14 Historias de personas que tienen su propio blindaje de todas las desdichas: su familia

La fortuna le sonríe a cada uno de nosotros, y todos recibimos diferentes regalos del destino. Las personas cuyas historias contaremos hoy fueron increíblemente afortunadas con sus seres queridos, ya que ellos las ayudaron, apoyaron y animaron en cualquier situación.

Genial.guru les propone sumergirse en el mundo de las cálidas historias familiares que compartieron algunos usuarios de Internet.

    • Conozco a una familia que usualmente es bastante tranquila, pero a veces le salta la térmica. Empezaron a hacerle bullying a su hijo en la escuela. Al psicólogo no le importaba, y al profesor de la clase tampoco. Los padres fueron a ver a la directora, y tranquilamente y con gentileza le contaron que había un problema que solo podían resolver juntos. La señora dijo que no había ningún hostigamiento: “¡No es verdad! Los niños simplemente juegan”. Entonces, el padre de la familia tomó tranquilamente su bolso, arrojó el contenido al piso y lo pateó, enviándolo hacia el armario. La directora lo miró shockeada, y el hombre dijo que solo jugaba con ella, como los niños de la clase con su hijo. Finalizó la conversación preguntándole si todavía pensaba que eso era normal. Al final, el problema fue resuelto.
    • Desde mi infancia, el único hombre que admiraba todos mis trabajos infantiles era mi abuelo. Mi arte gustaba a toda mi familia, los miembros de esta lo elogiaban, pero el deleite de este hombre era genuinamente sincero, incomparable. Admiraba cada mancha de tinta, cada rizo, y pasaba mucho tiempo examinando los garabatos que hacía. Han pasado 20 años desde eso, y gracias a él sigo disfrutando del arte, pintando cuadros, haciendo todo tipo de cosas e imaginando su rostro alegre cuando lo hago.
    • Vivo con mi padres y tres gatos. Volví de la universidad después de un día estresante, agarré a un felino y me arrojé en el sofá diciendo: “Me cansé de todo”. Después de un rato, llegó mi mamá y, con exactamente la misma frase, tomó al segundo gato y se dejó caer en el otro extremo del asiento. Media hora más tarde, entró papá, agarró al tercer animal y dijo: » Me cansé de todo», arrojándose al sillón. A esto le llamo comprensión mutua en la familia.
    • Mi hijo de 13 años era hostigado por sus compañeros de clase. Era muy amable, y ni siquiera intentaba defenderse. Mi esposa y yo no sabíamos qué hacer con eso, ya que él nos prohibió interferir en la situación. Hace una semana, regresó a casa de la escuela contento y dijo: “Imagínense, los muchachos se disculparon hoy. Dijeron que ya no me van a ofender más y le pidieron a Ana que no los tocara”. Resultó que mi hija golpeó al instigador principal y perforó su balón de fútbol con un cuchillo de cocina. Por cierto, ella tiene 7 años. Ahora incluso me da miedo castigarla.
    • Tenemos una familia muy grande, pero a nadie le gusta cocinar. Decidimos enviar a mi hermana a aprender, y ella lo hizo, pero vivió con nosotros durante seis meses y se casó. No nos dimos por vencidos, y todos los domingos vamos a almorzar con ella. Todos, las 14 personas que componen el grupo familiar. Su esposo es muy feliz, o al menos eso parece.
    • Tengo un problema de peso, un trastorno de alimentación, y no me gusta hablar de eso, simplemente odio cuando me interrogan sobre el tema. Sin embargo, a mis familiares les gusta debatir el asunto. Un día asistí con mi hermana a una cena familiar. Todo estaba bien al principio, pero luego comenzaron las preguntas: “¿Por qué pesas tan poco?”, “¿Cuándo comenzarás a comer?”. Si piensan que eso era lo más terrible, les comento que no fue así. Estaba a punto de estallar en llanto, levantarme y correr. Pero, de repente, mi hermana dijo: “¿Come poco? No es nada en comparación a esta yegua, que…”, y rápidamente desvió el tema. Los familiares ni siquiera lo entendieron, pero eso es lo que llamo comprensión.
    • Mi papá fue a trabajar a un hotel rural. Mientras arreglaba las instalaciones, salió y vio ardillas en el parque.

      Esta fue su conversación con un guardia:

      — ¿Puedo venir en una semana para pasear? Quiero mostrarle ardillas a mi hija.

      — Sí, claro, ven cuando quieras. ¿Y cuántos años tiene tu hija?

      — Veintidós.

      Es lindo saber que incluso estando en otra ciudad, casada y con dos empleos, sigo siendo una niña a la que se le deben mostrar ardillas.

    • Hasta mis 12 años, mi papá y yo nos peleábamos a menudo. Era terco, iracundo, y yo nunca me dejaba ganar. Como resultado, a menudo me acostaba enojada, sin reconciliarme con él. No podía dormir por un largo tiempo, pero cuando mi papá entraba al dormitorio por la noche, fingía estar dormida, y luego me llevaba con una manta en sus brazos, se sentaba en otra habitación, me acunaba en sus brazos, me acariciaba el cabello, se disculpaba y decía que me quería mucho. Me tenía durante unos 30 minutos y me llevaba a la cama. Nunca abría los ojos. Y este es mi secreto. ¡Perdonaba a mi padre por todo!
    • “¡Soy la primera en ir al baño!”, y ella corre sin parar. Le tomo la mano, me adelanto y corro al baño. Luego ella trata de sacarme y saltar a la ducha con unos jeans y un suéter. Abre la canilla, me mojo. Salgo corriendo al pasillo. Al cerrar la puerta, ella dice feliz: “Bueno, siempre gano”. Soy la hija, tengo 21 años, y mi madre 47, quien ganó otra vez.
    • Mi hermana tiene 23 años y ya vive sola. Mi mamá y yo volvíamos de la tienda cuando ella me llamó llorando histéricamente. Empecé a gritar: “¿Qué pasó? ¡Cálmate y dime! ¡Ya voy para allá!”. Las personas a nuestro alrededor estaban tensas y nos miraban. Después de un par de minutos, de alguna manera logró decir: “Los peces han muerto…”. Me sorprendí y comencé a gritarle: “¡No puede ser! ¡Ya voy!”. Y al mismo tiempo pensé: “¡Sus mascotas murieron, y a mí casi se me detiene el corazón!”.
    • Mi hermano estaba mirando una caricatura por la noche. Fui a llamarlo para que se cepillara los dientes, y al final comencé a mirar la serie con él. Mamá dijo que era hora de dormir. Nosotros le contestamos que sí y seguimos mirando. Después de 15 minutos, ella nos envió a nuestro padre. Pedimos mirar hasta que empezaran las publicidades. Después de otros 30 minutos, mamá vino y vio la siguiente imagen: los tres estábamos acostados y mirando la caricatura. Papá le pidió que nos dejara verla hasta el final, ya que quedaba muy poco. Mi hermano tiene 10 años, yo tengo 23, y papá tiene 47.
    • Nuestra madre es una mujer muy educada. Todos admiran que mi hermana y yo somos buenas amas de casa, tenemos educación superior y conocemos idiomas extranjeros. Pero nadie imagina que esta mujer siempre elegante y modesta nos enseñó a beber vino, a sacar las lámparas de los espacios públicos del edificio, a jugar a las cartas, a mentir sin sonrojarse (mentíamos por teléfono diciendo que mamá no estaba en casa), trepar a los árboles y vallas. Se arrepiente de no saber silbar, sino nos hubiera enseñado eso también.
    • Cuando mis senos comenzaron a crecer, mi madre me llevó a una tienda de lencería y me ayudó a encontrar el sostén adecuado. Cuando quise comenzar a maquillarme, compró un pequeño kit de cosméticos y le pidió a su amiga maquilladora que me explicara lo básico. Cuando quise empezar a afeitarme las piernas, me explicó cómo no cortarme. Cuando todos en la clase comenzaron a beber, me dijo que me entendería si volvía a casa borracha un par de veces. Me explicó cómo frenar a tiempo y me hizo prometer que tendría el número de papá en la marcación rápida en caso de emergencias.
    • Tengo 20 años. Un día llegué a casa de la escuela y quería mucho un melón, pero mi papá dijo que había que esperar dos semanas hasta la estación. Pasó el tiempo y lo olvidé por completo. Un día fui a visitar a una amiga y me quedé con ella hasta la noche. Mamá me llamó y dijo: “Vuelve a casa rápido, papá nos prohíbe a todos tocar el melón hasta que llegues”.

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Maestroviejo

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