2018 ha sido un año «tóxico» y de «masculinidad tóxica» según los angloparlantes

Vivimos tiempos tóxicos. Eso piensan los angloparlantes a juzgar por la cantidad de veces que han usado la palabra tóxico para calificar las cosas: el aire, los mares, las relaciones personales, los ambientes de trabajo, la masculinidad.

Tantas veces suena y resuena, por todos lados, que Oxford Dictionaries ha designado tóxico (toxic) palabra del año 2018. Los británicos empezaron a utilizarla en el siglo XVII para hablar de algo venenoso o empapado de veneno, pero ha ido más allá de la cicuta y el cianuro, y la han llevado a la política, a las oficinas, a los amoríos… Hoy esta voz se usa mucho más como ingrediente para construir una metáfora que como pócima servida en bote.

Este año las búsquedas de la palabra tóxico han aumentado un 45% en los diccionarios de Oxford. El vocablo se ha usado hasta la saciedad y se ha extendido a contextos donde hasta ahora era desconocida. Por ejemplo, a la masculinidad. Ahí saltó la llamada de atención sobre esta voz.

En un principio, el comité que elige la palabra del año tomó la expresión «masculinidad tóxica». Pero al estudiarla, al ver dónde y cuánto se utilizaba, descubrió que la toxicidad era una auténtica invasión: iba del suelo al cielo, de la química a las ideas. Y recogieron todos sus usos en esta lista:

Química
Masculinidad
Sustancia
Gas
Medio ambiente
Relaciones
Cultura
Desperdicio
Algas
Aire

Este año, a los tóxicos químicos habituales se ha sumado uno que ha puesto los pelos de punta a medio mundo: un agente nervioso que dejó inconscientes al exespía ruso Sergei Skripal y a su hija después de quedar a comer en una pizzería. El suceso dio lugar a miles de noticias sobre los tóxicos: quién los custodia, dónde se hallan, a quién más le puede pasar.

Hubo más alertas en 2018: la salud pública. Las ciudades están llenas de sustancias tóxicas. Millones de coches, bolsas de plástico a rabiar, reciclajes de pacotilla… Y hasta la naturaleza es tóxica cuando quiere. Este año, en Florida, manadas de peces muertos aparecieron flotando en un mar pestilente. Los habían asesinado dos familias de algas tóxicas: las marea roja y las baba verde.

La prensa habló también de la toxicidad en las oficinas: un veneno que destruye la salud mental. Hubo hasta quien habló de bullying en el Parlamento británico. Pero lo más llamativo, la sacudida de verdad, la dieron las mujeres. Muchas denunciaron el acoso sexual. El movimiento #MeToo puso sobre la mesa una verdad muy incómoda: el abuso de muchos hombres poderosos. Y entonces se acuñó un nuevo tipo de toxicidad: la masculina.

«La palabra del año de Oxford es un vocablo o expresión que refleja los valores, el humor y las preocupaciones del año que está acabando y que tiene potencial de convertirse en un término de significado cultural», explica English Oxford Dictionaries. Es una de muchas. Hay otras que quedaron en la lista de candidatas y que también definen este 2018: gaslighting, incel, techlash, gammon, big dick energy, cakeism, overtourism y orbiting.

Y juntas no hacen más que confirmar que vivimos tiempos tóxicos y que por ahí campan algunas «masculinidades tóxicas». ¿Qué es un incel si no?

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