¿A QUÉ SIGO AFERRADO?



En mi opinión, el hecho de no ser absolutamente conscientes de nuestra vida y nuestros actos, de nuestro modo de obrar y de quién toma la mayoría de nuestras decisiones –que, en el caso de las importantes casi siempre es el inconsciente-, y de no saber el por qué de muchas de las cosas que hacemos y muchos de los pensamientos que tenemos, nos coloca en una situación desventajosa que nos hace ser víctimas de nuestra desatención a la vida.

Parece ser que todas las personas –todas- en algún momento de nuestra vida nos hemos tenido que aferrar a algo para poder seguir adelante, nos hemos tenido que agarrar fuertemente -por la circunstancia que sea y aún inconscientemente- a una persona, a un sueño, a una idea, a una utopía…

Y parece que en demasiadas ocasiones se nos olvida que al llegar a cierto momento ya no necesitamos seguir aferrados, pero hemos creado una dependencia de la que es muy posible que no seamos conscientes porque lo hemos llegado a ver y aceptar como algo “normal” olvidando que existe la posibilidad de desvincularnos de ese aferramiento.

Lo complicado de esto es, precisamente, el hecho de que no nos damos cuenta. Se ha llegado a convertir en norma –lo que no quiere decir que sea normal- y en algo habitual que se ha instaurado de tal modo que no parece que sea precisa una revisión, pero cualquier persona que esté en un Proceso de Desarrollo Personal tiene que revisar –inevitablemente- TODOS sus pensamientos –para averiguar si realmente son suyos-, todas sus actitudes –para saber de ellas el por qué y el para qué-, todos sus propósitos –para conocer si son suyos o son inculcados por alguien o algo ajeno-, y tiene que darse cuenta si es necesario seguir apoyándose en las muletas que tal vez en algún momento fueron útiles pero ahora son contraproducentes porque molestan e impiden caminar con normalidad.

Una de esas preguntas cuya respuesta ayuda en este Proceso es, precisamente, esa de ¿A qué sigo aferrado?, porque los aferramientos son ataduras que impiden la libertad, y porque la falta de libertad impide tener y disfrutar la opción de elegir. 

Elegir desde la mentalidad actual y desde las circunstancias actuales y para las necesidades actuales y con la consciencia actual y con la intención y los objetivos actuales. O sea –y creo que queda claro-, actualizarse.

La libertad es el bien más preciado.

Y para seguir avanzando por este Camino que uno ha decidido, la libertad es imprescindible. Ningún preso encerrado en su celda puede ir más allá de su propia imaginación.

Todo lo que en algún momento sirvió puede haber llegado ya al final de su utilidad y puede convertirse ahora en un impedimento.

Y podemos seguir aferrados –innecesariamente- a ciertas personas que ya cumplieron su ciclo a nuestro lado, a ciertas situaciones obsoletas que ahora son una pesada carga, a ciertos miedos que ahora se pueden desmontar y comprobar que ya perdieron toda su fuerza, a ciertas ataduras de las que hace tiempo nos liberaron pero no queremos soltarnos, a ciertas actitudes infantiles cuando ya somos adultos, etc.

En el Proceso de Desarrollo Personal es conveniente y necesario actualizarlo todo y actualizarse continuamente. 

Y es contraproducente seguir rigiéndose por normas obsoletas, arrastrar temores que hace tiempo se desvanecieron, seguir asustándose con los mismos fantasmas con los que uno se asustaba cuando era niño, seguir temiendo que pueda suceder lo que ya jamás volverá a suceder, y es contraproducente aferrarse a los sueños que ya se ha comprobado que no podrán salir jamás del mundo de los sueños para convertirse en realidad, o a los ideales que ya se marchitaron, o a las utopías que la verdad se ha encargado de desmantelar.

Generalmente, aferrarse provoca más daño que soltarse.

Cuando uno se aferra a algo es porque no confía en que por sí mismo y sin “eso” puede seguir adelante y bien. 

Cuando uno se aferra a algo es porque cree que ese aferramiento le proporciona una felicidad o una estabilidad o una confianza que perdería al no seguir en esa situación. Y eso es algo enfermizo si se mira fríamente. 

Los aferramientos –que no son más que apegos más firmemente enraizados- nos hacen creer que estamos a salvo de algún modo, que estamos protegidos, y que nos aportan estabilidad y seguridad, cuando en realidad lo que nos aportan es inseguridad -porque nos impiden vernos y sentirnos en libertad- y nos esclavizan con su dependencia.

Hay que saber soltar y permitirse soltarse.

Es una aberración dar nuestro poder y estabilidad a algo que no somos nosotros mismos y se basa solamente en una idea que se ha ido formando –nada más que una idea sin entidad- y en casi todas las ocasiones sin que nosotros hayamos asistido conscientemente a su creación.

Soltar y soltarse. ¡Hay tantos hilos invisibles con los que nos atamos!

Darte cuenta de ello es tu tarea. Exclusivamente tuya.

Te dejo con tus reflexiones…


Francisco de Sales
buscandome.es

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