Por qué la concentración relajada es la base para cualquier práctica, física o espiritual

Un estado de concentración relajada o de calma energética puede parecer una contradicción para algunas personas inmersas en una mentalidad que condena la quietud y que considera que lo importante es la acción en su presentación externa. Sin embargo, la unión entre el control de la atención y la relajación o la estabilidad sin tensión es algo que se ha practicado por milenios entre las diversas tradiciones filosóficas y religiosas orientales. Es de hecho la base del samadhi y del shamatha, la técnica de pacificar la mente sin caer en la lasitud o en el letargo. 

El maestro de meditación Alan Wallace argumenta que es evidente que, ya sea que se vaya a practicar una disciplina atlética, como puede ser jugar un partido de tenis, o se vaya a meditar es siempre mejor un estado mental relajado, estable y claro a uno tenso, agitado y opaco. Es difícil pensar en algo, en cualquier tipo de disciplina, donde sea mejor estar tenso, agitado y opaco que relajado, estable y claro; es por ello que es importante cultivar una relajación sin perder la concentración o la claridad. Esto es esencialmente lo que enseña la meditación budista shamatha, dirigir la mente unipuntualmente sin caer en la lasitud ni en la agitación, el punto medio desde donde todo es más fácil.

Hay una famosa historia del budismo theravada, en la que un monje llamado Shrona se acercó al Buda a preguntarle por su practica de meditación –Shrona generalmente estaba o muy tenso o muy relajado. El Buda le dijo: “Cuando eras laico, tocabas muy bien la vina, ¿o no?”. [La vina es un instrumento musical más o menos similar a la guitarra]. “Así es, tocaba muy bien”, contestó Shrona. “¿Cómo sonaba mejor tu vina, cuando las cuerdas estaban muy sueltas o muy apretadas?”; “Sonaba mejor cuando no estaban ni muy sueltas ni muy apretadas”. “Es igual con la mente”, le dijo el Buda. Después de eso Shrona logró cultivar la mente con la meditación.

Patrul Rinpoche, uno de los grandes maestros de la tradición nyingma del budismo tibetano, en su clásico Palabras de mi perfecto maestro escribe: “No dejes que tu mente esté demasiado tensa o demasiado intensamente concentrada; deja que tus sentidos estén naturalmente tranquilos, en balance entre la tensión y la relajación”. Y cita a Machid Ladbrön: “Mantente firmemente concentrado, suelto y relajado: este es un punto esencial para la Visión”. Esto significa que para poder lograr la perspectiva correcta, la visión del dharma, es necesario este estado de relajación concentrada, de otra manera nuestra mente se ve oscurecida y no podemos acceder a la sabiduría. 

En el tantrismo también se enseña que este estado de relajación concentrada o calma energética es lo que permite que fluya la energía por el cuerpo y purifique el organismo. El traductor Kennard Lipman, en su introducción al texto Khandro Nyingtik de Padmasambhava, escribe:

La oscilación natural de la energía humana entre el cielo y la tierra, del ascenso y el descenso, entre la base de la columna y la corona. Esta oscilación bioenergética es básica para toda la vida, para todas nuestras experiencias, ya sean perceptuales, emocionales o intelectuales… Estos textos enseñan que la clave para la felicidad relativa y última es una forma de tensión relajada, algo que un psicólogo moderno ha llamado ‘energía calmada’… Si hay demasiada tensión, la energía que produce la polaridad se rompe prematuramente. Si no hay suficiente, la energía no se puede desarrollar. En la sexualidad hay una danza de separación y unión, fuego y agua.

Así tenemos que en la sexualidad, como se práctica en los tantras internos, también este estado es la base de la práctica.

Por último, podemos comparar esta concentración relajada con el estado búdico, y es que la palabra buddha viene de la raíz bodh que significa despertar, pero que incluso conlleva ya un cierto estado de conciencia vigilante. Roberto Calasso, en su libro El ardor, sugiere que cultivar una atención despierta (lo que llama tapas o ardor) incluso antecede al Buda y es la esencia del pensamiento védico, el milieu en el cual surgió el budismo:

La primacía de despertar sobre cualquier otra actividad mental no es una innovación del Buda, quien simplemente ofreció una versión de esto que era a la vez radical y mayormente destructiva de lo que le antecedía. La preocupación sobre el despertar y su importancia siempre había estado presente en los textos védicos. 

[…] Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva “más divino, más calmado, más ardiente”, en otras palabras más rico en tapas. ¿Y acaso no fue el tapas lo que permitió que los dioses se convirtieran en dioses en un principio?… Todo puede ser trazado de regreso a esto. Y todo puede ser eliminado, excepto esto.

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