2 secretos estoicos para eliminar las quejas de nuestras vidas

Zenón

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Quejarse es fácil. Es tan natural como respirar. Quejarnos requiere poco pensamiento y cero acción. Por eso no paramos de quejarnos del gobierno, las autoridades, esa persona tóxica que nos hace la vida imposible, el tráfico infernal, la conexión lenta, el trabajo agotador, el destino, la humanidad entera…

No cabe duda de que las quejas nos permiten desahogarnos, sacudirnos las frustraciones y desahogar la ira, lo cual es liberador, al menos momentáneamente. Sin embargo, ¿de qué sirve quejarse a largo plazo? ¿Esas quejas han mejorado tu vida, han resuelto tus problemas o te han hecho más feliz? Es probable que no.

Quejarse es tan reconfortante precisamente porque nos excusa de asumir la responsabilidad por nuestros pensamientos y acciones. Quejarse nos mantiene entretenidos, pero no nos conduce a ninguna parte. Por eso los estoicos proponen abolir las quejas de nuestra vida. Así de tajante. Así de difícil. Así de liberador.

El arte de olvidar lo que no podemos controlar y enfocarnos en lo que podemos cambiar

Los estoicos estaban convencidos de que podemos usar la filosofía y la razón para alcanzar un estado de serenidad, alegría y fortaleza mental. Por eso creían que lamentarnos y preocuparnos por cosas que no podemos cambiar es una especie de autosabotaje malsano.

Epicteto lo resumió magistralmente: «Solo hay un camino hacia la felicidad: dejar de preocuparse por las cosas que están más allá del poder de nuestra voluntad«. Este filósofo estoico pensaba que preocuparnos, quejarnos e invertir energía emocional en aquellas cosas que no podemos cambiar o controlar es el camino más rápido y directo hacia la desmoralización, la depresión y el agotamiento psicológico.

Al contrario, animaba a centrarse en aquello sobre lo que sí tenemos control, como nuestras acciones, hábitos, respuestas, palabras, patrones de pensamiento y emociones. Marco Aurelio compartía su visión: «Es ridículo no intentar evitar tu propia maldad, lo cual es posible, y en cambio intentar evitar la de los demás, lo cual es imposible […] No necesitas estar nervioso o molestar tu alma por cosas que no puedes controlar. Estas cosas no están pidiendo que las juzgues. Déjalas en paz».

Se trata simplemente de un cambio de enfoque: dejar de centrarnos en aquello que no podemos controlar para dirigir nuestros esfuerzos y energía en lo que sí podemos cambiar.

Detrás de la aceptación radical que promulgan los estoicos no se esconde una postura conformista, derrotista o pasiva sino todo lo contrario. Centrarnos en lo que podemos cambiar conduce al auténtico empoderamiento, ese que proviene de la plena conciencia de nuestras fuerzas, de la madurez de reconocer su alcance y sus limitaciones.

«Recuerda que todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad […] Si estás afligido por algo externo, ese dolor no se debe al acontecimiento en sí, sino al significado que le das, y tienes el poder de eliminarlo en cualquier momento […] Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza», escribió Marco Aurelio.

¿Cómo lidiaban los estoicos con la adversidad sin quejarse?

Epicteto pasó su infancia como esclavo en Roma y vivió gran parte de su vida con una pierna completamente discapacitada, pero aún así celebró su suerte y se convirtió en un gran filósofo cuyas enseñanzas traspasaron la barrera del tiempo y el espacio.

Séneca, otro gran exponente del estoicismo, enfrentó con serenidad su condena a muerte por razones políticas y se dice que incluso regañó a sus discípulos por llorar su destino pidiéndoles que recurrieran a las enseñanzas estoicas para sobrellevar la pérdida.

1. Visualización negativa

Los estoicos estaban convencidos de que necesitamos controlar nuestras expectativas y deseos porque son la principal fuente de fustraciones, decepciones y quejas. Si alimentamos expectativas irreales y estas no se cumplen, nos sentiremos abatidos y tendremos la tendencia a buscar un culpable.

Para evitarlo, los estoicos proponían una especie de visualización negativa que nos ayude a prepararnos para los golpes de la vida. «Deberíamos amar a todos nuestros seres queridos, pero siempre teniendo en cuenta que no tenemos la garantía de mantenerlos por siempre; es más, ni siquiera tenemos la garantía de que los mantendremos por mucho tiempo«, dijo Séneca.

Marco Aurelio recomendaba un ejercicio de visualización negativa diario: «Comienza cada día diciéndote a ti mismo: Hoy me reuniré con la interferencia, la ingratitud, la insolencia, la deslealtad, la mala voluntad y el egoísmo«.

Quizá en la hegemonía del «pensamiento positivo», las palabras de los estoicos destilen un sabor amargo, pero en realidad este tipo de ejercicio puede empujarnos lejos de la depresión y el abatimiento para animarnos a celebrar todo lo que tenemos, aquí y ahora.

La visualización negativa puede ayudarnos a prepararnos para lo peor de la mejor manera, para que nada nos tome por sorpresa y no nos sintamos tan abrumados o abatidos cuando la adversidad toque a nuestra puerta – algo que ocurrirá antes o después.

¿El secreto? Aplicar esta técnica en su justa medida, evitando convertirla en una excusa para alimentar el pensamiento catastrofista. Hay que tener en cuenta que sus principales objetivos son rebajar nuestras expectativas para evitar desengaños y aprender a no dar nada por sentado.

Una manera constructiva de aplicar la visualización negativa de los estoicos consiste en escribir cada día tres cosas valiosas que tenemos. Imaginando lo tristes o defraudados que nos sentiríamos sin ellas, podemos revalorarlas aún más, experimentar gratitud y cuidarlas de la mejor manera posible.

Como por arte de magia, cuando comenzamos a centrarnos en lo que tenemos, en vez de lo que no tenemos, las quejas desaparecen de nuestra vida. «Un hombre sabio es aquel que no llora por las cosas que no tiene, sino que se regocija por las que tiene«, sentenció Epicteto.

2. Amor Fati

Amor fati es una frase latina que significa «amor a tu destino». Es una mentalidad estoica que implica aceptar todo cuanto nos sucede en la vida, incluido el sufrimiento y la pérdida, como algo positivo o de lo cual obtener una enseñanza porque nos ha permitido convertirnos en la persona que somos hoy. Según los estoicos, ese era el camino para vivir de manera más serena y feliz, lejos de las quejas banales.

Epicteto resumió esta idea: «No intentes que las cosas sucedan de la manera que quieres; más bien, desea que lo que sucede, suceda como sucede: entonces serás feliz«.

El amor fati significa que sentimos que todo lo que sucede forma parte de un proceso, de un camino de aprendizaje que debemos seguir para crecer como personas. Sin embargo, ese destino no se entiende como inevitable, no asumimos un papel pasivo, sino que tenemos la posibilidad de construir, dentro de los límites impuestos por el azar – entiéndase nuestra sociedad, cultura, familia….

El azar desempeña un papel importante, pero tenemos la posibilidad de reaccionar de dos maneras: negarlo y vivir como si la propia vida fuera una carga pesada, lamentándonos por todo lo que nos ocurre; o aceptarlo y asumir que en la vida algunas veces se gana y otras se pierde. O sea, si aceptamos los triunfos también debemos aceptar las derrotas y si aceptamos la alegría toca aceptar la tristeza porque uno no existiría sin el otro.

Sin embargo, el amor fati no implica simplemente aceptar la realidad, sino de abrazarla. El objetivo es pasar del «no estoy de acuerdo con lo que me ha sucedido» al «asumo lo que sucedió y voy a sacarle provecho«.

Existen muchas maneras de aplicar el amor fati. Un ejercicio sencillo consiste en mirar atrás, a las situaciones adversas que hemos enfrentado, e intentar comprender cómo nos han fortalecido o qué enseñanzas nos han brindado.

Al respecto, Nietzsche, que en ciertos aspectos podría considerarse un filósofo estoico, escribió: «Mi fórmula para expresar la grandeza en el hombre es amor fati: el no-querer que nada sea distinto ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad. No solo soportar lo necesario, y aún menos disimularlo ―todo idealismo es falsedad frente a lo necesario― sino amarlo«.

Debemos recordar que solo cuando abrazamos la vida, con sus luces y sombras, con las dichas y desgracias, desarrollaremos la actitud adecuada para aprovecharla plenamente, hasta la última gota.

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