No soy un robot sin sentimientos

Soy una persona igual que tú. No soy un robot sin sentimientos y cuando te ríes de mí me haces daño. Puede que no entienda la ironía o las bromas, puede que sea demasiado literal con todo lo que dices, pero eso no hace que sea menos humana. Tengo sentimientos y aunque no los veas porque no soy capaz de expresarlos, tus palabras, en ocasiones, me hacen mucho daño.

No soy sorda y escucho lo que dices, aunque no le dé el mismo significado. No tengo ninguna discapacidad intelectual, aunque a ti te parezca lo contrario. Puedes considerarme un bicho raro pero lo único que me hace diferente es ver el mundo desde una perspectiva más racional y llena de datos. No soy extraordinaria, soy como tú, pero miro el mundo de manera distinta, y por eso dicen que tengo el Síndrome de Asperger.

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No te atrevas a juzgarme si no estás en mis zapatos

Qué fácil nos resulta juzgar a los demás cuando nos paramos solo el tiempo justo para ver el acto, o imaginarlo, y no reparamos en las circunstancias. Cuando no nos ponemos en el lugar del enjuiciado y no empatizamos. Cuando resulta gracioso gastar bromas a aquellos que no las entienden. Cuando personajes como Sheldon Cooper caricaturizan a personas que ven el mundo de otra manera.

Dicen que somos nosotros los que tenemos esta alteración neurobiológica del desarrollo -no enfermedad- que afecta a la empatía. Pero curiosamente son los que presumen de tenerla los que no la aplican al tratar con nosotros. Nos usan como si fuéramos google porque conocemos muchos datos, como si fuéramos máquinas y no tienen en cuenta el daño que nos hacen al despojarnos de nuestra humanidad y jugar con nuestros sentimientos.

Nos juzgan sin piedad, nos juzgan automáticamente y sin conocernos, solo porque a sus ojos somos piezas con aristas extrañas que no encajan bien en los rompecabezas particulares de sus mundos percibidos. Nadie se preocupa por ponerse en nuestros zapatos e intentar vivir con nuestra condición. Solo saben que el Síndrome de Asperger se incluye en el DSM-5 dentro de los Trastornos del Espectro Autista y con ello ya tienen su “trailer particular”, cuando no la película entera. Sin embargo, el autismo y el Asperger son muy distintos.

Una persona con Síndrome de Asperger lo único que tiene fuera de lo común -uno de los elementos diferenciales, no lo que le caracteriza- es su falta de destreza a la hora de relacionarse con otras personas. Esto se debe, en parte, a los problemas en el uso del lenguaje, en lo que se conoce como la pragmática. En resto de características o habilidades puede tener similitudes y diferencias con otras personas, como las que hay entre tú y yo.

mujer andando sin zapatos

El mundo de los sentimientos y las emociones es complicado para todos

El mundo de los sentimientos y las emociones es complicado para todos, de ahí que la inteligencia emocional sea fundamental para la adaptación del ser humano. Pero en el Asperger es aún más complicado. Por ello, tener claras unas pautas sobre las necesidades y la forma de interaccionar con personas con Asperger, teniendo en cuenta la edad, resulta muy importante:

Vivir con un niño con Síndrome de Asperger

Los niños con asperger suelen ser peculiares desde el principio. Necesitan que se utilice con ellos un lenguaje que sea lo más positivo posible, alabarles con frecuencia y sinceridad en lugar de centrarse en aquellos que echamos de menos en su forma de actuar. En muchas ocasiones resulta muy práctico decirles lo que tienen que hacer y abstenernos de lo que no tienen que hacer. 

Enseñarles a escuchar resulta fundamental. Hay que ser razonable con lo que se les pide y la demanda debe estar en consonancia con las capacidades del niño. Para ello, emplear una manera sencilla, clara y concisa de expresarnos va a mejorar mucho la comunicación.

Es importante ayudarles a identificar los sentimientos. A los niños Asperger les cuenta mucho trabajo reconocer los sentimientos de otros y expresar los propios. También resulta muy positivo apartar en lo posible la crítica y ayudarles a tener una imagen positiva de sí mismos, ya que repercutirá directamente en su autoestima.

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El Síndrome de Asperger en la adolescencia

Durante la adolescencia se marcan más las diferencias de los niños con asperger. Pueden permanecer indiferentes a los eventos sociales o la lucha por ser independientes, mientras los demás jóvenes caminan hacia la etapa adulta de la vida buscando su propio sitio en la sociedad.

Un aspecto muy importante a tratar es la relación con sus posibles parejas, sean hombres o mujeres, ya que son incapaces de entender las relaciones de manera pasional. Además, en este periodo la educación sexual debe de ser un pilar central, aunque eso debería de ocurrir con todos los adolescentes.

Asperger en la edad adulta

Las personas con asperger pueden llevar, y de hecho en su mayoría llevan, una vida normal. Si han trabajado la adaptación al entorno y las emociones durante la infancia no suelen tener muchos problemas para moverse en el mundo de los adultos. En el trabajo, cuando “más sufren” es si están en un puesto “de cara al público” y suelen desenvolverse mejor cuando tienen que desarrollar proyectos individuales, con independencia de la complejidad de estos.

Como ves, tengo asperger, pero no soy un robot sin sentimientos. Atrévete a conocerme y a entenderme. Ponte en mi lugar y usa esa habilidad, la empatía, que es algo con lo que en teoría tú si cuentas: tienes esa posibilidad. No me juzgues ni te rías de mí. Intenta comprenderme y enséñame a entenderte. Estoy segura de que te sorprenderé.

El mundo de las personas con síndrome de Asperger

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