Aléjate de cualquiera que te aleje de ti

Esto puede sonar extraño para algunos, ¿Cómo podríamos alejarnos de nosotros mismos? Pero ocurre con tanta frecuencia que espanta. Cuando no hacemos lo que nos gusta, cuando nos adaptamos a lo que los demás quieren, cuando nos llenamos de silencios en lugar de pronunciar lo que queremos, cuando nuestras prioridades dejan de ser las nuestras… Cuando nos volvemos actores de reparto en nuestra propia vida, nos estamos alejando de nosotros mismos.

Cuando esto ocurre por influencia de alguien más o por decisión, por considerar que la vida de otra persona, independientemente de quien sea, tiene más valor que la nuestra, no estamos siendo víctimas de esas personas, sino de nosotros mismos. Somos nosotros los que nos damos un lugar en la lista de prioridades, solo nosotros decidimos vivir a través de nosotros o de alguien más.

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Evidentemente cuando lo hacemos por afectos que no dan cabida a la distancia, bien sea por amor o por responsabilidad, debemos procurar la independencia afectiva, restar la necesidad de complacer a otros y aprender a acercarnos a nosotros mismos. Sin dejar de dar amor a los demás, podemos dedicarnos también a nosotros mismos.

Cuando proyectamos ante los demás la sensación de que no nos importa vivir una vida anulada por decisión propia, cualquiera podrá percibir aquello y acomodarlo a su conveniencia. Evidentemente si tenemos unos asistentes para alcanzar lo que queremos, para cubrirnos en algunos ámbitos o bien para hacernos la vida más sencilla y si somos un poco egoístas, podremos estar cómodos con la idea de que alguien renuncie a su vida o a parte de ella por la nuestra.

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Cuando nos damos la oportunidad de darnos a nosotros mismos, de prestarnos atención, de reconectar con lo que somos y con los que nos apasiona y nos hace vibrar, nos daremos cuenta de que cualquier persona, cosa, lugar o circunstancia que nos aleje de ello no puede tener tanta cercanía en nuestras vidas.

Nuestra capacidad de amor es ilimitada, pero no podemos dar un amor sano a los demás si no somos capaces de amarnos de esa manera a nosotros mismos. Es más si nos amamos, podremos multiplicar el amor por los demás y fomentaremos vínculos más fuertes y equilibrados basados en la reciprocidad.

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Si nuestra vida no nos parece tan interesante como para colocarla como prioridad, es momento de hacer una revisión de lo que estamos haciendo, puede ser que estemos desmotivados, deprimidos o simplemente nos hayamos perdido de vista por distraídos… Pero lo bueno es que nos tenemos a disposición y somos la única persona con la que estaremos toda la vida, así que podremos reparar lo que no vaya bien, reconectar con nuestra esencia y entender que la vida carece de sentido si nos permitimos alejarnos de nosotros mismos.

Ningún argumento es válido, porque este regalo es de cada quien, todos tenemos el nuestro y aunque algunos intenten tener los propios y los de los demás, la verdad es que nadie puede vivir a través de nadie. No permitas que ninguna persona te aleje de ti, especialmente si esa persona eres tú mismo.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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