No pidas más de lo que das, pero tampoco aceptes menos de lo que mereces

Encontrar el equilibrio en la vida es complicado. Generalmente pecamos por defecto o exceso, sobre todo en las relaciones interpersonales. A veces damos mucho de nosotros a personas que no lo valoran y otras veces les pedimos demasiado, mucho más de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a dar.

No pidas lo que no estás dispuesto a dar

Hay personas que exigen demasiado a los demás, que ponen sobre los hombros de quienes les rodean expectativas muy elevadas, pero no están dispuestas a mostrar la misma entrega y compromiso. Es una actitud común en las personas narcisistas, así como en las personas manipuladoras o con rasgos psicopáticos.
El rasgo común que impulsa a estas personas a pedirle demasiado a los demás suele ser su egocentrismo. Como piensan que el mundo gira a su alrededor, creen que es natural que los demás se desvivan por satisfacer sus necesidades. Sin embargo, cuando les toca a ellas hacer sacrificios por los demás, rápidamente dan un paso atrás porque no están dispuestas a relegar sus necesidades y deseos a un segundo plano.
Estas personas actúan como auténticos vampiros emocionales ya que presionan a quienes están a su alrededor y les piden favores continuamente, haciéndoles sentir mal si no satisfacen sus necesidades. Su estrategia consiste en inclinar la balanza a su favor, todo lo que puedan.
Este tipo de relaciones desbalanceadas acarrea problemas para las dos partes. La persona que pide continuamente, sin involucrarse, no madurará nunca, se quedará atascada en la fase del egocentrismo y jamás desarrollará la autonomía emocional necesaria para vivir una vida plena. Pedirle demasiado a los demás pretendiendo dar muy poco a cambio no solo es símbolo de egoísmo sino también de inmadurez y miedo al compromiso. 
Por otra parte, la persona que da continuamente sin recibir nada a cambio terminará drenada emocionalmente. Cuando se establece este tipo de relaciones, sobre todo en la pareja, quien da suele experimentar un profundo vacío emocional que se va intensificando con el tiempo.

No aceptes menos de lo que mereces

La entrega, la compasión y ayudar a los demás no solo nos enaltece como personas sino que tiene beneficios para nuestra salud física y psicológica e incluso se ha vinculado con una mayor esperanza de vida. Sin embargo, todo tiene un límite.
Ese límite se encuentra en el punto en el que tu entrega no solo no se ve recompensada sino que tampoco es valorada e incluso llega a hacerte daño. Es importante comprometerse, pero comprometerte en exceso, hasta tal punto que los demás pasen por alto tus derechos y hagan caso omiso de tus necesidades, es contraproducente y dañino.
En muchos casos, en la base de este tipo de comportamientos puede encontrarse la creencia de que no eres lo suficientemente bueno, por lo que permites que los demás te den las migajas de su atención, cariño y/o compromiso.
También puede deberse al miedo a reclamar tus derechos porque de pequeño nunca te enseñaron a valorarte como persona. De hecho, este comportamiento es común en las personas que piensan que todos son más importantes que ellos mismos.
En la base de este comportamiento también puede esconderse el complejo de mártir. En ese caso, el sacrificio en nombre del amor o el deber acarrea un sufrimiento que podrías evitar simplemente cambiando la dinámica de la relación.
El problema de aceptar menos de lo que mereces es que siempre habrá personas dispuestas a aprovecharse y alimentar una relación desbalanceada en la que terminas llevando la peor parte. En esos casos se crean relaciones de dependencia donde tú llevarás el peso y la responsabilidad, lo cual es agotador y desgastante.

¿Cómo evitar estas relaciones desbalanceadas?

No es necesario llevar una lista de los favores hechos y recibidos ni se trata de entablar únicamente relaciones de quid pro quo, la clave está en tu interior. Si te estimas lo suficiente y eres capaz de comprometerte, establecerás relaciones maduras a lo largo de tu vida con las cuales te sentirás lleno emocionalmente. 
La sensación de plenitud emocional comienza en el dar pero termina en el recibir. Y tan importante es un extremo como el otro. Una vez que lo interiorizas, podrás analizar tus relaciones desde esa perspectiva y aplicar los cambios que sean necesarios, aunque a veces signifique cortar los lazos que no te permiten crecer y solo perpetúan el sufrimiento o la sensación de vacío. La decisión es tuya.

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Oleh

Rincón de la psicología

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