? XOSÉ IGLESIAS LAMELA O DRUIDA POETA DO MAR

Xosé, el poeta del Gran Sol
?
«Cando navego, pásanme 
metáforas pola cabeza»

“Escápolle ás rimas, 
o mar é libre e por iso 
son partidario do verso libre”

El singular marinero Xosé Iglesias Lamela, que recita sus versos en su barco y los cuelga en Youtube, publica su primer poemario (Ya ha publicado un segundo).

Xosé Iglesias Lamela es el patrón del barco de bajura Primero Villar. Cada día se levanta a las 3,30 horas de la madrugada y enfila el rumbo desde el puerto coruñés de Oza hacia algún caladero donde ganarse el pan de cada día. 

“Lo de ganarse el pan es un decir, porque si vieras lo que pescamos hoy es para echarse a llorar, pero así es el mar y últimamente las corrientes están muy revueltas”, explica llegando a puerto en este barco que compró hace una década con los ahorros de lo que había ganado embarcado en el Gran Sol. En el Primero Villar, un barco de nueve metros de eslora, lo acompaña desde hace cuatro años Hassane Diop, un muchacho senegalés de 24 años que carga con la historia cruel que se repite en cientos de subsaharianos: llegó con su padre en una patera y acabó en un centro de acogida hasta que le dieron una oportunidad para trabajar en el mar.

Pero este no es el inicio de una historia de miserias y tragedias sino que pretende ser una historia sobre la vida de un poeta. Un poeta y un marinero reivindicativo que en el año 2011 se hizo célebre con un vídeo en youtube donde se veía obligado a tirar al mar varias cajas de xarda, al tiempo que protestaba con rabia contra la marginación de Galicia en las cuotas pesqueras que establece la Unión Europea. El vídeo rápidamente se expandió por las redes y los internautas pudieron descubrir un interesante marinero con un canal propio en youtube con más de un centenar de grabaciones suyas, que recitaba con tono épico poemas en alta mar, emitiendo sonidos con una caracola y con su compañero senegalés Hassane como operador de cámara en el móvil.

TRANSFUSIÓN OCEÁNICA, 
Xosé Iglesias

Eu creo que son humano reconvertido
e sinto que nalgún momento
sufrín transfusión oceánica
porque este sangue do meu corpo
non é sangue é auga salgada

Sinto tamén que sufrín metamorfose

non é nariz o meu senón proa

non son brazos os meus senón amuras

e as miñas costelas cadernas.

Tras sumergirse en los versos de Transfusión oceánica resulta difícil distinguir si es Xosé Iglesias quien evoca al Océano o es el propio Océano quien nos habla a través del poeta. Cada página y cada verso nos inundan de olor a mar y a madera húmeda, nos zarandean con el sacrificio y la soledad, nos reclaman con un grito de protesta y libertad surgidos de lo más profundo de la Mar.

La vida del poeta y marinero Xosé Iglesias (Cee,1974) está marcada por el mar y sobre todo por su paso por el Gran Sol. Allí estuvo embarcado cerca de cuatro años en el “Troita” y allí vivió historias de tempestades y naufragios de compañeros sobre las que prefiere pasar página. En el noroeste de Escocia, en la temible y misteriosa roca de Rockall, una piedra en medio del océano a seis días navegando desde A Coruña, supo lo que era el respeto por el mar. “Allí se registró una ola de treinta metros de altura, la mayor ola jamás medida desde un barco”, explica Iglesias para contextualizar esta temible zona. En los largos días del Gran Sol, que evocan aquellos días narrados por Ignacio Aldecoa en la magnífica novela del mismo nombre, se desarrollaba también internamente su vena poética que ya arrastraba desde chaval y por la que fue premiado en algunos certámenes infantiles. Es ahí donde empieza a germinar “Transfusión Oceánica”, (Editorial Caldeirón), su primer poemario que estos días acaba de llegar a las librerías.

“El título del libro y lo que quiero plasmar en los poemas se podría explicar a diario cuando llego al puerto de Oza y veo a los viejos lobos de mar con esa mirada nostálgica perdida en el horizonte”, dice Iglesias para tratar de explicar ese sentimiento. En todos esos marineros jubilados que pasean entre las redes del puerto oteando el mar, detectó algo especial este poeta marinero: “el océano los marcó y penetró en su interior, provocando lo que llamo `transfusión oceánica’”.

A Iglesias le fascinan los lobos de mar, tanto el término como la vida interior de esos viejos marineros. Esa fascinación y esa sensibilidad fue captada por ese avispado zahorí de historias que es el músico y escritor Xurxo Souto. “Xosé no escribe del mar. Al revés, es el océano quien lo conforma y define las siluetas de su ser”, escribe Souto en el bonito prólogo del libro, en el que define estos versos como “poemas en los que el Atlántico explota en los ojos”.

Hace tres años que Souto conoció a Xosé Iglesias en un taller literario y desde entonces lo alentó para que aflorase el poeta que llevaba dentro, durmiente desde hace años. Después, el también poeta Paco Souto fue el que impulsó la edición de este libro de 36 poemas en la Editorial Caldeirón.

Cada día, después de regresar de faenar entre fanecas y salmonetes, Iglesias llegaba a casa y cincelaba estos versos que están tatuados de salitre y que evocan en muchos casos el universo poético del gran Manuel Antonio. En ese mundo de sextantes, rosas de los vientos e isobaras, reducido a una superficie que va de proa a popa, emergen los versos de Xosé Iglesias. Son versos de lucha, de las adversidades del mar y de las contradicciones de sentirse libre navegando, como comienza el titulado “Nove metros”, justo las medidas de su barco: “Merquei nove metros de liberdade / a cambio de ser escravo do mar”. Como le gusta decir a su autor, “son poemas hechos desde el océano”.

Después de cenar, Xosé hace y rehace sus poemas, pero sin muchos despistes horarios. Al día siguiente, a las 3,30 de la madrugada tiene que poner el Primero Villar en marcha. Saldrá unas doce horas a faenar, y aunque ahora no sea al Gran Sol ni a la inhóspita roca de Rockall, el respeto por el mar es el mismo. “Eso no cambia, lo único es que tal y como está todo casi volvemos a puerto con más poemas que pescado”, ironiza el poeta marinero. Por si acaso, Hassane Diob, el marinero camarógrafo, siempre tiene su móvil a punto en el barco para que el mundo pueda acceder a la épica de los versos de Xosé, el poeta que se forjó en el Gran Sol.

XOSÉ IGLESIAS: 
POEMA AL MAR
UN POEMA DEL POETA Y MARINO PESCADOR

Xosé Iglesias Lamela (Cee, A Coruña, 1974) es poeta y patrón de pesca de altura. Alterna su oficio con la poesía; había participado en varios libros colectivos y ‘Transfusión oceánica’ es su primer libro. Lleva un prólogo del narrador y cantante Xurxo Souto, que dice que “Xosé navega por un agua nueva. Estos versos son presencia, no travesía. Estancia, no viaje. Xosé no describe el mar. Al revés. Es el propio océano quien lo conforma, quien define con espumas la silueta de su ser”. 
Cada día, después de regresar de faenar entre fanecas y salmonetes, Iglesias llegaba a casa y cincelaba estos versos que están tatuados de salitre y que evocan en muchos casos el universo poético del gran Manuel Antonio. En ese mundo de sextantes, rosas de los vientos e isobaras, reducido a una superficie que va de proa a popa, emergen los versos de Xosé Iglesias. Son versos de lucha, de las adversidades del mar y de las contradicciones de sentirse libre navegando, como comienza el titulado “Nove metros”, justo las medidas de su barco: “Merquei nove metros de liberdade / a cambio de ser escravo do mar”. Como le gusta decir a su autor, “son poemas hechos desde el océano”.

A relixión do mar e que nos chega co aval de gañar o IX Certame de Poesía Victoriano Taibo, convocado polo Instituto de Estudos Miñoráns, entidade que publica os libros premiados. Tanto a celebración do concurso literario como a propia edición das obras forman parte, como se di no colofón, do abano de actividades coas que «O Instituto de Estudos Miñoráns e o Concello de Gondomar promoven unha campaña para que Galicia lle dedique un Día das Letras Galegas a Victoriano Taibo».

O libro ábrese con tres textos poéticos que tamén serven para explicar a forza espiritual do título: «Persignación», «Credo» e «Fe», todos tres con fortes estruturas paralelísticas como adoitan ser os textos dos devocionarios, concibidos para a oralidade.
A relixión do mar articúlase como un tratado, conmovedor, sobre a vida do mar e sobre a vida no mar, mesmo se se quere sobre o mar na vida, abrazado con convición e fe: «Creo no mar / útero azul / patria dos ronseis». 

Iglesias mergúllase no mesmo universo polo que navegaran López Abente, Avilés de Taramancos, Manuel Antonio, Bernardino Graña, Alexandre Nerium ou Miro Villar, e faino con voz propia para trazar un pentagrama cunha melodía de buguinas. Dálle forma, así, a unha cartografía senlleira, honesta e meritoria, que percorre derrotas, paisaxes íntimas e colectivas, da man de quen as percorre e vive día a día.
«Construír un deus (Estaleiro)» xunta dezanove textos que suceden en terra, de feito o poeta confesa o maxisterio que recibiu dos carpinteiros de ribeira, nomeadamente de Francisco de Fra en San Cibrao. Acompañado dos debuxos precisos de Pablo Outón, Xosé Iglesias compila nestes versos toda unha vella sabedoría sobre a construción de barcos, que agranda o volume Tamén navegar. Escolma de poesía galega sobre carpintería de ribeira e embarcacións tradicionais (Toxosoutos, 2011), coordinado por Francisco Fernández Naval e editado para o X Encontro de Embarcacións Tradicionais de Galicia que se celebrou en Carril. Algúns dos títulos dos poemas de Iglesias Lamela non deixan dúbida e fan lembrar aqueloutro magnífico de Avilés de Taramancos que se inicia co verso «Na outra banda do mar constrúen o navío». Velaí: «Chan de madeira», «Caderna mestra», «Quilla e roda», «Costelar», «Obra morta», «Obra viva» ou «Calafate», porque:

Construír un barco. 
É tallar na árbore a historia dun pobo

A voz de Xosé Iglesias Lamela é unha voz que se reclama herdeira dunha tradición que, na miña opinión, non é outra que a imaxinista e, tamén, a creacionista. A metáfora múltiple e a primacía da imaxe semellan ser obxectivos recorrentes. E no conxunto, logo da suma de poemas e poemas, encontrámonos cun pouso épico, como se, despois de todo, fose a xente do mar a que estivese nestes poemas a encontrar o seu voceiro.

«Os fillos dos mariñeiros da Coruña non queren ir ao mar», sentencia. «Cabréame moitísimo cando os inspectores de pesca están esperando por min e dinme como teño que traballar. Europa non sabe que Galicia é un territorio moi dependente da pesca e todas as leis van na nosa contra», analiza. Al acabar lo acompaño a la lonja. En unas cajas descansan las xibas y centollas que pescó y que al día siguiente serán subastadas. «Ves, no hai case ninguén. Nin un só barco do Gran Sol. Hai anos isto era unha pasada e agora?», comenta mientras su hijo guarda silencio.


Por Xosé IGLESIAS

[A mi bisabuelo Paco o garelo.]


Mi abuelo lobo de mar

tatuó en mi piel
los meridianos y paralelos 
de una cartografía salvaje.
Una rosa de los vientos
en la que uno a uno
proa al miedo
firmaron su paseo
el viento del norte
oeste vendaval.
El me enseñó
el olor del crepúsculo
en el descenso de las mareas.
El peso del ancla
que fija nuestros destinos
Fue la azuela firme
que moldeaba la cuaderna magistral
de mi vida.
Nací como un barco
clavo tras clavo
madera sobre madera
Asentando en la quilla
el lastre eterno de su aullido
Construyéndome
con el aspecto inmortal
de sus palabras
Una lágrima discurre
por los carriles del tiempo
en el desembarco en el océano
de mi cuerpo
*La ilustración es ‘Mar de Sargazos’, 
1946, de Urbano Lugrís. 
La traducción es mía, 
ORIGINAL EN GALLEGO
Por Xosé IGLESIAS

[Ao meu bisavó Paco o garelo]

O meu avó lobo de mar
tatuou na miña pel
os meridianos e paralelos
dunha cartografía salvaxe
Unha rosa dos ventos
na que un a un
proa ao medo
asinaron o seu paso
o norte nordés
oeste vendaval. 
El ensinoume
o cheiro do crepúsculo
na baixamar das mareas.
O peso da poutada
que ancora os nosos destinos.
Foi a eixola firme
a moldear a caderna maxistral
da miña vida
Nacín coma un barco
cravo tras cravo
madeira sobre madeira
Asentando na quilla
o lastre eterno do seu ouveo
Construíndome
coa fasquía inmortal
das súas palabras
Unha bágoa discorre
polos carrís do tempo
na botadura no océano
do meu corpo
-De ‘Transfusión oceánica’. 
Xosé Iglesias. A Coruña, 2014.

(Adicado o profesor José Baña Heim , 
autor do libro Costa de la muerte
Historia y anecdotario de sus naufragios)

Costa da morte

Camiña o vento na pedra
Nas árbores descarrilan as sombras
do semblante
Emerxe o alento místico da borrasca
O fío que cose os retais da dor
O martelo calafatea as feridas da noite
Nos cons están os coitelos
As voces dos afogados
As unllas que desgarran a mexilla
As baleas chaman os capitáns
No monte os bois
alumean o camiño do faro
O paso invisibel da santa compaña
Un carpinteiro de ribeira
constrúe un barco
Embarroa as cadernas
con unto de temporais
Un mariñeiro encarna as nasas
coa fame dos fillos
E dálle avante¡¡¡
Nos peiraos os lobos escriben
a historia de cada embarcación
Todo é luz todo é noite
Todo é calma todo é inferno
As situacións dos navíos
confúndese na xerfa.
Os crebeiros érguense cedo
para atopar restos do naufraxio
Cabo Fisterra, Vilán
Traba, Sisargas
Un home espido constrúe
un museo no argazo
Chove por riba dos bois
Levan nos cornos
os lóstregos da infamia
Dous rapaces famentos
ollan o horizonte

TORRE DE HÉRCULES

Luz… 
Todo horizonte no código morse. 
360 graos de lóstrego nos ollos. 
Na carta o cronómetro detense 
cada vinte segundos. 
Un gladiador ascende a chama. 
Catro sinais de vida. 
Esculpen no ceo o ecos da ribada. 
(Relixión do Mar)

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