielo en el fiordo Barry Arm, situado a unos 60 kilómetros de la ciudad de Anchorage, en Alaska podría generar tsunamis durante este año, y es muy probable que lo haga en los próximos 20.

El derretimiento de los hielos en Alaska amenaza con generar deslizamientos de tierra. Que a su vez, podrían provocar tsunamis en ese estado estadounidense. Recoge The Guardian con referencia a científicos.

En particular, el geólogo Bretwood Higman. Señaló al diario que el riesgo de un desastre natural aumenta debido a la alta velocidad del retroceso de los glaciares en Alaska.

«Cuando el clima cambia, el paisaje necesita tiempo para adaptarse. Si un glaciar retrocede muy rápido, puede tomar por sorpresa las laderas circundantes. Estas podrían fallar catastróficamente en lugar de ajustarse gradualmente», indicó Higman.

Uno de los posibles escenarios de este desastre fue expuesto en una carta abierta enviada en mayo por un grupo de investigadores al Departamento de Recursos Naturales en Alaska.

En la misiva, los científicos advertían haber identificado. «Una ladera de montaña inestable» en el fiordo Barry Arm, situado a unos 60 kilómetros de la capital del estado, Anchorage. Indicaron que «es posible que un tsunami provocado por un corrimiento de tierras. Tenga lugar durante el próximo año y es probable que lo haga en los próximos 20 años«.

«Este tsunami en Alaska podría afectar áreas frecuentadas por turistas, barcos pesqueros y cazadores (potencialmente cientos de personas a la vez)», detallaron los científicos.

En 2013, uno de los autores de la carta, Chunli Dai, dijo a la NASA que el derrumbe de una ladera en Barry Arm «liberaría 16 veces más escombros y 11 veces más energía que el deslizamiento de tierra de 1958 en la bahía de Lituya», donde tuvo lugar el mayor megatsunami registrado de la historia, de 524 metros de altura.

«Al principio era difícil creer las cifras», señaló entonces Dai.

En cuanto a las causas de los deslizamientos, la geóloga Erin Besette-Kirton —que analizó los 36 últimos años de la evolución de las montañas de San Elías, ubicadas entre Alaska y Canadá— señaló a The Guardian que están vinculadas al calentamiento global pero no se conocen exactamente.

«Tenemos correlaciones, pero no conocemos la fuerza impulsora», sostuvo la investigadora, que se pregunta: «¿Qué condiciona el deslizamiento de tierra y qué lo desencadena?

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